Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

La pérfida Commonwealth va, y parece que se sale del paraíso

Luis Iribarren

Tenemos tres fortísimos vínculos o ligazones con Reino Unido y una con Irlanda en nuestra vida cotidiana. El britpop, las academias de repaso o conversación en inglés (mejor con acento U2 pero no Van Morrison) y los hippies o brokers residentes en el medio rural aragonés. Conquistadores de nuestro paisaje del bueno virgen y prensado en frío.

Siempre potenciales inversores como ya se apunta en Shakespeare: en personas, negocios o lo que ellos llaman estate con “e” de Ejulve.
Sajones con gotas de sangre vikinga y celta adoradores de caballos que aquí pasan hambre de avena, son los grandes conocedores del territorio. Junto con sus primos los alamanos de más al sur, adelantan el turismo de interior de calidad. Van por la vida a paso pelau sin pedir permiso, como Tom Jones cantando en Las Vegas. Lo arreglan después con un té que vale 10 céntimos de euro y el meñique polite levantado outside the taza.

Pero no es justo no ponderar sus hazañas. Las mejores rehabilitaciones del Pirineo con efecto demostración y la creación de grupos de albañiles especializados en construcción tradicional – los superadores de levantar paredes a cincha, bloque, ventana de aluminio y pared blanca estucada- a ellos es debida.

Por el contrario, es el yang, muchos de los asentados son after hippies atraídos por esa España de pandereta y viaje iniciático. En su vejez, chupan de la borrega de salarios de inserción, sanidad y medicamentos prácticamente gratuitos y demás turismo sanitario. Por citar un ejemplo, son una rémora para el sistema mucho más que un ecuatoguineano o que un boliviano, porque los últimos vienen jóvenes y a trabajar y cotizan si les dejamos. Que es que no.

Los ingleses han venido a vivir esa vida de cardo y mora, contemplativa, a difundir Camino de Santiago, pájaros y románico en inglés –lo que no está mal-, a cobrárselo en libras cuando les conviene –lo que sí está mal, a comportarse como piratas hollando un territorio virgen de cuarto espacio a lo Livingstone –lo que es un escándalo que les permitamos pero que simplemente lo que refrenda es que Aragón son Zaragoza, Huesca y Teruel ciudades más cabeceras de comarca más Barcelona y Valencia-.

Resulta que ahora que la PAC ha enriquecido el agro popular, les molesta que se haya terminado la economía neolítica y del trueque. Y que la educación recibida haya hecho de los nietos de los analfabetos unos corsarios a escala mundial, como son estos pérfidos ya por educación.
Se quieren ir con muchísima razón en parte: porque al tener pocos latifundios internos –nunca hablan de sus propiedades en Malawi- son netamente aportadores a Europa a diferencia de Aragón que para eso ye nazion; porque tienen sus propios problemas con su propia emigración de Commonwealth –la historia les devuelve gin tonic pero cardamomo para aburrir-, porque ser Europa ha bajado las nóminas de los maniobreros hooligan que apoyan el Brexit –les han enronado y hundido el mercado de trabajo de albañiles eslavos que ahorran gastos viviendo juntos- y fundamentalmente, también por una razón histórico jurídica.

Inglaterra comparte con Aragón momento “Vidal Mayor”. A su manera, es una sociedad precursora de un cierto derecho de los bosques, de pacto entre fuertes –de lucha de tronos, cuyo empacho de visión hace a Pablo Iglesias no tener de esa correa (gurtel) romana-, de hombre lobo para el hombre, de puritanismo y salvación obtenida por acumulación de riqueza, en este mundo. No son precisamente hidalgos pasivos. Por ello, se aprovechan aún hoy, como los chinos, de nuestra pereza y contradicciones por excesivo imperio de la ley.

Lo cual que desarrollaron ese concepto tan molesto para un mediterráneo romanizado: el de soberanía estatal, a partir de la soberanía individual. De la esfera de derechos que nadie puede violar porque tú los defenderás, la libertad personal que te redimirá modo Calvino y que te permite el emprendimiento, la depredación y el liberalismo a ultranza. El resto, excepto tú, no son los elegidos.

Cualquier inglés te puede hacer un descosido creando la Compañía de las Indias Orientales de Sobrarbe.

Pero tienen profunda razón en el principal asunto de pérdida de soberanía en la ordenación del territorio: aragonesa: la política agraria común, la de mantener jóvenes reconvertidos en herederos, no se decide en el presunto Parlamento europeo sino por una Comisión integrada por comisarios políticos de partidos y grupos de interés –resucitados en ocasiones o caídos de un guindo desde Lehman Brothers- que ningún europeo elegimos.

Para eso prefieren salirse e incumplir, como siempre, el Espacio Schengen y pensar que lo de Ceuta, Alepo y Lampedusa van solo con o contra Francia y Alemania, las manos que mecen la cuna.

Ellos mecen la del curry, irse a Australia cuando quieren o remontar el Yukón cazando reno. Entonces, desde Bearn y Aragón, tendremos que contestar en el sentido de que los que se han quedado aquí a la deriva, cobrando pensiones y herencias en pound, tributen de forma verdaderamente progresiva. Y su sanidad en su vejez, se la pague Albión mediante conciertos.

Claro está que con que inviertan una serie de euros les amnistiaremos como a Pujol que, que yo recuerde, muy sajón no parece.

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