Jorge Garris Mozota / Geopolítico e Historiador

Incendios veraniegos, otro asunto polémico

Jorge Garris

Este verano fuimos informados por los principales medios de comunicación de una serie de incendios forestales, en España y en el extranjero que, desde luego, no nos dejaron indiferentes.

Cada vez que llega la ansiada época estival, tenemos que asumir que una parte de Aragón, del resto de España y de determinados países, sufrirán los estragos de los incendios, en la mayor parte provocados por la mano del hombre.

Los datos del Ministerio de Agricultura apuntan a que el 79% de los incendios entre 1996 y 2015 son por causa humana. Las motivaciones pueden ser diversas, los daños que producen son irreparables, y parece que salvo al que le afecta directamente, al resto le importa lo que duran las noticias.

El Gobierno de Aragón notificó que los incendios en nuestra Comunidad habían sufrido un incremento en los últimos decenios tanto en número como en superficie quemada. Pero desde hace un tiempo existen críticas acerca de su gestión, de la profesionalidad de las cuadrillas contraincendios y de los meses en que se les encomienda realizar los trabajos de prevención. Ello nos recuerda a hechos parecidos en otras partes de España como Galicia, donde gran parte de los incendios eran achacados al interés de las cuadrillas contraincendios. No obstante, las imprudencias cobran una mayor importancia a la hora de determinar las acusas, como se vislumbra en el caso del incendio de Gran Canaria.

Si un incendio quema una parte del país, lo empobrece y deteriora para las siguientes generaciones. Sin embargo, también se han convertido en un arma arrojadiza y otra excusa para inmiscuirse en las soberanías de determinados países. Precisamente en este verano nos impactó sobremanera los incendios en el Amazonas, el llamado “pulmón del Mundo”, concepto erróneo, y las diferentes reacciones, tanto por parte del presidente de Brasil Bolsonaro como de la comunidad internacional.

Obviamente, todos aquellos que están en contra de la figura del presidente brasileño y sus políticas anti stablishment corrieron a culpabilizarle de ello. Pues a los calificativos de “neoliberal ultracapitalista” se unieron los de interesado en la desforestación del Amazonas para conseguir más tierras para el ganado, agricultura y la tala de madera; principales causas de la desecación forestal y peligro de incendio.

De igual modo, se le culpabilizó del incremento de estos incendios, que realmente y según datos de la NASA, estaban a la altura de los acaecidos en los años 2004 y 2010, cuando gobernaba Lula Da Silva, del Partido de los Trabajadores. En cuanto a los focos de los incendios, el presidente Bolsonaro acusó a determinadas ONG de estar detrás de ellos, y lo curioso es que se produjeron tanto dentro de Brasil como en países limítrofes como Paraguay y Bolivia. Y precisamente en éste último, su presidente Evo Morales, fue denunciado por Amnistía Internacional, entre otros, de ser el responsable, a consecuencia de su Decreto 3973 que autorizaba a la quema de pastizales, de muchos incendios en Bolivia y hacia el exterior.

La solución la quiso encontrar el G7 y el presidente francés Macrón que trató del asunto del Amazonas sin contar con los países implicados, y suministrando la píldora explicativa de las causas relacionadas con las malas políticas de determinados gobernantes, el cambio climático, la deforestación y los mensajes alarmistas que superan la realidad.

La verdad es que los satélites sólo recogen imágenes de bosques previamente talados o que ya han sufrido incendios, no de la selva virgen.

Bien es cierto que la desecación producida por las sequías unidas a la desforestación es un factor alarmante, pero como en otros asuntos relacionados con la naturaleza y el cambio climático, los poderes mundiales saben cómo jugar con ellos para controlar y hacer cambios políticos que les puedan llegar a incomodar.

Puede resultar chocante, pero la nueva religión ecológica y del cambio climático traspasa fronteras y soberanías nacionales, hace buenos a unos y malos a otros, no siempre basándose en argumentos científicos contrastados.

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Jorge Garris
Premio Nobel de Economía 2019

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