Un paisaje budista en la Ribagorza

Cuando llegamos, podíamos escuchar el silencio.

Observamos con cautela y respeto todo nuestro entorno, el único sonido que rompía ese silencio era el canto de la oración que se escuchaba a través de los altavoces sitiados en el exterior del templo.

Esperamos a que terminara la oración de los lamas, para acceder al interior del templo y contemplar todo el abanico de colores que te abraza nada más cruzar las puertas. Entre altares, ofrendas, fotografías, mandalas… La energía que se desprendía era de paz y respeto.

Tras una breve explicación del entorno del templo y la historia de Buda, visitamos el gigante Molino de Plegaria, que si lo haces girar en sentido de las agujas del reloj una vuelta completa hasta tocar la campana es como si recitaras todos los mantras contenidos en él.

¡Más de 700 millones de mantras!

Después caminamos alrededor de la estupa principal del centro, haciendo girar también los molinillos de oración recitando el mantra de la compasión “Om Mani Padmé Hung”.

Un templo budista alejado de la civilización, un oasis de paz en el prepirineo, situado en Panillo, comarca de la Ribagorza , un pequeño pueblo cerca de la villa de Graus.

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