El desmantelamiento de la Térmica tendrá al menos un 30% de trabajadores de las subcontratas

Excluirá los proyectos que no cuenten con este requisito

Endesa deberá garantizar en el desmantelamiento de su central térmica en Andorra que al menos el 30% de los empleos vayan a parar a trabajadores de las subcontratas. El vicepresidente y consejero de Industria, Arturo Aliaga, así lo ha confirmado ante el Pleno de las Cortes después de mantener conversaciones con la empresa, que “excluirá” a los proyectos que no cuenten con este requisito.

Además, Aliaga ha explicado que si el ratio de estos trabajadores procedentes de las subcontratas alcanza el 80%, la empresa podrá disfrutar de primas económicas para recibir más dinero por el desmantelamiento. Junto a esta medida, el consejero ha desgranado también otros puntos que durante estos días centrarán el debate para el convenio de la transición justa de Andorra con la presencia de técnicos del Ministerio.

Asuntos que pasan por la gestión del caudal de agua que la central utilizaba y que tras el cierre de las instalaciones recaerá en la Confederación Hidrográfica del Ebro. En este punto, Aliaga ha recordado que las conversaciones se centran en “qué parte de ese caudal y cómo se va a utilizar por los regantes”, con dos bombeos y una tubería de 18 kilómetros que “cuesta un mantenimiento”.

También está sobre la mesa el futuro de la línea de ferrocarril utilizada para transportar el carbón hasta la central, sobre la que Aliaga ha realzado sus contactos con Adif al respecto. Más de 20 kilómetros de vía en los que la “cuestión clave” para el consejero será, en todo caso, ser conocer qué flujo puede tener esa vía para garantizar su mantenimiento.

Aliaga ha destacado otros aspectos que el borrador del convenio para Andorra incluye entre sus 34 puntos, algunos de ellos todavía “confidenciales”, como la planificación de la línea eléctrica entre Mezquita de Jarque y Platea, en Teruel, para permitir “la evacuación de los más de 900 megavatios de energía renovable que están danzando por el territorio”.

Con todo, Aliaga ha pedido “un poco de tiempo” para poder enfrentar todos los retos que el cierre de la central térmica ha dejado en Andorra. “Los planes de reconversión no se pueden resolver en diez meses”, ha lamentado el consejero, poniendo como ejemplo otros procesos de descarbonización del pasado, como el cierre de la central de Escucha, en el que “la primera oleada de empresas fracasó”.

Reconvertir la central en un museo sería “una temeridad”

Sobre el futuro de la central térmica de Andorra una vez cesada su actividad, Arturo Aliaga ha calificado como “una temeridad” las propuestas llegadas desde diferentes sectores en las últimas semanas sobre su posible reconversión en un museo. “Dentro de diez años, ¿quién repara la chimenea si hay una grieta?¿Quién visita la chimenea si hay que llevar condiciones de protección especial?”, se ha preguntado el vicepresidente y consejero, recordando que se trata de una “compleja instalación industrial”.

“Si nos pasan un activo de esta envergadura de riesgos, a ver quién se encarga luego de mantenerlo y organizar visitas en este tipo de instalaciones”, ha explicado Aliaga, recordando que la opción de convertir la central en un museo ya se valoró y descartó en el pasado, por lo que volver a traer este debate en la actualidad sería “vender motos”.

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