La buena praxis de impulsar un comercio más inclusivo y tolerante

El Código de Buenas Prácticas pretende allanar el terreno a las personas migrantes a la hora de acceder a productos o servicios

A lo largo de la historia, ha tratado de ser contenida. Sin embargo, desde el principio de los tiempos, no ha sido sino parte de la configuración del genoma de la sociedad. La multiculturalidad es un fenómeno intrínseco a la humanidad y se reviste de convivencia, solidaridad y tolerancia. Hoy, Zaragoza busca posicionarse como principal adalid de esos conceptos para abanderarlos dentro una actividad que mucho tiene de concordia y entendimiento: el comercio.

La Unión de Comerciantes de Aragón (UCA) inició hace dos años una iniciativa en defensa de esa multiculturalidad, tras detectar las dificultades que las personas migrantes llegaban a encontrarse a la hora de acceder a bienes y servicios en la ciudad. Barreras de carácter múltiple que, en definitiva, pueden entorpecer su completa autonomía. Para mitigar situaciones complejas y romper toda barrera sociocultural, la UCA decidió promover entre los distintos actores de la esfera comercial de Zaragoza el llamado “Código de Buenas Prácticas”.

Se trata de un códice multidisciplinar creado ex profeso para los comercios de la ciudad en el que se detallan diez puntos clave o recomendaciones a seguir con un claro objetivo: impulsar la inclusión social, al mismo tiempo en que se favorece la integración de personas migrantes dentro de la dimensión del consumo local. Una herramienta, en definitiva, para favorecer y mejorar la interculturalidad, fomentando la cultura de la prevención en materia de discriminación e igualdad, y estimulando una correcta gestión de la diversidad dentro del colectivo empresarial y comercial.

Se contempla la opción de instalar traductores simultáneos en los comercios para romper la barrera del idioma

Un nuevo paradigma intercultural de consumo

Idioma, moneda, jurisprudencia, hábitos, creencias, mercancía en sí. Son multitud los obstáculos que pueden interponerse entre una persona extranjera y el disfrute de un servicio o producto concreto. Es una transacción que podría suponer el desencadenante de una situación de inconformidad e incluso escalar tensiones hasta originarse desentendimientos. El Código de Buenas Prácticas fue concebido como eslabón cohesionador clave para construir un nuevo paradigma en los actos del consumo de la ciudad. Actos en los que empiecen a tenerse en cuenta de manera proactiva las realidades sociales actuales. Esto es, inculcar en el empresariado –y por extensión, a los vecinos de la ciudad- una cultura de compromiso basada en las leyes de la inclusión, la fluidez intercultural, el entendimiento y la convivencia.

Independientemente al Código, también surgió en Zaragoza el “Manual Antirrumores” como proyecto solidario. Un documento elaborado conjuntamente por SOS Racismo Aragón, Fundación Federico Ozanam, La Casa de las Culturas y el Ayuntamiento de Zaragoza, que nació ante la necesidad de reforzar la tolerancia entre la población. Máxime, en un tiempo en que la ofensiva del odio y la intransigencia se enquistan en la sociedad.

Conscientes de que la rumorología y el rechazo vertidos sobre la inmigración “deteriora la convivencia”, el Código llega ahora para blindar aquellos originarios mensajes antirrumores que trataban de reconducir la distorsión a la que se acogía –y acoge- la percepción colectiva. Nuevos imputs, en definitiva, para decodificar y desmentir, entre otras cuestiones, que la población migrante “viene a invadir, a robar el trabajo, a adquirir los privilegios de la nacionalidad española”, o, simplemente, para aclarar que es incierto que los extranjeros que regentan un comercio no pagan impuestos. Con todo ello, ya sea mediante el Manual o el Código de Buenas Prácticas, Zaragoza quiere inculcar a sus conciudadanos que es tarea de todos erigir una sociedad rica en diversidad por lo inmensurable de sus beneficios.

Precisamente, uno de los principales cambios que recoge el Código esgrime la posibilidad de que sea instalado en la capital aragonesa un sistema de traducción simultánea in situ como una herramienta más de ayuda. Así, podría llegar a mejorarse -a tiempo real- la comunicación entre vendedores y clientes extranjeros (o viceversa), dejando atrás la dificultad idiomática.

La presidenta de la UCA, Fernanda Blanco, manifestó durante la presentación oficial del Código ante los medios su visión acerca de la importancia de que la administración general de Aragón llegara finalmente a vincularse en la instalación de dichos traductores. La propuesta de la UCA contempla la opción de que sea el propio Gobierno de Aragón -desde el departamento de Consumo- el que “facilite” la situación a los comerciantes y empresarios, proporcionando, quizá, alguna medida en ese sentido.

Una veintena de establecimientos de Zaragoza se han adherido ya al Código de Buenas Prácticas

Clima de predisposición ante la igualdad de oportunidades

El corpus del Código contempla asimismo indispensable la instauración de un clima de disposición favorable de comunicación por parte de la población inmigrante, los dueños de los locales y empresas. Y ya sea verbal o no verbal. Así, el Código plantea estimular la voluntad de contratación de extranjeros en los distintos sectores, paralelamente a la opción de promover de manera intencionada el contacto entre colectivos (casas de la Cultura, Confederaciones Empresariales, Asociaciones y servicios municipales). Todo ello, a fin de favorecer el conocimiento y resolución de dudas de las personas de origen extranjero en los distintos ámbitos de consumo.

Otro punto importante que refleja el código es la apuesta por la visibilidad de productos de importación, acompasando así la oferta de alimentos y productos a los distintos hábitos alimenticios de la población extranjera. Todo ello, mientras se promueva la igualdad de oportunidades o el favorecimiento de la comprensión tanto de la actividad de consumo practicada en España (por ejemplo, la existencia de las hojas de reclamación), como aquello referente a la legislación vigente. Por ahora, más de una veintena de establecimientos zaragozanos ha se han adherido al Código, que viene además avalado por la propia Asociación de Empresarias de Aragón (Arame) y la Cámara de Comercio. Con ello, Zaragoza da un paso adelante para configurarse como una ciudad más capaz, más social, más justa, inclusiva y tolerante y abierta.

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