«Ad Astra»: Cuando el problema es ser demasiado buena

Estamos y está el público generalista excesivamente acostumbrado a consumir hamburguesas del McDonalds. Ese tipo de comida que no requiere ni demasiado tiempo ni dinero. Esa alimentación que te hace bajar el listón de lo mínimamente exigible pero que sin embargo ofrece otro tipo de experiencias coloristas, sonrisa en cara, y muñequitos para que los niños no te den la tabarra. Ese tipo de restaurantes ‘fast food’ de los que sales pensando que ha sido un rato agradable pero que sin embargo y si te paras a analizar, te das cuenta de la comida de baja calidad que acabas de ingerir así como de los hambriento que estás al poco rato de –supuestamente– haberte llenado hasta la saciedad.

Todo esto puede ocasionar que tu paladar, casi sin querer, se haga a un consumo de baja calidad y cuando te presenten algo extremadamente trabajado, con una utilización de recursos sorprendente o una materia prima de primera calidad no sepamos apreciarlo en su justa medida. Llegando incluso a criticar su excesiva elaboración, su rebuscado emplatado o su elevado precio. Cuando la calidad se convierte en tu propio enemigo.

Algo así pasa con el cine de uno de los mejores directores –en la sombra- que existen hoy día en el mundo. Un nombre que pocas veces saldrá en los listado de más renombrados, que probablemente no tenga tampoco en su haber ninguna de las películas top que podrías decir ante cualquier cuestionario de “¿Cuáles son tus películas favoritas?”, y que sin embargo lleva una carrera de análisis. No estoy hablando de otro que de James Grey. Este neoyorquino que con tan solo 25 dio un manotazo encima de la mesa al ganar nada menos que el León de Plata de Venecia a la mejor dirección por su sorprendente ópera prima ‘Litlle Odessa’ (aquí llamada ‘Cuestión de sangre (Little Odessa)’), un film de cine negro que cuenta las relaciones de un asesino a sueldo al regresar a su hogar que contaba con la presencia de Tim Roth o Vanessa Redgrave. Posteriormente la mano del ‘Untouchable’* hizo su trabajo. Su buen trabajo. Y es que temas personales aparte, no podemos negar que Harvey Wenstein y su sello Miramax tenían un ojo clínico para detectar buen nuevo cine de autor, como así hizo con ‘La otra cara del crimen’ (2000) con Mark Wahlberg, Joaquin Phoenix, Charlize Theron, James Caan y nuevamente Vanessa Redgrave.

A partir de aquí aparecerían otras grandes películas como ‘La noche es nuestra’ (2007), ‘Two Lovers’ (2008), ‘El sueño de Ellis’ (2013) y su memorable secuencia final inspirada en un relato familia real, y la superlativa y generalmente poco valorada por el público de MacDonals, ‘Z. La ciudad perdida’ (2016) con unos enormes Charlie Hunnam y Robert Pattinson. Todo ello con el denominador común de la calidad fílmica, la introspección del ser humano y el análisis interior de los personajes; y con la gran variedad de géneros que Grey es capaz de transitar: la ciencia ficción, la aventura, el drama migratorio, el romance o el thriller policiaco. Un tipo para el que no existen más límites que los de contar con grandes actores y planificar cada plano hasta la extenuación.

Ahora aterriza en nuestras pantallas con su nuevo –y quizás más ambicioso– proyecto cinematográfico: ‘Ad Astra’. Un drama personal y familiar, narrado en primera persona y que nos arrastra a un futuro próximo donde el mundo como lo conocemos hoy día está en peligro, donde existe una plataforma espacial anclada a la corteza terrestre y donde la navegación hasta los confines del Sistema Solar resulta completamente plausible con el fin de determinar la existencia de vida inteligente en lugares absolutamente recónditos y alejados de nuestro conocimiento actual.

