El guardaespaldas, Cinco horas con Mario, Dionisio, No más besos, Stop Kiss y Voces que no ves

La pasada semana ha sido muy intensa en los escenarios de la ciudad. Comenzó el miércoles, día 29, con varios espectáculos.

En el Palacio de Congresos de la Expo se estrenó la gran superproducción musical El guardaespaldas, que ha recorrido un largo trayecto por el mundo hasta llegar a Zaragoza. El argumento del musical se ha reducido de modo suficiente para dar prioridad a las canciones que en su día interpretaron Whitney Houston y Kevin Costner en la película del mismo nombre, producida en 1992 y dirigida por Mick Jackson. La historia del guardaespaldas Frank Farmer, que había sido agente del servicio secreto de los Estados Unidos y llegó a proteger a presidentes como Ronald Reagan, es la base argumental, cuando la famosa cantante Rachel Marron, a la que ahora protege, acaba enamorándose de él. El desarrollo del espectáculo es ágil, mantiene un ritmo sostenido, alterna los números teatrales con los musicales y se apoya en una tecnología de última generación, creando efectos visuales y lumínicos de gran impacto. La obra sigue en cartel hasta el próximo fin de semana.

El siguiente acontecimiento ha sido la reposición de la famosa obra de Miguel Delibes Cinco horas con Mario, en el Teatro de las Esquinas, protagonizada por Lola Herrera, una fulgurante estrella de las tablas que ya estrenó este memorable texto hace más de 40 años y sigue ofreciéndolo con una calidad y un aplomo realmente sorprendentes. Sobre la excelencia de su actuación poco se puede añadir a lo que la crítica viene repitiendo una y otra vez, calificándola con los máximos elogios por la perfección que consigue en todos los aspectos y por el mérito de que a los 84 años la actriz se mantenga en pleno vigor. Solo hay que lamentar un episodio que tuvo lugar el domingo pasado cuando Lola Herrera decidió abandonar el escenario como respuesta y protesta al reiterado sonido de un móvil. Tardó poco en regresar, pero lo hizo una vez que la persona que había provocado el incidente abandonó la sala. El uso de los móviles en conciertos, películas y sesiones de teatro es algo que no acaba de desterrarse de los espectadores ni integrarse en la conciencia general de que molestan tanto a los intérpretes como al resto de los asistentes. Siempre es perjudicial su uso, aunque no suene, porque el simple reflejo de la luz de la pantalla ya es un inconveniente que altera la atención y el disfrute de los demás. Pero en el caso de la obra de Miguel Delibes, tan íntima, tan delicada, con necesidad de máxima concentración para la intérprete, es una falta de respeto que no tiene nombre. Esta obra sigue en cartel hasta el 16 de febrero.

También desde el miércoles 29 de enero, la semana ofreció nuevos alicientes a los aficionados a la escena. En el Teatro Principal se pudo contemplar un espectáculo de gran originalidad protagonizado por Rafael Amargo y su compañía, titulado Dionisio, quienes ofrecieron un montaje espectacular con audiovisuales de José Vaaliña y dramaturgia de Rafael Moraira, vinculando la mitología griega en torno al dios de las celebraciones festivas, Dyonisos, con una muestra de las últimas tecnologías en un espectáculo flamenco muy depurado y de compleja realización. La contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco, utilizando impactantes recursos digitales, dotó a la obra de una singularidad poco común.

Por su parte, en el Teatro del Mercado pudo contemplarse la obra No más besos, protagonizada por Patricia Garó y Miriam Vázquez, bajo la dirección de Óscar Olmeda, que también actuaba en compañía de Rubén Riera, Ángeles Porras y Jorge San José, una pieza entre romántica y reivindicativa donde sutilmente se va mostrando el proceso de aproximación íntima entre dos mujeres que van abandonando sus anteriores relaciones amorosas, lo cual provoca el violento ataque de un fanático, que no aparece en escena, pero que origina un cambio cualitativo en la vida de las protagonistas. La acción se desarrolla en Nueva York y es una versión de la obra Stop Kiss, de Diana Son. El montaje, con alternativas espaciales y temporales muy medidas, está bien ideado, aunque en conjunto necesita por parte de las protagonistas una mayor rotundidad en cuanto a su actuación.

Por último, el Teatro de la Estación presentó durante el fin de semana Voces que no ves, un espectáculo de payasas que utilizan su propio lenguaje para contarnos una historia. Son dos mujeres que se enfrentan a su día a día con la necesidad de sobrevivir en un mundo que frecuentemente las rechaza, pero en el que inyectan su espíritu de concordia y su mensaje de esperanza. Pepa Plana y Noël Olivé, las dos payasas, ofrece un espectáculo tierno, pero con un punto de cinismo, reivindicando el papel de las mujeres en la escena y en la dirección de los espectáculos. Porque se trata de un mundo, el del circo, que ha sido más propicio hasta ahora al protagonismo masculino.

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