Zaragoza respira emoción e ilusión en el día grande de las Fiestas del Pilar

Después de dar las flores a la Virgen la mayoría de ellos tienen planeado tomarse un vermú con la familia o amigos

Las calles de Zaragoza huelen a flores y miles de baturros y baturras viven este día con especial emoción. La gran estructura va poco a poco completándose con los ramos de los baturros ataviados con sus trajes tradicionales. A las 10.30 horas se ha colocado la Cruz de Lorena y el manto floral ya luce la bandera del país invitado, El Salvador.

Grupos de familias y amigos han compartido cómo “al entrar a la plaza y ver a la Virgen se pasa todo”. “No importan los madrugones, el calor, el peso de la ropa… merece la pena”, han dicho. “Estamos muy contentos y lo vivimos con mucha emoción”, han añadido. Algunos de ellos pasaban la ofrenda por primera vez y otros lo hacían después de muchos años. “No veía el momento en ponerme el traje y pasear por la plaza del Pilar”, han dicho.

Además de esa emoción, la mayoría de oferentes comparten los madrugones y el estrés a la hora de vestirse. “Nos despertamos con mucho tiempo de antelación, he empezado con los niños, la faja, el pañuelo… y yo me visto la última”, ha contado una madre que, pese a todo eso, “cuando entras a la plaza es un sentimiento que no se puede explicar”. Después de dar las flores a la Virgen la mayoría de ellos tienen planeado “tomarse un vermú con la familia, comer por ahí todos juntos y luego ver las jotas”. “Aprovechamos este día tan especial para pasarlo con la familia y amigos, que es la mejor forma de vivirlo”, han dicho.

También parte de la Corporación ha participado en la ofrenda, entre ellos el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón, que ha lucido un traje del concejo zaragozano del siglo XVIII. “La parte superior está compuesta por una camisa de hilo, un chaleco de seda en tono crudo y una chupa de seda marrón”, ha explicado. “Debajo llevo un calzón, también de seda marrón, combinado con unas medias de algodón y unas ligas bordadas”, ha añadido.

Los complementos que dotan de color a la vestimenta son un pañuelo y una faja de seda, ambos en color cardenal. Como señas distintivas del concejo, luce un sombrero de ala ancha y una capa, dos piezas que simbolizan respeto. Las vueltas de la capa, al tratarse de un día de ceremonia, están confeccionadas en terciopelo negro (en otras ocasiones estas vueltas suelen ser de color).

Los detalles que distinguen el traje de alcalde de los del resto del concejo son las hebillas de plata que luce en los zapatos y la bara de mando. La capa y el chaleco son piezas antiguas, que se han conservado hasta la actualidad. En el chaleco, destaca el detalle de los botones, de tipo “manzaneta” y de plata calada. El resto de las piezas son reproducciones de las vestiduras de la época.

Por su parte, la vicealcaldesa ha vestido una indumentaria de fiesta tradicional de Zaragoza. “Es de un conjunto completo con vestido y joyas de mediados del XIX. La falda es de seda natural hecha en telar antiguo”, ha explicado. El mantón de Manila es de seda natural bordado con detalles chinos en miniatura. Como peculiaridad, el mantón está igualmente bordado por el revés con los detalles completos de manos y caras de las figuras que lo adornan. El conjunto se completa con unas enaguas de hilo y balencies, y peinetas antiguas de carey.

Por su parte, el arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez, ha querido mandar un mensaje “de júbilo y gozo porque hoy la virgen nos convoca a todos porque es madre de todos”. “Hoy Zaragoza huele a flores y suena a jota”, ha dicho.

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