Esther Borao: “La tecnología te permite llevar a la realidad todo aquello que imagines”

La ingeniera aragonesa Esther Borao es una de las jóvenes líderes más influyentes a nivel europeo

Esther Borao era una niña de Gallur (Zaragoza) a la que le encantaban las matemáticas. Su inquietud por la lógica y la tecnología, desde bien pequeña, ayudó a que configurase su mente científica. Sin embargo, también desarrolló un fuerte potencial creativo gracias a la influencia pictórica que depositó en ella su madre.Una creatividad que, fusionada con un ingenio innato, le ha propulsado a lo más alto.

Esther Borao es hoy ingeniera, experta en robótica y programación y la nueva directora del Instituto Tecnológico de Aragón. También, es una de las jóvenes líderes europeas más influyentes. Es, además, educadora de las generaciones tecnológicas del futuro. Su efusión por la divulgación y la educación la ha llevado a crear, entre infinidad de proyectos, una Academia de Inventores para despertar el alma científica en los más pequeños. El centro de tecnología -situado en Aragonia- acaba de celebrar su primer aniversario.

Con tan solo 30 años, Borao es ya todo un referente, y no solo dentro del ámbito de la ciencia. Lo es para muchas niñas que, como ella, un buen día apostaron por su propio talento y salieron al mundo entonando “sí se puede”. Algunas de ellas, de hecho, cuando la saludan, aseguran no querer volverse a lavar las manos. Esther les ha dejado su esencia.

Pregunta.- Si escribiéramos en una tablet la fórmula Joven + Talento, ¿qué resultado obtendríamos?
Respuesta.- Yo creo que sería futuro. Necesitamos el talento de esa juventud y potenciarlo, dándoles herramientas para poder crear un futuro mejor.

P.- De talento usted sabe mucho. Acaba de ser reconocida como una de las jóvenes líderes más influyentes de Europa, ¿cómo se acoge semejante reconocimiento?
R.– La verdad que fue una sorpresa. Me llegó un mensaje a través de Instagram y me dije: “Esto es una broma”, pero no lo era. Al final es un reconocimiento que nos hicieron a mi compañero Luis Martín y a mí por todos estos años de trabajo dentro del campo de la Educación y las Nuevas Tecnologías, que hemos orientado a niños, adultos y profesores. En este tiempo hemos intentado darles a todos ellos herramientas para crear. Recogimos el galardón en Gambia, donde se celebró la III Conferencia Panafricana de Juventud Europa-África 2019.

Su creatividad e ingenio la han llevado hasta la meca tecnológica de Silicon Valley

P.- Es ingeniera, investigadora, experta en robótica…Nadie mejor cualificado para charlar de esta cuestión. ¿Qué es la tecnología?
R.- Es un medio para conseguir cosas. Yo estudié ingeniería industrial porque consideré que a través de ella, la tecnología, podría llevar a la realidad todo aquello que imaginara. De hecho, es la idea que intentamos transmitir. Que es mucho más sencilla de lo que podríamos creer y que, una vez la entiendes, te permite crear cualquier cosa.

P.– Y en esa ecuación opera otra variable indiscutible: la creatividad. ¿Qué es para usted?
R.- La creatividad es hacer las cosas de una manera diferente. A través de las nuevas tecnologías se despliegan un sinfín de opciones para todo. Sin ir más lejos, por ejemplo, Uber y Cabify, fusionando tecnología y creatividad, han logrado llevar lo que es el concepto del taxi a las personas de un modo distinto y, además, más barato. La creatividad es, entonces, saber encontrar el punto diferencial, algo que te haga destacar, ser diferente.

