Vidas enterradas y La ridícula idea de no volver a verte

Dos obras centradas en la muerte, como fenómeno cruel e inesperado, en diferentes situaciones y proyecciones, han invitado a los espectadores a reflexionar sobre este drama y sobre las huellas que quedan en quienes permanecen tras la tragedia.

Vidas enterradas

De las ondas al teatro es el trayecto que ha recorrido una obra singular, nacida en un serial radiofónico de Javier del Pino, conducido por los periodistas Concha Cejudo y Gervasio Sánchez en el programa dominical ‘A vivir que son dos días’ de la cadena SER.

Las compañías Teatro Corsario, L’Om Imprebís, Micomicón y Teatro del Temple han transformado seis textos escritos por Juan José Millás, Juan Mayorga, Mafalda Bellido, Alfonso Plou, Laila Ripoll y Pepe Viyuela en una sorprendente sucesión de monólogos que el Teatro de las Esquinas ofreció los pasados días 19 y 20 a un reducido número de espectadores, 30 por sesión.

Circulando por diferentes espacios del Teatro y su Escuela, fueron encontrándose con los actores María José Moreno, Mariano Anós, Pilar San José, Santiago Sánchez (al mismo tiempo director del sketch), Carles Montoliú, Luis Miguel García y Mateo Rubinstein que dieron vida a las historias de los protagonistas de la obra, personas víctimas de la represión franquista durante la guerra civil y el tiempo inmediato, en algunas ocasiones los propios asesinados y, en otras, sus descendientes o compañeros.

Todos los episodios están cargados de dramatismo y algunos en el extremo más trágico que pueda concebirse, particularmente el titulado ‘A los pies del Moncayo, con texto de Alfonso Plou, una pieza de enorme densidad emocional interpretada por María José Moreno, bajo la dirección de Carlos Martín.

El serial radiofónico, que ha sido reconocido con el premio internacional de periodismo Rey de España 2018, sigue en antena con los mismos creadores, y es previsible que de él se deriven nuevas puestas en escena por parte de las compañías participes en este espectáculo sobrecogedor. La carga emocional crece con el elevado acento poético utilizado por los autores y con unas puestas en escena inmediatas y austeras, pero de gran impacto.

El propósito de los gestores de esta inusual iniciativa, los directores Jesús Peña, Mariano Llorente, junto a los ya citados Carlos Martín y Santiago Sánchez, es poder llevarla a espacios infrecuentes para el teatro, como los cementerios civiles y otros lugares donde se honra la memoria de los asesinados.

La ridícula idea de no volver a verte

El Teatro de la Estación ha abierto su Temporada con la versión escénica de ‘La ridícula idea de no volver a verte’, una cuasi novela de Rosa Montero, publicada en 2013, en la que se entremezclan la referencia biográfica a la dos veces Premio Nobel de Física y Química, Marie Curie, con las alusiones autobiográficas de la propia autora.

La prestigiosa actriz María Luisa Borruel, dirigida por Eugenio Amaya, ha presentado la obra producida por la compañía Aran Dramática en un escenario poblado por mesas de escribir, libros y un sillón evocador. En un tono sereno, casi confidencial, la intérprete va desgranando algunos pasajes de la novela, a veces al pie de la letra, intercalando momentos de la vida de la científica polaca con otros de la propia autora, centrados los últimos en la muerte y reminiscencia de Pablo, su pareja.

También la muerte inesperada de Pierre Curie, el marido de Marie, es el punto de encuentro de ambas historias que coinciden en hablar de la superación del dolor, tratando de las relaciones afectivas, de la muerte y de la vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la capacidad redentora de la literatura y de la posibilidad de disfrutar de la vida en plenitud.

Hay algunos pasajes singulares, como el dedicado a comentar la fragilidad masculina, o el que se refiere a la felicidad conseguida a través de una canción infantil interpretada bajo una higuera otoñal.

El desarrollo de la actuación es pausado, a veces meditativo, más reflexivo que emocional, aunque hay algún momento lacrimógeno, y desciende como una fina lluvia que penetra en los oídos y en la sensibilidad de los espectadores. Bien ilustrada la acción por la música de Óscar López Plaza y por las ilustraciones videográficas de Alex Pachón.

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