Darcy Silveira “Canario”: “Espero no irme al otro barrio sin ver a mi Real Zaragoza en Primera”

La plantilla de "Los Cinco Magníficos" fue la generación más importante de la historia del Real Zaragoza

Un Real Zaragoza de leyenda. Así es como se puede y se debe definir a ese equipo que cabalgaba por los campos de toda Europa logrando hazañas con la camiseta blanquilla y bajo el apodo de “Los Cinco Magníficos”. El brasileño Canario, pieza fundamental en ese glorioso equipo de los años 60, es capaz de recordar cada hito que consiguieron los aragoneses en esa época dorada. Llegó de Brasil a Madrid en 1959, y después de ganarlo todo allí, hizo lo propio con la elástica del Real Zaragoza.

Pregunta.- ¿Veía como una locura salir de Brasil para empezar su vida en España?
Respuesta.- Aquí ya había algún brasileño, como Didí o Joel. Vine encantado. Tuve que ir deprisa porque tenía que jugar el Carranza. En 48 horas, preparé todo para coger mi avión. Salí de Río un martes a las nueve y llegué a Madrid el miércoles a las diez de la noche. Y con una escala solo, en Dakar, para limpiar y repostar. Como tuve 48 horas para preparar todo y tenía familia y dos hijos, apenas había dormido. En el avión no hacía más que dormir. Hasta vino el comandante a hablar conmigo. Le habían comentado que el nuevo jugador del Madrid estaba malo porque no hablaba ni se despertaba, estaban preocupados. Les tuve que tranquilizar yo (sonríe).

P.- Ganó varios títulos, pero sobre todo participó en el famoso 7-3 al Eintracht de Frankfurt, con compañeros como Di Stefano o Puskas.
R.- El Madrid tenía un gran equipo. Cuando llegué, el primer trofeo que gané fue el Carranza. Luego me fui a jugar la final de la Copa de Europa contra el Eintracht de Frankfurt en Glasgow. Ganamos 7-3, pero fue un partido muy difícil. Marcábamos un gol y ellos nos marcaban. Nos complicaron mucho la vida, pero nosotros teníamos un equipo que metía goles por un tubo. La delantera era Del Sol, Di Stéfano, Puskas, Gento y yo. Éramos grandísimos jugadores. El Real Madrid tenía un equipo de categoría y jugar allí en aquellos años daba gusto, era un placer.

P.- ¿Era consciente de que iba a pasar a la historia del fútbol?
R.- Era consciente de que venía a un gran equipo. El Madrid había sido campeón de Europa cuatro veces. Fue llegar, presentarme y salir a jugar. Jugué todos los partidos hasta que me lesioné en Inglaterra del tobillo. Ganamos al Eintracht, pero antes habíamos ganado la Intercontinental, que ahora es el Mundial de Clubes. Jugamos en Montevideo, contra el Peñarol, porque era a doble partido. Ahí empatamos a uno y en Madrid ganamos 5-1. Daba gusto jugar en ese equipo, jugábamos de carrerilla. Como en los años que me pegué aquí en Zaragoza.

P.- La Copa de Europa fue el más importante, pero no el único título
R.- Ganamos la Copa de Europa y la Intercontinental, que no se ganan siempre. Era la quinta seguida del Madrid y la UEFA sigue recordando que es la mejor final de Europa. En el fútbol de hoy en día no se ven tantos goles. Ha cambiado por el dinero y los intereses. No se quiere ganar, se quiere no perder, y eso es muy complicado. Nosotros salíamos a ganar y metíamos tres, cuatro, cinco, seis o los que fueran. Hoy en día es todo 1-0, 1-1 o 2-1… También ganamos el Carranza, que era de los mejores entonces, aunque ahora no vale para nada. Cuando lo ganamos con el Madrid y el Zaragoza tenía mucho prestigio. Y nos hicimos con la liga dos años. Ganamos muchos títulos, igual que en el Real Zaragoza.

P.- Precisamente ahí es una de las piezas más fundamentales de la historia.
R.- Cuando vine a Zaragoza todavía no habían ganado ningún trofeo y nosotros ganamos dos Copas del Generalísimo, un Carranza y una Copa de Ferias. Gané cuatro trofeos, porque en ese momento el Carranza valía como el resto. Tuve cinco años buenísimos. Por desgracia, me fui porque me echaron. Yo no quería irme, quería terminar mi vida futbolística en Zaragoza. Sin embargo, llegó al club Alfonso Usón y no me dejó ni hablar, me dijo “usted ya sabe que no puede jugar mucho a fútbol, que está mayor, adiós muy buenas”, y no pude responder.