P.- Su creatividad le ha llevado hasta Silicon Valley o a colaborar en la sección de ciencia del programa “El Hormiguero”…
R.– Sí, participé en un programa de emprendimiento y, a través de él, los ganadores de cada provincia de España, nos fuimos a Silicon para palpar su ecosistema. Confieso que a mí lo que más “me llegó” fue conocer a personas que compartían la misma pasión, que estaban llevando a cabo sus proyectos. Es bonito ver que, poco a poco, todos avanzamos y vamos creciendo. Por otro lado, antes de montar los proyectos actuales, mi compañero Luis Martín y yo teníamos una asociación de arte y tecnología a través de la que presentamos varios proyectos al programa El Hormiguero. Uno de ellos lo seleccionaron: el cinturón para ciegos. Consistía en una serie de vibradores y una cámara 3D capaz de reconocer el espacio, y que, a medida que te encontrabas obstáculos, emitía una vibración. A los del programa les gustó la idea y fuimos a enseñarlo. Estuvimos varias veces sin salir, porque los tiempos en televisión son diferentes, pero, al final, nos conocieron y nos invitaron a quedarnos.

P.- Ahora todo el mundo también va a conocerla como la nueva directora del Instituto Tecnológico de Aragón, ¿cómo ha recibido este nombramiento?
R.- Es un superreto, aunque lo sientes como la culminación de todas esas semillitas que has ido poniendo. Va a ser toda una experiencia de aprendizaje, de crear más, para poner más semillitas. La verdad es que estoy muy contenta de todo lo que hemos conseguido, teniendo además la suerte de conocer a un equipo excepcional, donde todos vamos hacia un objetivo común. Trabajando juntos, lograremos muchas cosas. Ahora, con el ITA, es una alegría constante. Ahí dentro hay un talento inmenso…

Los fundadores de la Academia de Inventores de Aragonia, en la inauguración en octubre de 2018

P.- Seguimos añadiendo variables a la ecuación: la educación. ¿Hasta qué punto es importante inculcar en los más pequeños el espíritu crítico, el afán por la ciencia y la lógica?
R.- Mucho. Hace unos cinco años empecé a trabajar en ello, en llevar toda esa tecnología a niños y niñas para que la apreciaran como es y, digamos, “aprendieran haciendo y creando”. Con esa filosofía empezamos hace un par de años dos proyectos. “The IFS”, que es una familia de robots ideados para que los más pequeños, sin necesidad siquiera de que sepan aún leer, aprendan, entre otras muchas cosas, la lógica de la programación, mediante una serie de piezas. La idea es que empiecen a estructurar su cabeza y abran su mente, al mismo tiempo en que experimentan vinculando otros conceptos. La técnica de los IFS se basa en la “condición-acción”; es decir, si ponemos las piezas de Holly -una de las robots- boca abajo, se enciende una luz azul. Es una forma de aprendizaje, ya que ellos mismos (los niños) crean una lámpara inalámbrica. Además, al ser una familia de robots, estos se pueden comunicar a través de las acciones que los niños escojan, por lo que pueden crear sus propias historias con los personajes.

El otro proyecto que tenemos entre manos, y que hacemos en colaboración con la editorial Edelvives, es la “Academia de Inventores”. Un espacio que nació con la vocación de constituirse como un centro de innovación y creatividad para todos aquellos niños y niñas que se sientan atraídos por la tecnología. Igual que existen conservatorios para aprender música, la Academia es una especie de conservatorio, pero sobre tecnología. Además, es un lugar donde conocen a otros niños con intereses similares, generándose un sentimiento de comunidad muy especial. Hemos diseñado un “camino para ser inventor” que consiste en que los pequeños, a través de la ciencia, experimentan sus distintas áreas (robótica electrónica o programación) y, poco a poco, van descubriendo qué es lo que les gusta.

P.– ¿Cómo le surgen todas estas ideas?
R.- Bueno, no me surgen solo a mí. En los IFS somos un equipo de cuatro personas: Borja Latorre, Luis Martín, Fergus Reig y yo. Todo empezó por Borja, que tiene un niño, porque detectó que a los peques les faltaban herramientas para aprender a programar. Era, además, una buena fórmula para sacarlos del ordenador y llevarlos al mundo físico, tangible. A la realidad. Después, en la Academia de Inventores, estamos metidos tres: Jorge Mata, Luis Martín y yo. Los tres sentíamos inquietud por descubrir la ciencia y la tecnología. Por la creación. Por inculcar la semilla que nosotros ya tenemos de la ciencia…en los niños. Y nos juntamos para lanzar la Academia.

