Antonio Laguarta: “En 2018, conseguimos devolver a San Juan de la Peña los huesos de los primeros reyes de Aragón”

Antonio Laguarta es presidente del Consejo Asesor de la Real Hermandad de San Juan de la Peña

Seguramente, si viajan por el Prepirineo, encontrarán espectaculares panorámicas de valles y picos recortados en lontananza, profundos lagos y escarpadas laderas, antiguas construcciones y pueblos anclados algunos siglos atrás. Hay un lugar escondido entre parajes, el Monasterio de San Juan de la Peña, que combina todo eso: historia, pasado, presente y naturaleza.

En los aledaños de Peña Oroel, existe una cueva regentada por humanos desde antes de los tiempos. Es un peculiar enclave para construir un monasterio, pero lo cierto es que se hizo, en torno al año 1000, y hoy es una joya excepcional del románico. Sufrió aparatosos incendios. En el de 1675 estuvo ardiendo durante tres días y fue entonces cuando se tomó la decisión de subir ladera arriba y emplazar un nuevo monasterio en el conocido como Llano de San Indalecio.

Actualmente, ambos monasterios son de carácter civil y pertenecen a Patrimonio del Estado. Antonio Laguarta, miembro de la Hermandad de San Juan de la Peña desde 1999, asegura que, en las últimas dos décadas, se han logrado dos grandes hitos: reconvertir el Monasterio Nuevo en hospedería y reinhumar allí los restos de los primeros reyes aragoneses.

Laguarta, orgullosísimo aragonés, lleva años vinculado a San Juan de la Peña. Todo el mundo lo conoce por haber sido diputado, consejero de Economía del Gobierno de Aragón y el primer presidente de la Cámara de Cuentas (histórico Maestre Racional), pero es que también fue el primer presidente del Consejo Económico y Social de Aragón. Inspector de Hacienda de formación, fue diplomático de Finanzas en la Embajada de España en París y ante la OCDE, una etapa que recuerda con especial anhelo. Hasta 2019, fue miembro del Consejo Rector de la Hermandad de San Juan de la Peña; actualmente es presidente del Consejo Asesor de la Hermandad, cuyo cometido es “preservar y mantener las esencias de la Hermandad”, en palabras del Hermano Mayor, D. Félix Longás Lafuente.

Pregunta.- La Hermandad acaba de cumplir 70 años. ¿Cuál fue su origen y cómo ha evolucionado en este tiempo?
Respuesta.- La institución la crearon una docena de prohombres en 1949, entre los que se contaban el rector de la Universidad de Zaragoza y el director general de Ibercaja. Los estatutos se redactaron un año después, en 1950. Es cierto que en el año 2000 le cambiamos el nombre; antes se llamaba “Hermandad de Caballeros de San Juan de la Peña”, pero ahora somos Caballeros y Damas. En el 2009, Su Majestad el Rey nos concedió el título de “Real”.

Respecto a su evolución, podemos decir que ha crecido bastante en los últimos 20 años. Estaremos unos 540 miembros y, cada año, admitimos a 25 personas más. Además, también tenemos Infantes como una categoría transitoria hasta que cumplen la mayoría de edad, porque nos hace ilusión ir sembrando la afición y devoción a San Juan de la Peña.

La Hermandad consta de 540 miembros actualmente y cada año se incorporan 25 personas más

P.- ¿Cómo cumple su cometido, a través de qué actividades?
R.- Desde el principio, la Hermandad ha tenido la doble personalidad eclesiástica y civil, y tanto sus fines como sus actividades tienen esa doble vertiente.

Como entidad religiosa es una asociación de fieles, que tiene entre sus fines promover entre sus miembros el desarrollo de los valores cristianos que han estado siempre presentes en el Monasterio y han inspirado históricamente nuestra sociedad aragonesa, española y occidental. Somos católicos y celebramos actos religiosos, como las misas en la fiesta anual en junio y la de difuntos en noviembre.

