Dr. José Carlos Fuertes Rocañín / Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes

Covid-19 y salud mental

José Carlos Fuertes Rocañín

Las consecuencias sobre la salud mental de esta pandemia son desconocidas, aunque tenemos un precedente reciente que nos puede dar una idea bastante certera de lo que nos espera.

Ese precedente es la epidemia del SARS (otro coronavirus), que obligó a que más de 15.000 vecinos de la ciudad de Toronto, muchos de ellos profesionales médicos, tuviesen que pasar una larga cuarentena en sus casas, sin salir a la calle ni recibir visitas durante al menos 15 días. El resultado de este aislamiento, según datos del General Hospital Research Institute, fue que, tras la cuarentena, un 28,9% presentaban síntomas de estrés postraumático, y un 31,2%, de depresión.

Los problemas psicológicos de una cuarentena como la que estamos sufriendo serán, esencialmente y siguiendo la experiencia de Canadá, de dos tipos: la ansiedad-angustia y la depresión. Si la situación de confinamiento se prolonga más tiempo, que es el camino que llevamos, aparecerá con mucha probabilidad el llamado estrés postraumático.

Todos estos trastornos se incrementarán, probablemente, cuando la cuarentena dure más de 14 días, y, sobre todo, si la persona aislada conoce a alguien que ha enfermado del virus o si tiene problemas económicos serios y necesite trabajar con urgencia para cumplir sus deudas.

De todas estas alteraciones es el Trastorno por Estrés Postraumático la alteración más severa y que es la que aparece, por ejemplo, en situaciones de guerra o grandes catástrofes, agresiones muy graves entre otras.

Esta enfermedad consiste en una serie de síntomas como: la inquietud, el malestar general, irritabilidad, disforias (cambios de ánimo), “evitación” de los estímulos o situaciones asociados con el evento traumático, reviviscencia del trauma, hiperexcitación, e incremento de la vigilancia.

Para evitar las complicaciones psíquicas es muy importante que el ciudadano tenga una información veraz, rigurosa y comprensible de lo que está ocurriendo y que esos datos vengan siempre de fuentes fiables y contrastadas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que no todo el mundo va a sufrir secuelas psíquicas de la misma forma ni de la misma intensidad. Algunas personas pueden experimentar los síntomas psíquicos muy pronto, otros lo harán más tarde, y, algunos, a penas sí tendrán síntomas psicopatológicos.

Además, y a efectos de la aparición de problemas psiquiátricos es relevante distinguir entre un aislamiento autoimpuesto y lo que es una cuarentena estricta y medicamente hablando.

Los seres humanos somos “animales sociales” y gran parte de nuestro desarrollo saludable depende de la interacción con otros seres humanos. Por eso, las redes sociales y las videoconferencias pueden paliar de alguna manera los síntomas derivados del aislamiento, aunque según como se utilicen, pueden ser, al contrario, una fuente negativa si lo que se dice en ellos son bulos, mentiras, suposiciones personales sin base ni rigor. También la información es muy negativa si consiste en repetir datos sobre fallecidos, mandar imágenes muy dolorosas e impactantes, o recurrir a noticias morbosas sobre el tema como medio de captar audiencias y no de informar.

La prioridad sanitaria cuando escribo este artículo es (día 22 de marzo), esencialmente, salvar la vida de la población y coherentemente todos los esfuerzos están orientados a ello. Durante este periodo de lucha intensa por la supervivencia, se produce en el ser humano la llamada clásicamente “reacción general de adaptación”, en la que se produce un incremento del cortisol (hormona del estrés) que anula/bloquea gran parte de las emociones, y por lo tanto parte de los síntomas psíquicos están amortiguados.

La afectación psíquica mayor se producirá presumiblemente cuando, con el paso de los días y la permanencia en una situación de aislamiento, vayamos siendo cada vez más “conscientes” de la situación real y del cambio vital que vamos a sufrir. Parejo a todo ello veremos como las emociones iniciales de cierta euforia y de suficiencia, sean sustituidas por otras más realistas en las que predomine la tristeza y el desánimo.

Para que la afectación psíquica sea lo menor posible es muy importante el que la información que exista además de veraz no sea excesiva, evitando asimismo usar términos bélicos y aquellas informaciones que insistan en la idea de que las autoridades sanitarias tienen un desconocimiento de lo que está pasando y de las medidas que se pueden emplear.

La mayoría de las personas ya están suficientemente aterrorizadas y lo que necesitan no son más emociones negativas, sino aumentar la capacidad de pensar racionalmente. Como dice Sandro Galea (Boston): “Los efectos en la salud mental del Covid-19 pueden verse a lo largo de los años, mucho después de que los eventos que los precipitaron hayan pasado”.

Como recomendaciones preventivas para mantener una buena salud mental en los tiempos de encierro me permito insistir en lo siguiente: mantener un nivel alto de actividad mental, desarrollar una rutina que nos mantenga ocupados y hacer esas actividades para las que nunca teníamos tiempo, y, sobre todo, no permanecer demasiado tiempo pegado a la televisión siguiendo las noticias relativas a esta pandemia, que nos ha cogido con el pie cambiado y creyendo que los seres humanos éramos tan poderosos que, esto que estamos viendo y sufriendo, solo pasaba en las películas. Todo pasa, y este dislate también lo hará.

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