P.– ¿A dónde deben acudir esos pequeños que sueñen con ser inventores?
R.– Nos encontramos en el centro comercial de Aragonia, frente al Foster. Ya llevamos un tiempecito, porque abrimos las puertas el pasado año con 100 niños. En esta temporada ya somos 150 y todos vienen supercontentos porque no solo enseñamos tecnología, sino también otras competencias como la comunicación, el trabajo en equipo, el liderazgo… Cuando van subiendo de nivel, perfeccionando sus habilidades, no trabajamos todas las áreas: planteamos proyectos más a largo plazo. El año pasado hicieron un satélite del tamaño de una lata, y, en el grupo, cada uno tenía su rol: uno hacía la programación, otro el diseño de la electrónica, y juntos creaban ese invento. Eso sí, todos van poco a poco perfilando sus perfiles.

La Academia de Inventores cuenta con tres aulas especializadas en Ciencias, Robótica y Mecánica

P.- ¿Se ve algo reflejada en ellos? ¿Cómo era de niña?
R.- La verdad que yo era una niña cualquiera, de Gallur, aunque sí es cierto que tenía mis inquietudes. Me gustaban mucho las matemáticas. También me atraía el lado artístico, porque mi madre siempre estaba pintando. Supongo que la parte de la creatividad aplicada a la tecnología me viene de ahí. Y, ahora, me gustan mucho los wearables, la costura electrónica o los sensores en ropa. Todo lo que tenga que ver con mezclar tecnologías y creación de cosas diferentes.

P.- ¿Qué es la costura electrónica? Para los no entendidos….
R.- (ríe) Ay, sí. En lugar de usar cables se emplea un hilo conductor que conecta leds a un microcontrolador, que es el “cerebro” que le da la orden al led para que se encienda o no. Un poco de contexto: hace un tiempo organizamos un campus en el que -por equipos- los niños tenían que elaborar, a través de este sistema, un proyecto social. Un grupo de niñas creó una camiseta con un sensor de pulso que debía colocarse en la oreja y así, dependiendo del pulso, si este se aceleraba demasiado –síntoma de un ataque- esa camiseta empezaba a encenderse con luces de colores, mientras sonaba la melodía de la Guerra de las Galaxias.

P.- ¡Eso es creatividad! Y ha sacado un tema relevante: usted está muy vinculada al fortalecimiento de la mujer científica, al cambio de los role models.
R.– Sí, esa vinculación vino a raíz de trabajar en el proyecto de The IFS. Percibí que las familias compraban más robots a los hijos que a las hijas, así que decidí intentar darle la vuelta. Conocí a un grupo de chicas que también estaban muy involucradas en el tema y, entre todas, creamos la asociación MujeresTech. A través de ella, se ha generado en Aragón una comunidad de personas muy sensibilizadas que luchan por cambiar las cosas. Además, son personas que no solo trabajan directamente con la tecnología. Es esa multidisciplinaridad la que permite observar diversas e interesantes perspectivas de la tecnología. El próximo 16 de noviembre, MujereSTech organizará un evento en Etopia.

P.-Últimamente han nacido numerosos movimientos por el mundo similares. ¿Cree que está cambiando algo?
R.- Poco a poco se empieza a apreciar ese fomento de la ciencia y la tecnología en las niñas. Es importante inculcarles que pueden ser lo que quieran. En el caso científico, hacerles ver que no es tan difícil como parece, ni que es “cosa de frikis”. El papel de los padres es relevante en este sentido y ya se ve cómo muchos ya les animan a sus hijas diciéndoles “pruébalo”, “apuesta por ello”.

P.– También tendrán algo que ver sus charlas por colegios. ¿Preparada para asumir que, probablemente, vaya a convertirte en referente de niñas y también de niños?
R.- La verdad es que cuesta asimilarlo, pero, supongo, es una de las grandes motivaciones. Estar “ahí” es señal de que es posible que las mujeres podemos hacerlo. Me pasó además algo curioso cuando estuve dando una charla en Madrid en una Feria de Educación. Me vino una niña a dar la mano y me dijo “nunca voy a lavármela”. Pensé: “Yo tampoco”, por lo que me acababa de decir. Estas cosas te dan esperanza.

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