El Casademont vence en la inexpugnable cancha del Falco húngaro (70-77)

Trascendental triunfo de los maños en Hungría. Foto: Twitter Basket Zaragoza

Trabajada y sufrida victoria la obtenida por el Casademont Zaragoza en su visita al Falco Szombathely, una cancha hasta ahora inexpugnable en Europa y que los de Fisac lograron conquistar por 70-77. Un primer cuarto de ensueño de Seeley y la calidad de Brussino en la segunda parte fueron decisivos para batir a los húngaros y dar un notable paso para conseguir la clasificación.

Fue un arranque loco el vivido en la cancha húngara, sin demasiado orden ni concierto. El acierto lo ponía Seeley en los rojillos en el primer cuarto, anotando 15 de los 19 puntos del equipo en el partido y siendo el faro necesario para los de Fisac. Tampoco los locales andaban muy finos, pero sí sabían apretar las tuercas a Justiz, en defensa y en ataque, para mantenerse cerca en el electrónico.

De hecho fue la igualdad la nota predominante, con distancias que no llegaron a superar los cinco puntos. Eso sí, con los aragoneses por encima en un inicio rápido, sin apenas faltas, que alcanzó el primer bocinazo con 17-19 en el electrónico gracias al pletórico Seeley, prácticamente infalible. ¿Cómo sería la vida del Casademont sin su francotirador en pista?

Comenzó siendo buena. El equipo movía bien la pelota, un pase más, y encontraba liberados a Brussino y Alocén para hacer daño desde fuera. Vázquez mejoraba las prestaciones de Justiz y Radovic colaboraba con su lucha incansable. Resultado, máxima de diez puntos, 21-31, rozando el minuto 14. Pero como ya ocurriera en la ida, el Falco estaba muy lejos de dar su brazo a torcer.

Parcial de 9-0 para los locales y Fisac obligado a tiempo muerto a cinco para el descanso. A eso y a que volviera Seeley al parqué. Entre él y San Miguel volvían a dar una mínima renta a los maños, con 32-37, frenando una sangría que empezaba a preocupar. Aunque el guion se repetía y, en un nuevo arreón local, el choque se igualaba hasta que sobre la bocina Barreiro se sacaba un triple lejanísimo para colocar el luminoso en 39-42.

Segunda parte

No fue el regreso soñado de los vestuarios para Casademont, ya sin San Miguel por un golpe sufrido en la primera mitad. A pesar de empezar encontrando con cierta asiduidad a Justiz y colocarse 44-50 arriba, los húngaros respondían con 8-0 de parcial para llevar a Fisac al tiempo muerto a poco más de cuatro para cerrar el tercer acto. No sirvió para tranquilizar a sus hombres, que cometían el pecado de entrar en el ritmo que más les interesaba a los húngaros, confundiendo velocidad con imprecisiones.

Tanto que la brecha no paraba de crecer, amenazando con romperse el partido. Pero, como esto iba de parciales, Casademont tiraba de carácter, apretaba y volvía a meterse en el choque con tres triples seguidos, uno de Benzing y dos de Brussino, para poner el 55-61 en el marcador a 20 segundos de finalizar el tercer cuarto y de paso devolver el 0-11 de parcial encajado apenas unos instantes atrás con dos libres más anotados por el argentino.

Mismo protagonista que, inmenso en defensa y en ataque, lideraba el estirón aragonés hasta llevar el choque por encima de la barrera psicológica de los diez puntos, 57-68. Aunque con un mundo por disputar y con la experiencia de la ida. Dicho y hecho, los húngaros anotaban seis puntos prácticamente consecutivos y Fisac reaccionaba pidiendo a los suyos una mayor dureza para que no se escapara una victoria trascendental.

Caso omiso hicieron los suyos, teniendo en cuenta que después de dominar el rebote durante todo el encuentro, Falco empezó a hacer daño en esa faceta con varias capturas ofensivas que ponían todo en un puño, con 68-70 a poco más de 3 minutos para el final. Pero aparecería el héroe de la segunda parte.

Brussino con un triple sobre la tabla y sobre la bocina, milagroso, y con un posterior tapón en defensa elevaba la distancia a 70-75. Sería insalvable ya para un Falco que era superado de nuevo casi por la mínima por un Casademont que, a pesar del sufrimiento, ataba su sexta victoria en un grupo donde cada logro vale su peso en oro de cara a estar al final de la fase entre los cuatro primeros. Un mate de Brussino, quién si no, elevaba la sonrisa hasta el 70-77 definitivo.

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