Siempre me pongo en lo peor ante cualquier situación y me invaden pensamientos negativos constantemente. Estoy “rumiando” todo el día y no sé cómo parar.

Cuanto más protagonismo se va dando a un pequeño e inocente pensamiento negativo, más fuertes se vuelven y, con el tiempo, pueden acabar contaminando todas nuestras emociones, conductas y pensamientos.

Para poder transformar los pensamientos es necesario cambiar el diálogo interno, de tal modo que cuando pienses o digas algo negativo, trates de cambiarlo por algo neutro o positivo. Una estrategia para terminar con la repetición de estos pensamientos es hacer una tarea que implique fijar tu atención en ella y que a su vez te impida seguir pensando. De este modo, una vez cortado el pensamiento negativo no vuelve a reaparecer al instante al encontrarte concentrado en otro asunto.

Mi consejo: Lo bueno de que la manera de pensar sea un comportamiento aprendido, es que al igual que se aprende se puede desaprender y volver a aprender de forma diferente.

 

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