La malaria, un enemigo más del quebrantahuesos

En la Comunidad han muerto ya cinco ejemplares por la malaria aviar

Un estudio sobre los efectos del cambio climático en la población del quebrantahuesos en el Pirineo central ha sacado a la luz un relevante hallazgo: la presencia de parásitos causantes de malaria aviar en esta zona. Y esto lo están causando las altas temperaturas a causa del cambio climático que favorecen que los mosquitos habituales de estas zonas se reproduzcan más fomentando la potencial trasmisión de esta enfermedad.

La malaria aviar está reconocida como una de las enfermedades más graves para las aves. Además, se vuelve aún más peligrosa al tener en cuenta que afecta a esta especie catalogada en peligro de extinción en toda la Unión Europea. Ya son cinco aves las que han muerto en el Pirineo aragonés por esta causa y hay tres que actualmente transportan anticuerpos en su sangre. En la Comunidad, a día de hoy, hay once parejas reproductoras de quebrantahuesos aunque no todas ellas dan huevos. De cada diez intentos solo seis salen adelante, quedando los otros cuatro en fracaso, por ello que esta enfermedad les afecte se convierte en una grave amenaza más.

En una primera fase del proyecto, los científicos demostraron la presencia de insectos vectores transmisores en las zonas del Pirineo aragonés donde antes no eran habituales. Ahora, con este estudio, se confirma la presencia del parásito causante de la malaria aviar en los insectos capturados en los territorios y época de reproducción del quebrantahuesos, evidenciando así el riesgo de exposición a la enfermedad de pollos y adultos de esta especie catalogada en peligro de extinción en toda la Unión Europea.

La enfermedad afecta fundamentalmente a los pollos recién nacidos

Estos resultados han sido obtenidos en el marco de un proyecto realizado por un equipo integrado por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) y la Fundación Iberdrola, en colaboración con el Gobierno de Aragón, la Universidad de Zaragoza y la Universidad de Castilla-La Mancha.

El director general de Medio Natural y Gestión Forestal, Diego Bayona,  asegura que “estos estudios sobre biodiversidad deben cobrar importancia para conocer la evolución y los efectos que va a generar el cambio climático en nuestras especies autóctonas, sobre todo, en las que corren riesgo de extinción”. Por tu parte, la directora general de Cambio Climático y Educación Ambiental, Marta de Santos, apunta que “la naturaleza ya está adaptándose al cambio climático que supone desajustes a nivel mundial, por ello, la sociedad y las administraciones públicas debemos trabajar juntos y de forma urgente en la adaptación y la mitigación a esta nueva realidad”.

El presidente de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, Gerardo Báguena, explica que “el clima frío de un tiempo atrás, ligado a la altitud y el ecosistema de montaña en el que el quebrantahuesos se reproduce parece que venían limitando la presencia y actividad de estos vectores en las áreas de nidificación y, por tanto, la potencial transmisión de la enfermedad, en especial a los pollos”. Sin embargo, apunta, “el aumento de las temperaturas ligado al cambio climático ha cambiado las reglas del juego”.

La malaria aviar ha sido recientemente reconocida como una enfermedad más grave y peligrosa para las aves de lo que habitualmente se pensaba

Los investigadores analizaron más de 800 mosquitos, moscas negras y jejenes capturados en 116 noches de trampeo. De los 150 muestreos analizados, 31 (20,6 %) contenían hemoparásitos del género Plasmodium. Las secuencias obtenidas identifican, en más del 70% de las muestras, Plasmodium relictum, la especie habitualmente causante de la malaria aviar.

De manera adicional, los estudios genéticos han identificado Plasmodium vaughani, mientras que en varios casos no se ha podido determinar con exactitud la especie de Plasmodium. Los parásitos se han detectado en insectos procedentes de todos los territorios de cría de quebrantahuesos, a excepción de dos.

Si hay mosquitos, hay malaria

El parásito se detectó en múltiples especies de insectos vectores capturados en la Sierra de Guara y el Pirineo aragonés pertenecientes a tres familias diferentes: las conocidas como moscas negras, los jejenes y los mosquitos, incluidas varias especies del género Culex, cuya fuente preferida de alimentación son las aves. Mientras la presencia y el tamaño de las poblaciones de los vectores se ven afectados, según los datos obtenidos, por la altitud y las condiciones climáticas, el parásito aparentemente tan sólo se ve restringido por la presencia de sus vectores.

En la Comunidad, a día de hoy, hay once parejas reproductoras de quebrantahuesos aunque no todas ellas dan huevos

La investigadora del CSIC, Úrsula Hoffel, lo ha dejado claro: “esto significa que si hay insectos que se alimentan de la sangre de las aves, también se pone en circulación el parásito Plasmodium relictum”.

La malaria aviar, implicada en el descenso de poblaciones de aves

La malaria aviar ha sido recientemente reconocida como una enfermedad más grave y peligrosa para las aves de lo que habitualmente se pensaba. Este parásito ha sido el causante de disminuciones dramáticas de poblaciones de especies tan abundantes y comunes como el gorrión común. Al igual que la malaria humana, la enfermedad es transmitida cuando un vector competente inyecta el parásito al hospedador desde sus glándulas salivares al alimentarse de su sangre.

Históricamente, su expansión a regiones nuevas, como en su día las islas de Hawaii o Nueva Zelanda, ha tenido efectos devastadores para las poblaciones endémicas, que no habían tenido contacto previo con esta enfermedad. Ahora, sin embargo, se detecta un impacto severo del parásito también en especies que han convivido con él durante mucho tiempo. Se piensa por ejemplo que está implicada en la pérdida del 75% de los gorriones de la ciudad de Londres en Reino Unido.

Finalmente, aunque hasta el momento los hallazgos no han permitido encontrar en este estudio el parásito, muchos de los vectores capturados son también los que transmiten la fiebre del Nilo, enfermedad que ha producido descensos notables en las poblaciones de aves endémicas en los Estados Unidos y que también circula en Europa.

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