Dinópolis desvela enigmas paleontológicos para animar el confinamiento

Portadas de las publicaciones de Fundación Dinópolis

Para contribuir a sobrellevar la permanencia en el domicilio durante el estado de alarma, la Fundación Dinópolis ofrece en libre acceso las cinco publicaciones más recientes de su serie ¡Fundamental!, que descifran algunos enigmas paleontológicos. Las publicaciones, abiertas de forma online, desvelan grandes misterios paleontológicos para todas las edades. Se pueden descargar en la página web de Fundación Dinópolis y en el Ministerio de Sanidad.

La primera publicación busca responder a ¿por qué Megalodón, que es un pez, llegó a alcanzar un tamaño mayor que el Tiranosaurio? Tiburones gigantes de la familia de los otodóntidos poblaron los océanos durante unos 60 millones de años hasta su extinción; entre ellos se encuentra el popular Megalodón, que llegó a alcanzar 16 m de longitud. Las causas de su gigantismo no eran bien entendidas hasta el momento, pues se relacionaban con factores climáticos. Sin embargo, esta investigación presenta cómo el gigantismo de Megalodón estaría relacionado con su endotermia (capacidad de regulación para mantener la temperatura del cuerpo constante e independiente de la temperatura ambiental).

La segunda publicación presentará a un dinosaurio “alucinante”. Hace unos 500 millones de años vivieron unos pequeñísimos animales de cuerpo blando en lo que actualmente es Canadá. Sus sorprendentes fósiles son tan singulares que se les dio el nombre de Hallucigenia (alucinación) y durante decenios motivaron diversas controversias científicas acerca de su clasificación. Sin embargo, unos investigadores identificaron recientemente que tenían garras y mandíbulas cubiertas por un solapamiento de escamas mineralizadas, así mismo determinaron que su cuerpo estaba segmentado. Ello les ha permitido señalar el grupo ancestral al que pertenecieron y establecer sus relaciones de parentesco con uno de los grupos de animales actuales más diverso, el de los artrópodos.

Otra publicación, de estudio innovador, cuyos protagonistas son las ranas de Libros (Teruel), explica la fosilización excepcional de tejidos blandos. En la investigación se identifican gránulos de melanina fósil (llamados melanosomas) que forman parte del tejido blando de los organismos y que, sin embargo, se han conservado excepcionalmente en algunas ocasiones. La caracterización de estos melanosomas en fósiles constituye un recurso muy importante para determinar el color y su función en los animales extintos. El trabajo se centra en un área emergente de la paleontología, la tafonomía molecular, que se apoya en diferentes técnicas (microscopía electrónica, cromatografía de gases y análisis geoquímicos) para caracterizar no sólo los procesos de fosilización de tejidos blandos, sino también para reinterpretar unas estructuras microscópicas de las ranas fósiles, que ahora se describen como elementos de la propia piel del animal.

¿Cómo eran los corales que vivieron hace cientos de millones de años? En esta publicación se integran distintas técnicas paleontológicas para el estudio de unos fósiles especialmente difíciles de analizar, como son los corales tabulados de una antigüedad de unos 310 millones de años. Cabe destacar el carácter innovador de este estudio en la identificación de estructuras biogénicas primarias de corales del Paleozoico y en la ampliación del potencial de este grupo para su aplicación a estudios geológicos, así como para proponer implicaciones paleoambientales y paleobiológicas. Este trabajo, realizado con fósiles de la Cordillera Cantábrica, constituye un referente para estudios posteriores acerca de estructuras biogénicas primarias.

Por último, se descubrirá a un extraño mamífero que convivió con los dinosaurios. Hace 125 millones de años vivió un inusual mamífero que fosilizó de manera excepcional en un yacimiento de Cuenca. Su extraordinario estado de conservación ha permitido analizar no sólo su anatomía esquelética, sino también aspectos poco conocidos, como el pabellón auricular o diversas estructuras de la piel y de los órganos internos. El animal, que mediría unos 15 cm y pesaría unos 60 gramos en vida, se ha clasificado como perteneciente a un nuevo género y a una nueva especie, Spinolestes xenarthrosus, nombre que hace referencia a su pelaje espinoso y al especial modo de articulación de sus vértebras dorsales, similar al de los desdentados modernos.

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