P.- ¿Sabe a qué se debió?
R.- No. Por dinero no iba a tener problemas, porque no iba a exigir nada. Le iba a decir que me diese lo que creyese conveniente. Los Magníficos estábamos muy bien, pero vino con unas ideas de unas empresas y destrozó todo. Me fui yo, lo dejó Lapetra… del resto del equipo al final se terminaron yendo muchos. Destrozaron y acabaron con aquel equipo, pero tenía vida para dos o tres años más tranquilamente.

Los Magníficos lograron varios de los títulos europeos más importantes

P.- ¿Y con títulos?
R.- Y con títulos. Nos dicen que no hemos llegado a ser campeones de liga, pero la gente no sabe que la plantilla era muy corta, de 13 o 14 jugadores. Yo llegué a jugar en el Zaragoza con tres puntos en un tobillo. Me lo rompieron contra el Sevilla, me dieron puntos y esa noche, cuando estaba en mi casa, vino el entrenador y me dijo que me iban a concentrar. Yo estaba con tiritonas y les dije que no podía. Me respondieron que no me preocupase, que me concentrase y que si podía, jugase. No recuerdo si fue en Recopa o Copa de Ferias. Cuando fuimos a cenar no podía ni comer de las tiritonas que tenía. Me tuvieron que pinchar, y el entrenador me dijo que para el partido, el miércoles, me iban a preparar, me iban a vendar y me iban a probar. Que si veía que podía jugar, jugase, y si no, no pasaba nada.

P.- ¿Y jugó?
R.- Jugué. Se lo digo a la gente y se queda alucinada, pero fue así. Tenía que jugar porque no había otro. El entrenador no tenía confianza en el suplente. Yo no despreciaba a nadie, ojalá el que estaba detrás de mí fuera mejor que yo, pero el entrenador no se fiaba y me pidió que jugase. Pensé que cómo iba a jugar así. Por eso, con trece o catorce jugadores es muy difícil ganar la liga.

P.- Aun así, poco tendrían que envidiar el Madrid o el Barcelona a ese Real Zaragoza.
R.- Es que el Real Zaragoza era un equipo de categoría. Cuando jugábamos en Barcelona siempre ganábamos o empatábamos, nunca perdíamos. Decían “ya vienen estos cabrones otra vez a jodernos”. La última vez que el Zaragoza ganó en liga en Barcelona fue en 1965 y el gol lo marqué yo. Ahora que estamos en Segunda ya no lo recuerdan, pero cada vez que se jugaba el Barcelona – Zaragoza me llamaban los periodistas. Yo les decía que ojalá ganase el Zaragoza para olvidar un poquitín esto, porque es una historia bonita, pero son muchos años ya.

P.- ¿Cómo lo conseguían?
R.- Teníamos a ese equipo comido en moral. Jugábamos con toda la confianza del mundo, aquel equipo daba gusto. El Zaragoza de los Magníficos era un equipo de categoría, pero hay que recordar que no éramos cinco, sino once, lo que pasa es que los cinco metíamos muchos goles. Si nos metían cuatro, marcábamos cinco. Pero esto hoy en día no se ve.

P.- Y en Inglaterra también tenían un especial respeto por el Real Zaragoza
R.- Hay que tener en cuenta que todas las Copas de Ferias nos tocaba jugarlas en las islas. Tocaba Londres, Glasgow… pero siempre islas. Cada vez que íbamos nos recibían asustados, decían “¿estos otra vez? siempre la misma historia”. Como éramos un equipo de amigos, jugábamos a ganar. Alguna vez perdíamos, no puedo decir que no, pero casi siempre ganábamos.

P.- ¿Se daban cuenta de la importancia de aquello que lograron?
R.- Simplemente era consciente de que jugábamos muy bien y de que ganábamos mucho.

P.- Una generación como la suya es prácticamente imposible de ver en cualquier equipo del mundo
R.- Es que el fútbol es muy diferente, ahora me aburre mucho. Juegan en el campo contrario y vuelven a su portero. Eso no es fútbol. A los jugadores les tocan, parece que los han matado, y después se levantan corriendo. En mi época, cuando uno se caía, estaba jodido de verdad. El fútbol es de contacto. Muchísimos buscan engañar a los árbitros, que por cierto, para mí son muy malos. También veo la mala leche de otros. Cuando saltabas a por un balón, chocabas cabeza con cabeza, y ahora todos ponen el codo. Encima, aún ves a algún desgraciado que después de dar un codazo se queja cuando le sacan tarjeta o dice que no ha hecho nada. Es una vergüenza.

