Las personas consumimos cinco gramos de plástico a la semana mientras contaminamos el planeta

En 2025 los océanos tendrán una tonelada de plástico por cada tres de pescado

La contaminación por residuos plásticos es uno de los principales problemas medioambientales de nuestro tiempo y todo un reto por combatir. Se calcula que las personas ingerimos alrededor de 2.000 pequeñas piezas de plástico cada semana, aproximadamente 21 gramos al mes. Es el coste oculto de la contaminación.

Pero además de estar presentes en nuestro organismo, estos imperceptibles elementos también invaden los océanos y la tierra. Cada año se vierten a las masas de agua ocho millones de toneladas de plástico. Este hecho provoca que, aunque el Pacífico sea la zona de basura más grande del mundo, no es la única. El Mediterráneo ya es considerado la “sexta isla de plástico”.

Así lo ha recogido el Observatorio de Salud y Medio Ambiente en su informe “Contaminación por plásticos. Uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI”, elaborado por el Instituto DKV, en colaboración con Ecodes. El documento se hace eco de la necesidad de concienciar para actuar, ya que es innegable la relación que el impacto negativo de los plásticos tiene en la salud y en el planeta.

Un ejemplo de ello es que cada vez que lavamos un forro polar en la lavadora se desprende un millón de microplásticos que pasan por las depuradoras para acabar alojados en el mar. Del mismo modo, es fundamental renunciar a utensilios de un solo uso como bastoncillos o bolsas de plástico, cuyos perjuicios son superiores a sus ventajas.

“Estos productos ya están en el punto de mira de los legisladores de muchos países para la restricción de su venta e incluso su prohibición”, apunta con un soplo de esperanza el director de la Fundación Ecodes, Víctor Viñuales.

Las alarmantes cifras ponen en jaque una acción global para mejorar la gestión de desechos plásticos o, de lo contrario, en 2050 habrá más plástico que peces. Desde la Segunda Guerra Mundial se han producido 9.000 mil millones de toneladas de plástico y solo se ha reciclado el 9% de dicha cantidad.

Por esta razón, el consejero delegado de DKV, Josep Santacreu, sostiene que “lo primero es el reciclaje. Es necesario impedir que los plásticos lleguen a vertidos incontrolados como el medio marino porque afectan directamente al ser humano”.

“En los países desarrollados el plástico es una plaga. El problema de una botella de plástico es que la bebemos en un momento y tarda entre 400 y 500 años en desaparecer”, ha mantenido Santacreu. Esto confirma una contaminación intrageneracional y la íntima relación entre el medioambiente y la salud.

En este sentido, diversos estudios demuestran que los microplásticos son grandes disruptores endocrinos. Un consumo excesivo de ellos puede afectar al nivel hormonal hasta provocar diabetes, problemas de fertilidad especialmente en mujeres, tiroides, problemas inflamatorios e inmunodeficiencias que ponen en riesgo la salud.

Para reducir la demanda de plástico es conveniente educar a los ciudadanos. Pequeñas acciones diarias que no requieren un gran esfuerzo como utilizar fiambreras y bolsas de tela, comprar a granel, usar envases retornables y leer las etiquetas para rechazar los productos que contengan microplásticos suponen un paso hacia delante.

Si bien, el desafío comienza por las grandes compañías y las administraciones públicas. O al menos, la directora general de Rezero, Rosa García, tiene claro que “los mayores responsables son los productores, quienes ponen en el mercado los productos que después consumen los ciudadanos, así como las administraciones que deben regular una serie de medidas para conseguir una reducción efectiva de los desechos plásticos”.

Las alternativas actuales para sustituir los envases de este nocivo material van desde bioplásticos a los plásticos compostables, aunque no son la solución ya que también conllevan un uso inadecuado de los recursos disponibles. Por tanto, la idea que se mantiene desde DKV es la obligación de erradicar el plástico de origen, repensar el producto y crear un diseño sostenible de los alimentos. Si queremos un entorno mejor, claro.

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