Vicente Calatayud Maldonado / Catedrático Emérito. UNIZAR

Mentir

Vicente Calatayud

Cuando alguien sabe, cree o sospecha que es falso, todo o parte de lo que formula, miente, está engañando. Mentir implica falsear consciente e intencionadamente hechos, programas o proyectos. Otra forma de engañar es hacerse pasar por lo que no es o presumir de lo que no sabe, con la finalidad de obtener beneficios personales directamente o través del partido político.

La ética y la filosofía no se ponen de acuerdo sobre si ocasionalmente se puede permitir una mentira. La mayoría se posicionan en contra.

La tranquila situación de jubilado, el encierro casero por el coronado virus y la facilidad de revisar, a través de las nuevas tecnologías, obras de autores clásicos, que antaño estudié.

Algunos actuales que he ojeado, me ha permitido recordar y actualizar conocimientos sobre los que en este momento son políticamente, social, higiénicamente y culturalmente promocionados: engaño y mentira.

“Nihil novum sub sole”. Un embustero es una persona que tiene tendencia a decir, escribir, editar y promocionar falsedades como norma habitual, con o sin beneficio económico. Por placer.

Platón en su “mentira noble” aconseja mentir. Aristóteles, y San Agustín decían que nunca se debía permitir, concibiendo una clasificación de las mismas.

En estos momentos estamos viviendo una paradoja común, que abraza a todos y cada uno de los responsables gubernamentales de nuestro destino social, económico y sanitario en forma de ¿pandemia? Para esta paradoja, falsear los hechos, ha sido la forma de intensificar un conflicto, en vez de atenuarlo.

Sobrecoge la frecuencia de algunas variantes de esta moderna paradoja. Al afirmar ser portadores de la verdad, emerge la contradicción que los delata pues desprecian la lógica y el sentido común. La posmentira, y la posverdad, definen claramente, la forma paradójica de actuar de una coalición, que manipula falsas verdades.

La última (19.3.20) verborreica e insultante comparecencia de un vicepresidente del gobierno, sobre el coronavirus, carente de la obligada educación y cortesía, pero llena de una “deshormonada” paridad, me ha recordado las lecciones del profesor Agustín Serrate, eminente psiquiatra de nuestra facultad. Por dos razones; una, por los términos que usaba para calificar el comportamiento de los mentirosos compulsivos habituales: mitomanía, mentira patológica o pseudología fantástica, y otra por su definición del trastorno histriónico de la personalidad (THP): “Trastorno de la personalidad caracterizado por excesiva búsqueda de protagonismo, que suele comenzar en la edad temprana adulta, ocultando un comportamiento seductor inapropiado y una excesiva necesidad de reconocimientos”.

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