El jovencito Frankenstein, Mujeres de paciencia salvaje y Sueño de una noche de verano

El jovencito Frankenstein

Primero fue, hace ya dos siglos, la novela de Mary Shelley que apareció bajo el título ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’. Después, hace bastante menos tiempo, en 1074, Mel Brooks dirigió una exitosa película con guión de Gene Wilder y el propio director, en la que recopilaba antiguas producciones cinematográficas de los años 30 dándoles un giro más cómico y menos lúgubre.

Finalmente, siguiendo la estela de las actuales tendencias del espectáculo para grandes públicos, el argumento se ha convertido en un musical que, tras su éxito en los Estados Unidos y en Inglaterra, llegó a España hace un año y al Palacio de Congresos de la Expo de Zaragoza hace unos días, donde ha tenido una magnífica acogida durante el pasado fin de semana.

El argumento es de sobra conocido: un neurólogo norteamericano acude a recoger la herencia de su abuelo, el doctor Frankenstein, quien ha desarrollado una investigación en torno al cerebro humano en su secreto laboratorio de Transilvania. Allí tropieza con Igor, el criado de su abuelo y con algunos otros personajes característicos, como la ama de llaves, una reciente becaria y el conjunto de la población que recelan de su llegada.

Con estos mimbres, Esteve Ferrer ha seguido su exitosa trayectoria como director de musicales y ha montado esta adaptación de gran nivel artístico y declarada vis cómica sobre el argumento reseñado. Combinando con acierto la anécdota con la danza y la música, ha logrado el objetivo propuesto: dos horas y media de espectáculo fastuoso, en tono de parodia, con hilarantes golpes cómicos y sobre todo con un despliegue escénico de gran impacto, por su perfección y envergadura.

El relato se queda en lo descriptivo, siguiendo el libreto fílmico, sin ahondar en asuntos aludidos entre líneas, como la moralidad de la investigación, los contrastes entre la naturaleza y la ciencia, o la alternativa vida-muerte, que en la novela tenían mayor desarrollo.

Hay que destacar el acierto de la versión española, realizada por Esteve Ferrer, que dirige la obra, y Silvia Montesinos, con juegos de palabras y rimas consonantes que conectan con el lenguaje y la mentalidad contemporánea. Existe también un elevado nivel interpretativo, sin altibajos, aunque destaquen los papeles desarrollados por Víctor Ullate, como el joven doctor Frankenstein, y los personajes de Inga, el monstruo, Elisabeth, Igor, y Frau Blücher.

También la coreografía de Montse Colomé, el vestuario de Felype de Lima y la música dirigida por Julio Awad, dan relieve a un espectáculo que alcanza las cotas de calidad a la que están llegando este tipo de producciones.

 

Mujeres de paciencia salvaje

El miércoles, día 20, arrancó el Ciclo ‘Mujeres a escena’ en el Teatro de las Esquinas, tercera edición de un proyecto que se ha consolidado de manera firme. Dar protagonismo a la mujer en el mundo artístico, más allá de las divas ocasionales, y a veces convencionales, es ya una demanda social que se amplia a otros campos de la actividad humana, como la intelectual, la empresarial y la política.

Pero quedándonos en nuestro tema, hay que insistir en la enorme preparación y en la calidad resultante de muchas iniciativas que arrancan de mujeres jóvenes a las que ciclos de este cariz abren puertas que confirman su futuro.

El espectáculo que se ofreció el citado miércoles, titulado ‘Mujeres de paciencia salvaje’, enlaza cuatro cuentos populares de origen occidental que se suceden formando un retablo de expresiones verbales y gestuales reforzadas por el apoyo de la música en directo ejecutada por las propias intérpretes.

Las cuatro piezas en forma de historia compartida, ‘Las zapatillas rojas’, ‘La vendedora de fósforos’, ‘Barba Azul’ y ‘La mujer esqueleto’, son protagonizadas sucesivamente por cada una de las cuatro artistas, que integran experiencias ajenas fruto de un trabajo de investigación. Añaden a su concatenación rítmica el citado soporte musical que las dota de un alcance lírico impactante y consigue dulcificar algunos de los entresijos amargos que  se deslizan a lo largo de la trama cuatripartita.

Con una dramaturgia de Ximena Vera, al mismo tiempo actriz y directora de la obra, sus tres compañeras de reparto, Raquel Pardos, Marta Cuenca y Andrea Nespereira, consiguen combinar mediante el juego, el teatro físico, el lirismo dramático y el humor, sutilmente dosificado, un fascinante panorama de la condición femenina que intenta mostrar al mundo su verdadera identidad y obtener el respeto que merece en todos los sentidos.

 

Sueño de una noche de verano

Entre las obras de Shakespeare, de validez universal e intemporal, destaca la comedia entre mitológica, cómica y fantástica titulada ‘El sueño de una noche de verano’. Representa un claro contraste respecto a sus inmensas obras dramáticas y ha suscitado una enorme atención por parte del público durante más de cuatro siglos.

Por si fuera poco el gran Félix Mendelssohn escribió una partitura de música incidental para la representación de la obra, partitura que es universalmente conocida y utilizada en espectáculos, así como emblemática ‘marcha nupcial’ para muchos enlaces matrimoniales.

La semana pasada, con una brillante adaptación de Alfonso Palomares, el Teatro Principal acogió esta emblemática pieza en una producción de las compañía Lagarto-Lagarto y Zazurca Artes  Escénicas, ofreciendo el espectáculo durante siete sesiones que han constituido todo un éxito artístico y de público.

Esta obra plagada de fantasías, sueños y realidades, amor y magia, en la que se entremezclan varios hilos argumentales cuyo denominador común es el amor, plantea también como base creativa la actuación de una troupe de actores y actrices que, entre bromas y veras, van mostrando las diferentes fases del espectáculo de una forma brillante y desenfadada  bajo la dirección de Alfonso Palomares, que interviene también como actor. La estrategia de acercarse al público con un lenguaje llano e inmediato es uno de los logros de este montaje coral.

Con música de Kike Lera y una escenografía que enlaza muy bien lo onírico, lo cómico y lo real, el argumento shakesperiano alcanza su culminación en la parte final, cuando se celebra la pantomima entre Píramo y Tisbe y los actores se van despidiendo entre aplausos interminables.

Manuel López, Encarni Corrales, J. J. Sánchez, Elena Gómez Zazurca, Francesc Tamarite y Minerva Arbués, junto al propio Alfonso Palomares, alma de la obra como adaptador y director, han realizado un inteligente enfoque de esta comedia inmemorial en la que muy acertadamente se han potenciado los elementos cómicos amparados en una muy buena versión castellana.

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