Carlos Hué / Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación

Solo una cosa y en compañía para 2020

Carlos Hué

¿Quién no se ha lamentado de haber hecho muchos propósitos a comienzos de este año que termina? Es costumbre que con la entrada del nuevo año todo el mundo haga algún plan que mejore su calidad de vida; ir al gimnasio, aprender un idioma o inglés, son los más típicos. Pero puede haber otros menos vistosos como subir por las escaleras, comer menos cantidad en la cena o poner en orden el trastero. Los días pasan, los meses se suceden, y pocas personas son capaces de llegar con sus propósitos más allá de la Semana Santa. Y todo esto tiene que ver con un concepto que se investiga mucho en psicología que es la motivación mantenida en el tiempo que vulgarmente llamamos “perseverancia”.

La planificación de nuestras acciones se lleva a cabo en la parte frontal del cerebro, concretamente en la parte que determina las funciones ejecutivas. La planificación responde primero, al conocimiento de una actividad interesante; segundo, a que esa actividad sea muy valorada por nosotros, lo que tiene lugar en el centro de las emociones, el cerebro límbico; y tercero, a la puesta en marcha de la tarea, cuando vuelve a la zona frontal que regula nuestros músculos que son los encargados de hacerla.

Pero el problema es que uno de los aspectos más importantes de la motivación es la novedad y, por ello, una vez pasada una semana o dos, lo que nos parecía muy interesante llevar a cabo se vuelve rutinario y aburrido. Así, es muy fácil iniciar muchos proyectos nuevos, pero no es fácil continuarlos y, mucho menos, acabarlos. Otro factor, más importante todavía, es el apoyo de los demás. La motivación está dirigida por nuestro grupo de referencia. Esto es obvio cuando somos adolescentes. Los chicos y chicas se compran las zapatillas o la ropa en función de lo que guste a sus amigos o amigas. Pero, ojo, esto dura toda nuestra vida. Compramos, hacemos y viajamos a destinos que tienen prestigio en nuestra sociedad.

Por ejemplo, nuestros abuelos iban a los balnearios y no querían que le diera el sol; hoy “la moda” es ir a playas o la nieve y estar bien bronceados. Por esto, tan importante como la novedad es que en nuestros propósitos nos ayuden otras personas. Todo se reduce, así, a ese segundo paso que tiene que ver con la valoración emocional de nuestra actividad y ahí es donde tenemos que trabajar.

En consecuencia, mi propuesta, primero, es que elijamos solo una actividad interesante a llevar a cabo. Segundo, que la iniciemos sin gran esfuerzo; por ejemplo, si hemos decido subir todos los días por la escalera, comenzar subiendo solo dos días. Y tercero, lo más importante, es que comencemos una actividad varias personas a la vez. Hacer el mismo propósito dos amigos, una pareja, el nieto y el abuelo, etc. Ah! Eso sí, a partir de los 30 días comentar los éxitos en las redes sociales. Los “likes” son la mejor gasolina para la motivación. “¡Una sola cosa y en compañía!”

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