P.- El fútbol es muy diferente a entonces.
R.- En varios aspectos sí. Ya no hay extremos. Hay carrileros, laterales, interiores… pero no extremos. En ese momento, la figura del extremo era uno de los puntales de los equipos. El que iba por la banda, hacía la jugada, daba el pase de la muerte… pero hoy en día no lo ves. Ves a alguno que se escapa, pero es muy difícil. Era un puesto bastante complicado porque tenías una banda solo. Cuando el defensa era listo y te acorralaba era muy difícil salir. Tenías que buscar tus artimañas para hacerlo. Y hoy en día esto no hay.

P.- ¿El Real Zaragoza puede ser una víctima de que el fútbol se haya convertido en negocio?
R.- No lo sé, pero desde luego hay unos malos que dejaron al Real Zaragoza en la miseria. Ahora están quitando deudas, pero va a tardar años en reponerse, y esto es lo malo del fútbol. Tampoco entiendo que si un club genera dinero no pueda fichar. El fútbol está metido en una dinámica de dinero muy complicada. El Zaragoza tiene que fichar jugadores y estar donde debe, pero como no puede fichar, ahí está el problema.

P.- Volvamos a los Cinco Magníficos. Otra de sus cualidades era la relación humana.
R.- Nuestro vestuario era de lo mejor que había. Veías en el Barcelona a los húngaros, los brasileños… todos divididos, pero nosotros éramos amigos. Casi todos los días salíamos de entrenar e íbamos a un bar a tomar unas cervecitas o un vermú, y después comíamos. Hoy en día hay demasiadas envidias entre ellos.

P.- ¿Se iban a tomar cerveza todos los días siendo futbolistas?
R.- Es que ahora hay muchos que salen de marcha, y eso es lo que no puede ser. Yo llevaba mi control, no necesitaba que nadie me lo llevase. Después del partido del domingo todo era para mi mujer y mis amigos, pero a partir del martes me dedicaba a prepararme. Deberían ser ellos mismos los que llevasen el control. Es su profesión y deben ser consecuentes. Ahora hay muchos jugadores que con veintitantos años ya están muertos futbolísticamente. Me duele verlo, pero cada uno debe controlar su vida.

Canario era el dueño de la banda en el equipo

P.- ¿Qué siente un futbolista cuando le hacen un recibimiento después de haber obtenido un título?
R.- Era impresionante. Cuando volvimos con Copas del Generalísimo, que jugábamos siempre en Madrid, volvíamos en tren hasta Calatayud. Allí nos recogían en el autocar. Cuando íbamos por la Avenida Madrid nos subíamos a la baca del autobús con la Copa, y desde allí hasta la Plaza del Pilar estaba todo lleno de gente. Era una cosa que merece la pena vivir en la vida. Son recuerdos preciosos que nunca olvidarás. Luego, en la plaza del Pilar y el Ayuntamiento, la cantidad de gente que había chillando, aplaudiendo… era emocionante.

P.- Cuando se logre el ascenso va a suponer un título más.
R.- Si es que en Las Palmas pierdes el partido por poco más de cinco minutos. Es una pena. Ahí falló también el Zaragoza y no lo entiendo. No jugó como siempre. Juega como tienes que jugar y asciende. También se nos escapó el del Numancia, que se lo cargó Natxo González al irse teniendo contrato, y espero que este pueda ser el año, pero siempre es muy complicado.

P.- ¿Volverá a ser el Real Zaragoza un equipo imponente en Europa?
R.- Es muy difícil volver a ver un Real Zaragoza campeón. Son épocas, y la que vivimos fue muy buena. Eso sí, iré a todos los partidos del Zaragoza mientras pueda y siempre he dicho que espero no irme al otro barrio sin ver a mi Real Zaragoza en Primera División. Es muy complicado porque ya han tenido dos ocasiones claras para hacerlo, pero mantengo la ilusión.

P.- Por último, ¿qué diría de esta temporada?
R.- Espero que este sea el año. Se está apostando por gente de la cantera, algo que nunca se había hecho. Demuestran que valen y que pueden llegar. Eso sí, todavía queda mucho y no se puede saber nada. Al final dependes de los jugadores, pero Víctor me gusta mucho. Se puede confiar en él, sabe mucho de fútbol. Esperemos que sea la solución definitiva para que pueda lograr lo que deseamos todos, el ascenso a Primera División.

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