Dr. José Carlos Fuertes Rocañín / Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes

Lo “políticamente” correcto

José Carlos Fuertes Rocañín

Es una de las frases más absurdas y más dañinas de las que habitualmente se prodigan tanto. Detrás de estas palabras eufemísticas se esconde, en mi opinión, la falacia, la falsedad, la hipocresía y el engaño.

Cuando nos dicen que “esto” o “aquello” no es políticamente correcto, nos están diciendo en el fondo que conviene expresar lo contrario de lo que se piensa; que no hay que ser tan claro y contundente; que interesa ocultar parte de la información de la que disponemos; que hay que engañar al que tenemos enfrente y que no debemos ir a la raíz de una cuestión o de un problema, sino andar por las ramas. En fin, lo “políticamente correcto” equivale, con frecuencia, a mentir descaradamente.

Qué duda cabe que hay que ser siempre correctos, prudentes y tolerantes al enfocar cualquier actividad, pensamiento o idea. Pero eso no quiere decir que debamos ocultar nuestras verdaderas intenciones y mucho menos expresar lo contrario de lo que en ese momento estamos pensando. Eso, insisto, es simple y llanamente mentir y embaucar.

Creo que nos equivocamos cuando a la política y a los políticos en general se les atribuye tanta estafa y pillaje. Eso no es la política, en todo caso eso es mala política, y personas trafulleras las que actúan de esa manera.

Decir la verdad, aunque pueda ser molesta en un determinado momento, es siempre una actitud positiva. Puede que la mentira y la trampa a corto plazo funcione, pero tarde o temprano se descubrirá, y entonces perderemos nuestra credibilidad y aunque después queramos actuar con honestidad habremos perdido algo muy importante en las relaciones humanas: la credibilidad.

En la práctica profesional, los psiquiatras vemos con frecuencia algunos tipos de trastornos de personalidad que son insistentemente mentirosos y que hacen de la falacia un síntoma capital de su conducta, dos son los más destacados: los psicópatas y los histriónicos.

Los primeros porque su frialdad emocional, su ausencia de empatía y su marcada egolatría les hace utilizar de forma habitual el engaño como forma de conseguir sus objetivos. Los segundos, los histriónicos, porque necesitan tanto la aclamación y atención ajena como forma de subsistencia, que recurren a cualquier truco como la mentira y el engaño, para conseguirlo.

Desgraciadamente, la política que ha sido ancestralmente una actividad necesaria, digna y altruista, se ha convertido en un gran “circo” donde, con todos mis respetos a estas nobles profesiones, los payasos, trapecistas, domadores y demás personajes de la farándula campan a sus anchas, desdiciéndose hoy de lo que dijeron ayer y presentándose como la solución de un problema, que ellos crean y que perpetúan con su forma de actuar.

La psiquiatría teórica y mi experiencia clínica me han enseñado que los rasgos de personalidad no cambian, aunque eso sí, el paso del tiempo a todos nos enseña a saber disimularlos mejor.

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