Como entidad civil, todo gira alrededor del Monasterio y entorno de San Juan de la Peña en todos sus aspectos (histórico, cultural, monumental, medioambiental, etc.) y lo que significa para Aragón. Hay que partir de la consideración de que San Juan de la Peña, si bien en su origen fue un monasterio religioso, actualmente son bienes civiles, forman parte del Patrimonio del Estado y son gestionados por el Gobierno de Aragón. La restauración, conservación, defensa y promoción de San Juan de la Peña son la justificación primigenia de la Hermandad. Instamos a las autoridades al mantenimiento y mejora de San Juan de la Peña, organizamos Jornadas de estudio, organizamos un concurso de dibujo anual para escolares, tenemos actos de convivencia entre los miembros…

P.- Detengámonos en la indumentaria, ¿qué simboliza?
R.- Incorporamos la capa-hábito en el año 2003. Es azul, color que se muestra en el cuartel del Escudo de Aragón dedicado a la Cruz de Íñigo Arista y es también el color de la indumentaria de la antigua Guarda de Aragón, cuya función básica fue la de proteger el Reino.

P.- ¿Y el escudo heráldico?
R.- El escudo está ahí desde la fundación. Tiene dos cuarteles: en el de arriba, sobre fondo de oro, se encuentra el Agnus Dei que representa a San Juan Bautista; está sobre un monte verde que es San Juan de la Peña. En la parte de abajo aparece el Santo Grial sobre fondo azul, nuestro color corporativo y, a la vez, un color muy significativo en Aragón. El escudo lleva acolada la Cruz de Malta. Toda nuestra simbología está muy ligada a Aragón y a su devenir histórico.

El Presidente de Aragón, Javier Lambán, asistió e inauguró la reinhumación de los restos de los primeros reyes de Aragón el 24 de junio de 2018

P.- ¿Por qué construyeron un Monasterio en la roca?
R.- Realmente no lo sabemos. Sí que es cierto que las cuevas siempre se han asociado con lo místico y religioso desde tiempos anteriores al Cristianismo. Los prehistóricos ya pintaban allí escenas de caza y otros símbolos metahumanos. Probablemente, esa cueva tenía un significado religioso hace muchos años y antes del Monasterio ya había eremitas. ¿Por qué se instalaron allí? Pues no lo sé, porque es un sitio con unas duras condiciones de temperatura y humedad, donde no da el sol hasta las 17.00 horas de la tarde. Pero tiene una fuente de agua, con lo que habría permitido, haciendo acopio de ella, que estas personas tuvieran la vida que tuvieron en el Monasterio.

P.- El Monasterio de San Juan de la Peña está considerado una de las señas de identidad del Reino de Aragón. De hecho, la Hermandad rinde homenaje a los Reyes y Nobles allí enterrados.
R.- Efectivamente, allí yacen los restos del primer Rey de Aragón, Ramiro I, su hijo, Sancho Ramírez, y el hijo de este, Pedro I. Estos dos últimos fueron reyes de Aragón y de Pamplona. Conseguimos que en 2018 sus restos fueran reinhumados en el Panteón Real del Monasterio, tras un largo peregrinar, desde 1985, por laboratorios y almacenes para ser analizados e identificados. Finalmente, con mucho interés por parte del presidente Lambán, que auspició y presidió el solemne acto de reinhumación, volvieron a sus tumbas el 24 de junio de 2018.

P.- ¿Qué otras curiosidades alberga el Monasterio?
R.- Pues además de los restos de los reyes, aparecieron también restos de otras 60 o 70 personas más, probablemente familiares, esposas o hijos. E incluso podría haber gentes de antes, condes anteriores al año 1000, cuando Aragón todavía no era reino.

Además, es interesante que el primer oficio religioso en rito romano en España se realizase aquí. Hasta ese momento, se seguía el rito hispano-visigótico, pero cuando Sancho Ramírez fue a Roma a buscar la protección del Papa y se hizo vasallo de este, parece que una de las condiciones fue que introdujese el rito litúrgico romano en Hispania. Y así lo hizo un 22 de marzo de 1071 en San Juan de la Peña.

