Lucía Tomás: “De aquí van a salir cosas buenas. Posiblemente nos hagamos más humanos”

Lucía Tomás es presidenta del Colegio Profesional de Psicología de Aragón

El humano es un ser social por naturaleza. Necesita del contacto con el exterior para poder –precisamente- “ser”. Existir. También es genómicamente demandante de libertad. Un derecho fundamental que, de manera imperativa, está viéndose en cierto sentido coartado por la crisis del Covid-19. A nivel psicológico, quizá la medida más drástica de todas vaya a ser el aislamiento domiciliario impuesto a todos. Pronto los efectos del #QuédateEnCasa empezarán a hacer mella en el fuero más interno y será entonces cuando la gestión emocional será determinante. El Colegio Profesional de Psicología de Aragón es consciente de ello y se ha puesto a disposición del Departamento de Sanidad para echar a todos “una mano”.

Su presidenta, Lucía Tomás, asegura que durante y después del encerramiento en casa se desatará entre la población -casi de un modo inevitable- un “malestar psicológico importante” que deberá aprenderse a manejar desde dentro, poco a poco y día a día. La clave es que cada persona trate de provocarse una implosión anímica de mensajes positivos vinculados al sentido común, para tratar de evitar, entre otras cuestiones, la reciente psicosis del papel higiénico. Lucía Tomás accede a hablar con Aragón Digital sobre las primeras consecuencias psicológicas del coronavirus, ofreciendo, asimismo, una serie de recomendaciones para sobrellevar la dureza de las próximas semanas. Además, recuerda a los lectores que los miles de colegiados aragoneses “estarán ahí” para ayudar a la población, de manera altruista, en todo lo que sea necesario. La labor de los psicólogos no es sino un signo más de la solidaridad que, más pronto que tarde, se adueñará de toda la humanidad….

Pregunta.- Presidenta, se ha sucedido lo inimaginable. Una crisis sanitaria que va camino de convertirse en económica y social. ¿Está el coronavirus tambaleándolo todo?
Respuesta.- Bueno, todos estamos sumidos en un estado de adaptación psicológica, porque nadie estábamos preparados para esto. Asistimos a una combinación de sensaciones. Entre ellas, miedo e incertidumbre. Hay personas que maximizan el miedo y otras que lo minimizan y no prestan demasiada atención a las pautas. Ningún extremo es bueno. Hay que tener el suficiente miedo para ser prudente y tener en cuenta todas las recomendaciones de las autoridades, pero sin que nos termine paralizando o volviendo paranoicos.

Los profesionales de la psicología de Aragón se ponen a disposición de la ciudadanía para ayudar a gestionar el proceso psicológico derivado del aislamiento domiciliario

P.- ¿Y cómo definir ese límite entre la responsabilidad y la psicosis? Esas compras compulsivas en supermercados…
R.- Es complicado, pero yo creo que tenemos que fiarnos de las personas que nos están liderando. Si nos dicen que no van a faltar alimentos, debemos ser responsables para con los demás y pensar en no dejar desabastecido al de al lado. Es conveniente sensibilizar en este sentido y no caer en esa dinámica de, por ejemplo, quitar al resto el papel higiénico, como está ocurriendo.

P.- El fenómeno del papel higiénico sigue sorprendiendo ¿Tiene alguna explicación sociológica?
R.- Es una cuestión de asociación al control y a la higiene en nuestra vida. Desde pequeños, ese control del esfínter lo entendemos como una fórmula para aprender a controlar el propio cuerpo. Entonces, en este sentido, de forma inconsciente, asociamos el papel higiénico a “no perder el control”. Tengo una amiga en Suecia que también está viviendo una situación parecida a la nuestra estos días, aunque todavía no les han confinado en casa. Me dice que la gente allí también está comprando como loca, sobre todo, papel higiénico, llegándose incluso a meter en peleas por él, por coger el último rollo. Por tanto, es un fenómeno universal…

P.- Curiosa la lógica humana….
R.- Sí. Control, higiene… y a ello puede sumarse también esa necesidad humana de “tenerlo todo”, aunque, en realidad, no vayamos a emplearlo. Parece que si nos restan esa autonomía nos entra el agobio de que nos quitan algo propio. De que nos quitan la libertad.

