José Luis Labat / Periodista

De película

José Luis Labat

Estos días del calendario, a caballo entre premios cinematográficos de primer nivel, nacional e internacional, de pompa y circunstancia, y no menos glamour, resulta inevitable la referencia al arte fílmico.

Reconozco que, como excusa; aunque también puedo decir que he tenido el gusto de ver, en pantalla grande eso sí, la casi totalidad de las nominadas para esa privilegiada lista de premios que tan alto cotizan. Y, curiosamente, la guerra, en sus versiones de primera mundial o civil española,  continúa siendo un buen reclamo.

En un caso, para contar una historia en un arriesgado formato de narración fílmica, en el otro, para proponer un revisionismo a la carta, que vaya usted a saber, por aquello del “interpretandum est” de cada cual. Que resulta muy libre, indudablemente, pero equívoco a la par, a la vez que peligroso, dado el nivel de credulidad del personal, vamos a llamarlo así, avalado por los diferentes informes pisa desde comienzos del tercer milenio. Y la conclusión resulta evidente: a ver quién le lleva la contraria al director, faltaría más.

Porque es el tipo de conocimiento que se promociona en la actualidad. Y si lo dice Blas, pues punto redondo. Y aquello de la conciencia crítica, o de una búsqueda personal con las mejores herramientas posibles al alcance de la educación, parece que corresponde al pasado. Y lo peor, a un pasado que se ha superado por periclitado, cuando, realmente, quién volviera a ese mismo espíritu de acercamiento a la realidad.

En un mundo que nos quieren pintar de película, determinadas conquistas han supuesto pérdida de libertad real y no digamos de calidad de vida. La complejidad de lo real se ha querido confundir con visiones realmente interesadas y parciales, que no tienen en cuenta la realidad que se percibe, sino los prismas desde los que se percibe.

Pareciera que hemos querido alcanzar la mayoría de edad pregonando la independencia de todo aquello que nos impedía ser nosotros, y resulta que el nosotros se ha quedado vacío. Por eso, cuando tengo la suerte de ir al cine y ver propuestas que aportan valores y sentido, salgo reconciliado y pienso que todavía queda esperanza. Que es posible seguir confiando en lo mejor del ser humano, en el mejor tú que recordaba el poeta, para realizar la mejor obra bajo nuestra dirección.

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