Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Mareantes

Mª Luisa Rubio Orús

Cansinos resultan ser todos aquellos que, como dioses, son considerados grandes señores, poderosos de todo lo habido y por haber. Esos cabeza de familia que no actuaron con ella, y que, sin embargo, van exigiendo mayor poderío del que ejercen. Son denominadas personas o como mínimo gente. No obstante, no hay nada que pueda grabar su actuación, cada vez más perfeccionada. Si esta lleva ejecutándose desde el principio de los principios y ha sido cubierta por el resto debido a la comodidad o al qué dirán, e incluso por conveniencia, no hay nada que hacer.

Presiento que quizás esto esté sucediendo, y mucho más de lo que pensamos. Es para llorar de rabia todos los días y noches, llevando como emoción directa una tremenda compasión por los niños que sufren estas terribles consecuencias. No les queda más remedio que seguir torturados con las amenazas de sus progenitores, ya que no pueden ganarse la vida por sí mismos al ser menores de edad. Y aunque luego crecen, a veces resulta que hay muchos problemas a la hora de que encuentren trabajo o uno más bien tirando a fijo. Por lo cual, no pueden moverse del lugar en el que viven encarcelados en jaulas de oro. Me da que esto, por desgracia, existe.

Cuando intuyes casos así se te cae el alma a los pies. Y no hay potencia alguna que permita echar un cable a tanta tapadera social que va aumentando ante la impasibilidad de quienes sí que pueden hacer algo: manda don dinero, el tan caballeroso. La vuelta de hoja no es considerada.

Cualquier fluctuación es embebida por cambios que no da tiempo siquiera a ver delante de tus narices. Es tal el uso de un trocito de fragmento de segundo que hay que continuar adaptándose a la nueva situación que emerge surgiendo justamente de la anterior. De ahí que tengamos el tiempo rozante para respirar un tiento. Y gracias.

Todos vamos de esta manera. Y aunque los pequeños se amolden con mayor rapidez que nosotros, nadie tenemos la capacidad de emitir ni una sola interjección que dé paso al desahogo. La madeja de dificultades con su proceso de enmarañamiento prosigue su camino de anudaciones y la verdad nunca puede quedar desnuda. Es entonces cuando viene a la mente lo que el corazón late. Alguien dijo alguna vez: “Mi Reino no es de este mundo”.

Ello te conlleva a pensar en la muerte: ha de haber algo mejor que todo esto, sin lugar a dudas. Si no, esto que llamamos vida, no tiene ni un ápice de sentido.

Sin embargo, todo es aprobado como válido por mayores secuelas que luego hayan de pagarse por parte de los ciudadanos de a pie que nos vamos sosteniendo ante el tambaleo de los malos vientos, puesto que los generosos solamente soplan a favor de los pudientes a ultranza. Sí, girando girando, el mundo gira con los reyes del mismo forrados de billetes brillantes que pueden utilizar si tener por qué dar un solo paso.

Lamiendo nuestras heridas, zurciéndolas y cosiéndolas para procurar que cicatricen e irnos curando mientras otra nueva aparezca.

Esa es la realidad. Y da lo mismo la edad que tengas. siendo normal en cuanto a economía se refiere, nada más nacer tienes asegurada la sentencia de padecimiento. Y gracias, que hay seres humanos que ni registrados están como tales, cuando al subir peldaños tal vez si tuvieran la oportunidad de mostrar querencia, ayudarían a asuntos turbios que han ido pasando en ciertas familias generación tras generación hasta que los días contados en los que sale lo que hay van dejando vía libre a lo que hay.

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