Las “Teleclases”, ese repentino modelo educativo para profes y alumnos

Miles de alumnos y profesores han adoptado el sistema de educación a distancia, convirtiendo el hogar en la nueva escuela

Desde que se decretara el estado de alarma, miles de estudiantes y profesores de toda España han tenido que adaptarse a las circunstancias del aislamiento. La asistencia al colegio se ha suspendido, y todavía está en el aire si podrá volverse o no a clase este curso. Sin embargo, la educación, como asignatura troncal de la sociedad, no puede echar el freno, por lo que, ahora, y mientras dure el confinamiento, los hogares serán la nueva escuela. A falta de la decisión final, competencia del Consejo Escolar del Estado, también desconciertan los criterios de temario o evaluación que serán adoptados tanto para el restante curso como para el siguiente. Preocupa el cuánto, pero también el cómo.

La intranquilidad mantiene en vilo a familias y estudiantes, pues continúan, sin aclaración firme, varias cuestiones que les afectan: si se avanzará materia en el tercer trimestre, si, de lo contrario, se arrastrará temario para el próximo año, o, simplemente, si podrán o no pasar de curso. Aunque este jueves la ministra de Educación, Isabel Celáa, confirmó que descartaría la reanudación de las clases hasta que Sanidad diese luz verde, y que la promoción será la regla general, lo cierto es que la comunidad educativa continúa expectante ante los próximos movimientos de su entorno.

Entretanto, la situación, cuando menos anómala, ha obligado a profesorado y alumnado por igual a adoptar nuevos protocolos de aprendizaje y metodologías de trabajo. Los dos cambios más drásticos, según la propia comunidad educativa, han sido, por un lado, el fulminante desvanecimiento de la relación física tutor-alumno, y, por otro, la alteración del método tradicional, que se ha tornado en ser puramente digital. Con sus pros y sus contras. Esta última noción educativa, además, ha vuelto a sacar a la palestra el problema de la brecha digital en la que se ven sumidas muchas familias vulnerables, que ni siquiera tienen acceso a tener ordenador o a la banda ancha.

Los profesores entienden como obstáculo la pérdida de la relación presencial educador-alumno

Para tratar de corregir la incidencia, el Gobierno de Aragón puso a disposición de la población más de 500 ordenadores, tabletas y dispositivos tecnológicos varios. Sin embargo, desde la propia consejería de Educación han reconocido que, a pesar de todo, el contexto seguirá sujeto a dificultades, ya no solo por la complejidad que encierra la coordinación integral de metodologías o temarios, sino por el esfuerzo del que todos deberán echar mano para seguir adelante tantas semanas.

Pros y contras de las teleclases

Loli y Luis son profesores de Secundaria y Bachillerato. Ella de francés y lengua, y él de historia. Imparten desde hace algo más de un mes su clase a distancia, comunicándose con sus alumnos a través de una pantalla. Aunque ambos coinciden en la capacidad de adaptación inherente a su oficio, no dudan en confirmar que estas últimas semanas han sido especialmente “raras” e “intensas”. Todos deben afrontar un contexto anómalo que, en opinión de Luis, día a día “nos está poniendo más a prueba que nunca”.

Loli cree que el sistema de las teleclases tiene sus “ventajas e inconvenientes”. A pesar de la facilidad que otorga la propia tecnología para comunicarse, en poco más de cuatro semanas esta profesora ha detectado infinidad de obstáculos que terminan por complicar y alargar las jornadas de trabajo. Destaca, en concreto, las dificultades con que se están encontrando muchos profesores “de más edad” y que están “menos familiarizados con las tecnologías”. Es su caso, y reconoce que las primeras dos semanas fueron muy “agobiantes”, porque los sistemas telemáticos le resultaban “muy complejos”.

La situación ha vuelto a destapar la polémica de la brecha digital que padecen muchas familias sin acceso a tecnologías

También los propios alumnos se han visto en algún que otro aprieto, pues, en muchas ocasiones, cuenta Loli, “les cuesta pillar” todo lo referente a la metodología de los ejercicios, o la fórmula establecida para enviar los deberes. Ante esos teléfonos rotos, sumado a la corrección telemática “que es mucho más compleja”, el trabajo puede llegar a hacerse más pesado conforme pasan los días. Una visión que asimismo comparte Luis: “Estamos en fase de aterrizaje todavía, y el trabajo, al final, acaba inundándolo casi todo”.

Loli hace mención también, precisamente, a la complicación que tienen muchas familias a la hora de organizarse o distribuirse los horarios o las tareas. “No todo el mundo tiene varios ordenadores en casa y el teletrabajo de los niños puede solaparse con el de los padres, que también necesitan ese ordenador”, dice la docente. Sin embargo, el verdadero problema radica en aquellos alumnos cuyas familias ni siquiera cuentan con la posibilidad de tener uno. En cualquier caso, tanto Loli como Luis quieren reconocer públicamente todo el esfuerzo y la energía invertida por parte del alumnado y profesorado estos días. “Solo estoy viendo casos de profesionalidad y entrega”, cuenta Luis. “Son momentos en los que todos debemos dejarnos la piel para sacar esto adelante”, concluye Loli.

“Nunca va a ser lo mismo que impartir la asignatura en el colegio”

Aunque la comunidad educativa en su conjunto esté haciendo todo lo posible por mantener una cierta normalidad en el sistema, la mayoría lamenta que, en realidad, “nunca va a ser lo mismo”. Loli ya era consciente de ello, pero, ahora, enrolada como todos en esta suerte de confusa nebulosa docente, ha ratificado con mayor certeza sus sensaciones: “La relación personal y presencial entre alumno-profesor es fundamental para el aprendizaje, y es algo que, mal que nos pese, se ha visto interrumpido”.

Marta y Raúl, dos hermanos estudiantes de Bachillerato, lo echan en falta, aunque, en general, dicen, se encuentran “a gusto” trabajando con el sistema de teleclases. Raúl valora con agradecimiento que la mayor parte de los tutores estén “pendientes de todo, a cualquier hora”. Marta destaca especialmente las clases virtuales que sí se están llevando a cabo “en alguna asignatura donde es imprescindible la expresión oral, como física o matemáticas”. Además, esta alumna quiere reconocer la labor de los profesores, pues, “la mayoría”, asegura, “se ajustan a los ritmos de trabajo y preparan muy bien las tareas”. Sin embargo, también cree que la situación de incertidumbre generalizada también está propiciando que otros docentes se estén sobrepasando a la hora de mandar deberes. Es una opinión que Marina asimismo comparte, matizando: “Deben comprender que no solo debemos sacar adelante su asignatura”.

Pablo, algo menos crítico, reconoce estar llevando “bastante bien” la situación. Además, este alumno de 1º de la E.S.O explica que, de tener dudas sobre algo, “me comunico por WhatsApp con los compañeros y nos ayudamos a resolverlas”. También emplea esta técnica con sus profesores del colegio, que han habilitado una aplicación llamada Classroom y que, a pesar del trance, está allanándoles el camino del estudio y la comprensión de temarios.

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