P.- Desde que se decretara el estado de alarma, gran parte de la población asume ya ese aislamiento domiciliario ¿Nos enfrentamos a un choque psicológico?
R.- Desde luego… y está siendo especialmente difícil para familias con niños pequeños. Tenerlos tantos días en casa, es duro tanto para los pequeños como para los padres. Es incluso más complejo que para las personas mayores, aunque ellas también están sufriendo por esa limitación de las visitas. Otro punto a analizar es que el hecho de convivir durante todo el día en casa puede también motivar conflictos. Es duro, pero debemos trabajar por evitarlos. Hay que poner de nuestra parte para que en estas semanas aflore lo mejor y no lo peor de nosotros. Facilitar las relaciones y controlar la irritación. Para relajarnos y distraernos podemos echar mano de un sinfín de actividades. El confinamiento en sí es complejo, porque se nos está restando esa libertad de movimiento. Llevamos apenas unos días, pero esto se puede alargar bastante…

La reciente “psicosis del papel higiénico” podría estar asociada con el control sobre la higiene y la vida de cada individuo

P.- Y para no caer en la apatía y no dejarnos imbuir por la angustia ¿qué recomendaciones da?
R.- Va todo un poco unido. Lo intangible y lo tangible. Eso sí, es fundamental tratar de aplicar el sentido común. Debe evitarse a toda costa la sobresaturación informativa, porque, al final, nos genera más angustia. También, centrarnos en el aquí y el ahora. Es difícil, pero debemos intentar que nuestra cabeza no genere esos pensamientos catastróficos –a veces automáticos-. No imbuirnos en la negatividad del “cuánto va a durar esto” o el “me va a faltar comida”. Es importante imponernos auto instrucciones. Esto es: intentar mandarnos a nosotros mismos mensajes de tranquilidad, superando el día a día. Marcarse una rutina para paliar esa monotonía en casa. En esa línea, resultan positivas las campañas surgidas estos días de, por ejemplo, plantearse actividades distintas a realizar, como sesiones de ejercicios. Hay asociaciones y empresas que se están volcando para abrir su contenido online a todo el mundo: bibliotecas, músicos y un largo etcétera. Hay un sinfín de posibilidades y de materiales para ello, por lo que hay que darle las gracias a todas esas entidades por esa solidaridad.

P.- Aun así, hay colectivos con una potencial vulnerabilidad psicológica. Entre ellos, personas que están a punto de perder su empleo o las mujeres víctimas de violencia.
R.- Es innegable que el confinamiento o aislamiento resultará algo más sencillo para aquellas personas que presenten condiciones, digamos, más ideales para ello (saber que seguirá entrando en casa un sueldo o que, simplemente, se tiene un hogar). En cuanto al tema del trabajo, yo creo que gobierno está haciendo lo que puede, pero, por supuesto, no va a poder cubrirlo todo. Las secuelas económicas van a ser duras para muchas personas. Especialmente arriesgado va a ser el caso de las mujeres víctimas de violencia de género, pero, afortunadamente, el Instituto Aragonés de la Mujer (IAM) está ofreciendo todo el apoyo posible para ellas. Para “estar ahí”.

P.- “Estar ahí”. Quizá sea el lema en estos tiempos. ¿Cree que va a salir algo bueno de todo esto? ¿Adoptaremos sentimiento de colectividad, de solidaridad? ¿Conseguiremos hacernos más humanos?
R.- De hecho, sería la mejor lectura de todo esto. Tiempo vamos a tener para reflexionar y valorar lo que tenemos. Últimamente nos hemos metido en un ritmo de vida frenético, individualista, quizá, sí, algo deshumanizada. Esta situación nos está imponiendo una mayor convivencia. Una mayor convivencia. Una mayor cercanía. Un mayor conocimiento del que tenemos al lado. De aquí van a salir cosas buenas. Ya lo estamos viendo, en realidad. Hay cada vez más voluntarios que se ofrecen a ayudar o a hacer recados a aquellos que no pueden. Nos vamos a hacer más fuertes.

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