Vicente Franco Gil / Licenciado en Derecho

Víctimas del progresismo

Vicente Franco Gil

Como no podía ser de otra manera, el Gobierno de Aragón ha claudicado frente al “sanchismo” firmando un manifiesto que rehúye el pin parental exigido por VOX en el ámbito educativo. Esta actitud demuestra, claramente, la preeminencia del pesebre institucional antes que preservar al menor de enseñanzas nocivas, dado que se pretende implantar una nueva pedagogía escolar tan impúdica como peligrosa.

El nuevo orden mundial, ese que dicen que trae consigo el auténtico progreso social, está mostrando el lado más oscuro de la vida. El Gobierno español, ávido y presuroso por incendiar todo cuanto toca, quiere volver una vez más acornear la entraña familiar, esa institución molesta donde se educa responsablemente a los hijos. El socialismo radicalizado por el abrazo del comunismo fundamentalista, intenta insensible y cruelmente descomponer la solidez quela familia otorga a la estructura sobre la que se sostiene el conjunto de la sociedad.

El Gobierno central, aventajado ya por algún que otro gobierno autonómico, quiere articular en las aulas una ideología doctrinaria llena de identidades artificiales, indecorosa, sectaria, incluso pornográfica, una sexualización brutal con el objeto de doblegar al alumno a ingerirla desde tempana edad, destrozando con ello su conciencia y su inocencia. Sin dudase trata de una herramienta institucional para intentar usurpar la labor educativa, inmanente y exclusiva, que tienen los padres respecto a sus hijos en la esfera de los valores y las convicciones más íntimas. Todo ello pretende convertir a los padres en meros espectadores de una vejatoria y provocadora visión antropológica que el totalitarismo gubernamental considera legítima.

La ministra Celaá dijo, con desatino y doblez, que los hijos no son propiedad de los padres, pero sin embargo obvió la literalidad del artículo 154 de nuestro Código Civil relativo a la patria potestad. Con todo, e incoherentemente, las hijas de dicha ministra no estudiaron en la escuela pública, lo hicieron en un colegio religioso, concertado y de educación diferenciada, ¡uy! perdón, que ahora se dice segregada. Por tanto, son los padres quienes incuestionablemente se arrogan el derecho-deber de educar a sus hijos según estimen conveniente, aval que confiere la Constitución española, las Declaraciones y los Tratados internacionales.

Con esta propuesta de VOX se ha tocado la raíz del poder de la izquierda, un ardid valioso que engrana con el mecanismo de su control social: la educación. Iracundos caminan desde entonces a caballo entre el shock y la histeria. Este Gobierno y sus acólitos apoyos deberían declinar su “progre” visión revolucionaria, la cual quiebra el principio de pluralidad, la libertad ideológica y la de enseñanza, renunciando al hostigamiento docente y a su vehemente caza de brujas parental.

Por el bien común, por el bien de los menores, sería más positivo que el “sanchismo” y sus intransigentes propuestas que se encuentran en la antesala del fascismo, ampararan el cheque escolar para que el progreso gozara de credibilidad y no de intolerancia, y para que nuestros hijos dejen de ser víctimas de un despotismo caducado, pero al mismo tiempo es anhelado por los que nos gobiernan. Y para concluir recordar que la familia no es ni de izquierdas ni de derechas, ella existe antes que el Estado. Mientras haya seres humanos, la familia será quien tutele y  salvaguarde a la humanidad.

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