«Sordo»: Un western muy maqui

Esta semana se han estrenado sin mucho bombo dos de las películas más interesantes del pasado festival de Málaga. Una, atrayente aunque más convencional en su propuesta (Litus), la otra mucho más arriesgada y atractiva: ‘Sordo’, con la que nos quedaremos.

La película supone el segundo largometraje de Alfonso Cortés-Cavanillas tras ‘Los días no vividos’ (2012) y resulta un autentico espaldarazo a su carrera. Un film llamativo en propuesta por varios de sus aspectos: desde ser una adaptación de un cómic (el realizado por David Muñoz y Rayco Pulido), algo que en España no se estila mucho –destilar sin embargo sí, mucho–; o al centrarse en la guerra civil y su posterior dictadura franquista (hay corrientes de quienes argumentan el ‘olvido’ de la memoria histórica acontecida en España como símbolo de avance, cuando precisamente cualquier democracia y cualquier país que ha padecido la infamia de las dictaduras precisamente debe recordar para aprender y no repetir) o también, porque no, por el mero hecho de ser un western en su fundamento más básico, incluso en su estética, para servir de elemento de repulsa para aquellos que también han catalogado el género como obsoleto o caduco.

Por todo ello la película ya merece un olé, castizo o no, pero un olé bien sonoro por su riesgo. Pero no solo por eso, también por sus calidades y cualidades.

Sordo’ nos traslada al año 1944, instante donde muchos de los maquis escondidos por los montes huyendo y combatiendo el franquismo se reunieron recibiendo guerrilleros franceses liberados tras el fin de la II Guerra Mundial y organizando la llamada ‘Operación reconquista’, a través de la cual quería conquistar el Valle de Arán hasta Viella y levantar al pueblo en contra del régimen franquista con el fin de obligar a los ejércitos aliados a liberar a España de la dictadura. El final ya es sabido por todos.

De forma que Alfonso Cortés-Cavanillas nos contextualiza la acción en ese instante temporal pero sin embargo no nos muestras las entrañas de la post guerra civil, ni podemos hablar de una película de dicho sub-género sino que, como decía antes, nos presenta un western en toda regla, con sus ‘vaqueros’, ‘indios’, tiros y homenajes a los maestros del género (como Leone o Ford) incluidos. Algo parecido a lo que en su día hicieron Guillermo del Toro con ‘El laberinto del fauno’ o Alex de la Iglesia en ‘El espinazo del diablo’.

El film se centra en Anselmo (Asier Etxeandía), un maqui de una patrulla que pretende sabotear un puente (imposible no recordar aquella memorable secuencia de ‘El bueno, el feo y el malo’). La operación sin embargo saldrá mal. Él perderá la audición a causa de la explosión y su compañero y amigo será apresado por los nacionales. A partir de ahí nos muestra la persecución que el capitán de la guardia civil emprende para cazar al prófugo Anselmo.

Sordo’ está repleta de grandes secuencias. Como aquella de la casa de campo y su asalto, o el momento del personaje de ‘la rusa’ en el bar (cameos de Manuel de Blas y Antonio Dechent incluidos), así como muy variados instantes donde los juegos de luces y sombras cobran vital importancia ya sea en interiores como en fabulosos paisajes cántabros a la luz de la luna. Sin embargo hay momentos donde tuve la sensación de que algo faltaba/fallaba. De instantes poco creíbles y hacían continuamente trabajar a mi cerebro en recordar lo que estaba viendo: una película que adaptaba un comic. Con lo que ello conlleva.

Por otro lado el deleite visual era muy elevado. La fotografía de Adolpho Cañadas es deslumbrante. Paisajes, contrastes de colores, interiores. Todo cuidadísimo. También el vestuario y el atrezo. Capítulo aparte también merece el trabajo de los sonidistas. Superlativo. Gracias a ellos podemos por momentos sentir la sordera y la molestia auditiva que sufre el protagonista en nuestra propia piel –o nuestro propio tímpano–.

De forma que tenemos una historia interesante, con sus lagunas (como el curioso ir y venir a sus anchas de ciertos personajes) eso sí, con una labor técnica intachable en imagen y sonido, que busca no ser maniqueo al mostrarnos personajes nacionales bondadosos (algo que no es sencillo de encontrar en el cine) y que sobre todo cuenta con una labor actoral muy destacada en sus personajes principales. Aquí es donde brillan Asier Etxeandía (un actor notable que a veces tiende a la exageración y que sin embargo aquí borda su personaje) y Marián Álvarez (una estupenda actriz poco aprovechada por la industria). No tanto Aitor Luna (presa de su personaje) o Imanol Arias (que por momentos parece querer ser Antonio Alcántara). Hugo Silva está bien aunque casi irreconocible por el maquillaje.

En definitiva un film arriesgado, diferente. En el que debes de dejarte llevar teniendo muy presente el origen de la materia prima (el cómic), donde se disfruta ampliamente con el paisaje cántabro y donde recuperamos un género casi olvidado –western-.

www.habladecine.com

LO MEJOR: La fotografía, el montaje y el sonido

LO PEOR: El guión tiene detalles que en el lenguaje cinematográfico chirrían.

VALORACIÓN:

Banda sonora: 7

Fotografía: 9

Dirección: 7

Interpretación: 7

Guión: 3,5

Satisfacción: 6

VALORACIÓN: 6,58

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