Arturo-José González Ascaso / Consultor y fotógrafo

Símbolo de un pueblo

Arturo José González

Desde el principio fue el Verbo y, desde el principio del Siglo IV fue Santa Engracia, y sus compañeros.

En años terribles de persecuciones contra los cristianos, ordenadas por Valeriano, por Diocleciano, Caesaraugusta entera se convierte en altar de Mártires, cuyo único delito fue pensar, sentir, creer diferente.

La custodia de sus restos deviene en recinto sagrado donde orar ante ellos y, con el paso del tiempo, en la fantástica Cripta que hoy podemos admirar y en la Basílica que los alberga.

Su culto se convirtió tan importante para el pueblo que la Santa fue proclamada Patrona de Zaragoza en el año 1480. Los Reyes de Aragón (Juan II y Fernando el Católico) promovieron la construcción de un Monasterio plateresco de enorme admiración. Conservamos unos cuantos grabados en los que admirar su desaparecido claustro. Algunos de ellos, de antes del desastre pues los últimos de esta colección histórica son tristes y desgarradores, aquéllos realizados por los reporteros gráficos de Los Sitios de Zaragoza, Gálvez y Brambila, testimoniando la destrucción de la ciudad en general y, en particular, la del Real Monasterio de Santa Engracia.

Y es que, aquella enorme y hermosa mole (dicho con respeto, cariño y admiración) del Monasterio jerónimo se interponía en el camino del ejército francés en los inicios del Siglo XIX, cuando aquella Grande Armée napoleónica quiso escarmentar a una ciudad que se había revelado contra la tiranía, la imposición y la opresión de las armas francesas.

Duros esfuerzos les costó, día tras día, ataque tras ataque, bombardeo tras bombardeo, causar las brechas necesarias en aquellos venerables muros para invadir el interior. Famoso cuadro del general barón Louis-François Lejeune, donde podemos admirar, con lágrimas en los ojos, la escena de la contienda en el interior del hermoso claustro en el que también podemos ver alegóricamente, destacando en su blancura, la Piedad de Notre-Dame, salvada milagrosamente por la Providencia, en el reciente y pavoroso incendio de la Catedral parisina.

Un hermoso claustro que voló en mil pedazos cuando los franceses levantaron el Primer Sitio, en agosto de 1808, en una retirada táctica tras la derrota francesa en Bailén. Pero, sabían que iban a regresar, esto no podía quedar así, y para no tener que batallar de nuevo tanto, redujeron a escombros parte de la fábrica para facilitar la nueva invasión. Y, así fue.

Tras la liberación de la ciudad de la ocupación francesa, el 9 de julio de 1813, entre los muchos deberes pendientes, había uno en el corazón del Pueblo: Santa Engracia. Había que rescatar y levantar aquel símbolo histórico. Había surgido por la resistencia de una mujer a la opresión romana; había caído por la resistencia de un Pueblo a la opresión napoleónica. Pero, las alas de la Libertad, por fin, llegaron a Zaragoza. Y la Cripta de Santa Engracia, el 7 de julio de 1819, volvió a resurgir.

Como parte de los actos organizados por la Parroquia de Santa Engracia para celebrar los 200 años de aquel acontecimiento, se ha organizado una exposición artística sobre Santa Engracia con obras de María Luisa Rubio Orús y de quien esto suscribe, en la segunda planta del Centro Joaquín Roncal de la Fundación CAI (San Braulio 5-7 de Zaragoza). Estará abierta hasta el día 29 de febrero.

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