Ad Astra’ es una película de una magnitud muy considerable. No tanto como la gran película del siglo XXI –‘Interstellar’– con la que comparte varios elementos al menos en los estructural y humano (como por ejemplo la presencia de Lorne Balfe en parte de la banda sonora, aprendiz y segundo del gran Hans Zimmer; o de la fotografía del deslumbrante director de foto Hoyte van Hoytema sobre el que llamo la atención mirar su filmografía de los últimos diez años), pero un film que no le anda demasiado a la zaga.

La película está protagonizada por un Brad Pitt contenido, emocionado y absolutamente entregado al proyecto. Un personaje que, quizás junto al que nos muestra en el regreso de Tarantino con ‘Érase una vez en…Hollywood’, se podría encontrar entre sus cuatro o cinco trabajos más notables de toda su carrera y el más brillante en la última década. Además de Pitt la película cuenta con las pequeñas aportaciones (y digo pequeñas porque el protagonismo del film no es compartido en absoluto) de actores tan plausibles como los veteranos Tommy Lee Jones y Donald Sutherland o de Ruth Negga, Liv Tyler o el cameo de Natasha Lyonne como espejismo refrescante en un desierto de dramatismo.

La película tiene en su calidad a su propio enemigo. Y es que muchos espectadores no quiere el ‘Pato al orange’ de Grey, sino la susodicha hamburguesa de baja calidad que no recuerdas ni haber comido con el paso de los minutos, pero que sin embargo deja una sensación efímera de disfrute. Algo que llevado al cine podrían ofrecer directores como Michael Bay, Stephen Sommers o Rob Cohen. Público que no quiera encontrar un film intimista sobre la conflictiva relación paterno-filial que presentan Brad Pitt / Tommy Lee Jones, o que le resulte aburrido analizar el discurso de Grey entorno a la búsqueda de lo inalcanzable, lo extraterrestre, lo religioso, en lugar de apreciar cada segundo de convivencia con el prójimo, con el hermano o con el hijo aquí en la tierra. Toda una pena.

As Astra’ es compleja, es trabajada, está cuidada y nos traslada un dilema a nuestras cabezas. Presenta una banda sonora cuyo cartel encabeza un serio Max Richter y que secunda Lorne Balfe. Deleita con la fotografía de Hoyte van Hoytema. Tan fría, tan espectral, tan trascendente, pero jodidamente tan buena.

James Grey además sazona cada eslabón de esta aventura espacial con una secuencia de acción/tensión como diciendo: ‘Que sepas que se y puedo hacerlo. Pero resulta que no quiero’. Unos instantes que no rompen el tono sino que ayudan a plasmar el tono de epopeya y drama por la supervivencia que el astronauta Roy McBride padece en la historia.

Hay cosas con las que podrán estar de acuerdo o no tras la lectura del texto. No les culpo. Lo que no podrán negar es la referencia clara que flota en la atmósfera del libreto (realizado por James Grey y Ethan Gross –autor de aquella brillante y divertida serie que era ‘Fringe’) sobre el relato de Joseph Conrad ‘El señor de la tinieblas’ y que tan memorablemente fuera plasmado por Coppola en ‘Apocalipsis Now’. Otra mirada, otro prisma pero la misma base de héroe pasado al lado oscuro que debemos de combatir. Una referencia que alimenta una película. Un film para ser recordado y que no debe caer en el olvido.

*En alusión al reciente documental dirigido por Ursula McFarlane sobre el abuso de poder de uno de los mayores magnates de la industria cinematográfica reciente: Harvey Wenstein.

www.habladecine.com

LO MEJOR: La dirección de James Grey. Un Brad Pitt en su mejor momento.

LO PEOR: No entrar en su atmósfera y estilo.

VALORACIÓN:

Banda sonora: 8

Fotografía: 9

Dirección: 9

Interpretación: 7,5

Guión: 8,5

Satisfacción: 8,5

NOTA FINAL: 8,4

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