Es probable que la cueva en la que se encuentra el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña ya tuviese un significado religioso mucho tiempo atrás

P.– Y el Santo Grial estuvo aquí.
R.- Sí, hay testimonio de que, desde el año 1000 aproximadamente, la copa, ahora en la Catedral de Valencia, reposó en San Juan de la Peña. En 1960, el catedrático de la Universidad de Zaragoza D. Antonio Beltrán, recibió el encargo del arzobispo de Valencia de verificar la autenticidad histórica del Santo Grial de Valencia.

Es una copa pequeña, del tamaño de una mano, a la que durante la Edad Media se le adosaron dos asas y otra copa invertida que hace de pie. La principal conclusión del estudio es que no existe evidencia alguna contra la posibilidad de que esta copa pueda haber sido utilizada por Jesucristo en la Última Cena. Según su estudio, la copa superior de ágata-cornalina se remonta a la época comprendida entre el siglo IV a.C. y el I de nuestra Era, y fue labrada en un taller oriental de Egipto, de Siria o de la propia Palestina, por lo que pudo estar en la mesa de la Santa Cena. Antonio Beltrán añadía en sus conclusiones que la Arqueología “no solamente no prueba lo contrario ni censura la substancia de la tradición sobre el Santo Cáliz, sino que apoya y confirma terminantemente la autenticidad histórica”.

Tras de su estancia en el Monasterio, en el siglo XV, los monjes la cedieron al Rey y el Rey la bajó a la Aljafería por un tiempo. Después, Alfonso V la entregó a Valencia, parece que como pago por un préstamo.

P.- Sí pero ¿cómo llegó el cáliz a San Juan de la Peña?
R.- Lo que pasó antes del siglo XI ya es leyenda. Según esta, los apóstoles, tras la Última Cena, se lo guardaron como recuerdo cercano a su Maestro. San Pedro lo llevó consigo cuando marchó de Palestina a Roma. Allí pasó entre sus sucesores hasta que tuvo lugar la persecución de Valeriano, que puso a todos los cristianos en peligro. El emperador de Roma acabó con el entonces Papa Sixto II, que custodiaba la copa, y esta pasó a su diácono Lorenzo. Pero Lorenzo también pereció en la persecución y quedó encargado un centurión romano que era cristiano de llevar el objeto hasta su familia, que era de Huesca. Así es como llegaría a Aragón hacia el año 258.

Cuando la invasión musulmana en el 711, los cristianos se refugiaron en el norte, y el cáliz estuvo vagando por los valles pirenaicos hasta que en el siglo X fue a parar a San Juan de la Peña, la cabeza religiosa del Reino de Aragón.

El relato guardaría cierta verosimilitud a la luz de un cantar germánico de los tiempos de los trovadores y juglares que está basado en San Juan de la Peña. En la zona de Flandes, se comenzó a recitar un poema que dice que el Santo Grial está al lado de un río –San Juan de la Peña está al lado del río Aragón–, junto a un desfiladero –en alusión al corte de la roca de la pared montañosa que alberga el Monasterio–, y que el príncipe de esas tierras se llama “Alfontas”, que era Alfonso I.

Entre los actos religiosos, celebran misas en la fiesta anual de junio y en la de difuntos de noviembre

P.- No sé si la Hermandad tiene alguna opinión respecto a la supuesta apropiación histórica que algunas Comunidades Autónomas han querido hacer del Reino de Aragón.
R.- Compartimos toda la defensa de lo aragonés que se está haciendo tanto desde la Universidad, como desde el Gobierno de Aragón y todas las instituciones aragonesas. Aragón es una entidad política desde hace más de 1.000 años y tenemos nuestra historia, que fue como fue. Por avatares históricos, fuimos la cabeza de una corona que tuvo una gran expansión, poder y reconocimiento en toda la cristiandad hasta Fernando el Católico.

P.- ¿Cómo se explica la necesidad de una Hermandad como esta?
R.- Es una asociación que pretende mantener y divulgar la importancia de San Juan de la Peña tanto para Aragón como para España. De la misma manera que para España se cita a Covadonga como origen de lo que luego fue Reino de Castilla, el mismo papel representó San Juan de la Peña en lo que fue luego Reino y Corona de Aragón.

Print Friendly, PDF & Email

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies