«Érase una vez en Hollywood»: Basada en hechos ficticios

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Estoy seguro de que si Quentin Tarantino rueda en el futuro su undécima película, nadie se lo tendremos en cuenta. Mientras tanto, si es verdad lo que se publica, solo serán diez por lo que Erase una Vez en Hollywood es su penúltimo encuentro para esa legión de adoradores que esperan con ansia sus trabajos. De nuevo los diálogos interminables, las duraciones desmesuradas, los repartos de lujo, las bandas sonoras llenas de famosos y también desconocidos temas, la violencia de cartoon y una Crítica especializada que (salvo contadas excepciones) se rinde ante él. Mucha publicidad anticipada, demasiada aunque ya normal en estos tiempos mediáticos. Y aunque parezca que, en esta ocasión, se ha relajado y se ha visto invadido por la nostalgia y el constante homenaje, sigue preñando sus cine ( 165 minutos dan para mucho) de locura y exceso, para regocijo de sus seguidores y asombro del espectador, (si es que alguien lo es aún de su cine) primerizo.

1969. En la década de los 60 hubo muchas fracturas del Sueño Americano y de la “American way of life”. El asesinato de John Fitzgerald y Robert Kennedy, del activista pro Derechos Civiles Martin Luther King, la asfixia de la guerra del Vietnam. En el mundo del cine la década acabaría con la muerte de una joven Judy Garland y las películas que se fabricaban en el ( eternamente) moribundo Hollywood no tenían mucho que ver con las que se hacían en las décadas pasadas. En los sesenta, el cine estadounidense entró en una etapa de declive creativo y, además, sufrió una drástica reducción de la asistencia del público a sus salas de exhibición de películas. La televisión le seguía ganando espacio como medio de distracción y la gente prefería quedarse en casa antes que ir a un teatro. Ante este escenario, Hollywood trató de recuperar su protagonismo local y mundial a través de producciones de gran presupuesto, rodadas en coloridos escenarios exteriores de gran belleza e hizo participar en varias realizaciones a un gran número de actores famosos.

Cine y TV cabalgaban juntos y ambos se repartían el entretenimiento de la población americana. Pero todavía suponía un prestigio triunfar en la pantalla grande y ese es el objetivo de Rick Dalton, estrella de una serie de TV del Oeste en los años 50 y que ahora intenta dar el salto al Cine. Un cambio no siempre fácil y que provocaba a veces ( y aun sigue sucediendo) que los actores regresen a la pequeña pantalla donde era y es más fácil conseguir el éxito. En esta lucha por abrirse camino se encuentra Dalton junto a su doble de acción, empleado, confidente y amigoCliff Booth, un hombre de frases cortas y seguro de si mismo como revela la expresión de su rostro. Y en este decadente Hollywood, Dalton comparte vecindad con una estrella emergente, Sharon Tate, que se encuentra disfrutando de esa fama incipiente e ilusionante y cuya carrera apunta claramente hacia arriba.

Quentin Tarantino nació en 1963 por lo que los sesenta fue la década de su educación cinematográfica ( y musical) que desarrollaría plenamente durante sus años como dependiente en un vídeo club. El propio Tarantino ha dicho: “Cuando la gente me pregunta si fui a la escuela de cine les digo: no, fui al cine”. Y en esta película el director ha escrito su particular homenaje al Cine y la ciudad de los Ángeles, una auténtica carta de amor en el que se reproduce escrupulosamente un universo, un mundo especial y todavía mágico y, por que no, con el glamour que corresponde a la época de finales de los 60. Es tanto el detalle que ha prestado Tarantino a la recreación de este Hollywood que sería necesario un segundo visionado para no perder detalle: los estudios de Cine y TV ( vemos los de Fox y Columbia), las calles de la ciudad con las fachadas de los teatros en los que se proyectan títulos de la época, la música y las canciones , todas ellas anteriores a 1969, la estética que avanza ya la locura de los 70, las fiestas de los famosos al borde la piscina.

Y este homenaje al Cine lo es también al propio Tarantino, a sus anteriores ocho películas, y a sus gustos musicales y cinematográficos. Por este escenario vemos homenajes al cine oriental que recuerda a su Kill Bill; al spaghetti western proveniente de Italia y España y homenajeado en cierta manera en su Django desencadenado y en Los odiosos Ocho; el recuerdo a Malditos Bastardos esta presente en una de las películas de nazis rodadas por el ficticio Rick Dalton ( y esta película de Brad Pitt estará muy presente también en otra parte del film). Aun no era la época del cine de Blaxpoitaiton por lo que Jackie Brown se ha quedado sin su particular homenaje.

También refleja la hipocresía que rondaba en los estudios, donde un productor podía decirte que eras fantástico y una basura con una amplia sonrisa en la cara.

En resumen, que la película es un auténtico monumento a la nostalgia de una época y un tipo de entretenimiento que nutrió al director y que le ayudó a convertirse en lo que es. La ubicación de la trama en 1969 es clave dado que el tipo de producciones que vemos en pantalla se corresponden con un cine de calidad media baja. Es cierto, vemos carteles de películas como Funny Girl ( no olvidemos que la productora del film es Columbia) o Tora, Tora Tora pero también de títulos como El oro de Mackenna o la mansión de los siete placeres, así como series de TV como FBI o Mannix que concentraban al público alrededor de la televisión con más éxito que el Cine. Un festín para el cinéfilo y el mitómano aunque me pregunto si este argumento tendrá el mismo efecto en el espectador ajeno a este mundo.

Porque, halagos aparte a la estética y al homenaje, queda preguntarse si a nivel argumental el director ha bajado la guardia. Todo el film es una pura exposición de unos seres y sus circunstancias que parecen no llevar a ninguna parte. En un estilo similar a Pulp Fiction pero con muchos menos personajes, las historias que nos cuentan siguen caminos paralelos, que sabemos que de alguna manera convergerán en una fecha concreta ( pocos espectadores irán al cine sin saber los hechos reales en los que se inspira la película, benditos ellos), y está claro que Tarantino juega con esa baza para preparar al público y jugar con él. No olvidemos que el titulo del fin, Erase una vez, comienza como los cuentos que a todos nos han contado de pequeños, fabulas, relatos, historias ficticias. Y aquí ha mezclado personajes reales, que vivieron, se conocieron y compartieron sucesos con otros falsos ( quizás inspirados en muchos otros) cuya historia personal seria la de muchos artistas de Hollywood de ésta y otras épocas.

Con todo esto quiero decir que, por mucho que haya disfrutado del despliegue musical y visual, pienso que el film carece de una historia central que enganche. Solo en el pasaje en el que el personaje de Cliff Booth visita el rancho donde rodó en el pasado la serie de TV como doble de acción de Dalton, sentimos que la película avanza en alguna dirección, que la historia sale de la ficción de los estudios y se mete un poco en harina. Una escena larga, de tensión, capaz de generar inquietud y que engarza con el tramo final.

Por otro lado, no me convence la manera en que Tarantino va introduciendo los flash backs que permiten construir la imagen de la pareja protagonista. Son demasiado largos, tendrían que haber optado por un montaje más rápido y no tan explicativo. Todo está contado de manera demasiado minuciosa cuando pienso que el espectador no necesita tantos datos para entender las circunstancias de los protagonistas.

Como he dicho, Tarantino juega con realidad y ficción y manipula al espectador. Busca y consigue una cosa: que nos enamoremos del personaje de Sharon Tate. Todas las apariciones de la actriz van dirigidas a que el espectador la quiera, se encariñe con ella y pienso que es algo intencionado. Es la heroína de la historia sin haber hecho nada reseñable, solo sonreír y comportarse como una niña con zapatos nuevos. Y esa empatía que logra con el espectador es importante pues logra que todo el patio de butacas esté unido en ese tramo final.

Y aquí llegamos a un espinoso tema: la resolución final. Solo diré que es al tiempo lo mejor y lo peor del film. Me satisface enormemente pero también me decepciona. La razón de por qué… no puedo decirla sin hacer un spoiler de proporciones bíblicas.

Puede decirse que Tarantino extrae oro de sus actores. Tres personalidades distintas. Leonardo Di Caprio es el decadente Dalton, un actor que se encuentra en la encrucijada de seguir haciendo lo mismo o aspirar a crecer como artista. El oscarizado actor imprime ternura y humor a un prototipo de actor que podría ser un resumen de muchos otros que el Cine o la Televisión ha subido a los cielos para después expulsarlos de una patada al callejón de atrás. Brad “Botox” Pitt hace de la inexpresividad y de un tono de voz uniforme y exagerado un personaje que parece estar de vuelta de todo, una especie de John Wayne del que sabes tiene más opciones de ganar que de perder. Y la maravillosa Margot Robbie encarna a la, parece ser, maravillosa Sharon Tate, una actriz de carrera emergente que aún está en la fase de entrar a las salas para ver una de sus películas y comprobar las reacciones de la gente. Un encanto de personaje que cautiva al espectador.

Junto a ellos muchos actores, viejos conocidos del director y otros primerizos en su filmografia.Emile Hirsch, Margaret Qualley ( vista en Fosse/Verdon), Bruce Dern, Timothy Olaphant, Kurt Russell, Dakota Fanning, Michael Madsen, Damian Lewis,el recientemente fallecido Luke Perry o el gran Al Pacino.

La dirección de Tarantino es magnífica en la exposición de ambientes y escenarios, destacando esos travelling majestuosos que se elevan por encima de los edificios para mostrar, por ejemplo, un autocine de la época. Yo habría apostado, como he dicho, por un montaje más rápido de los flash backs y no haberse detenido tanto en la recreación de las películas y series de TV de Dalton. Igualmente podría haber sido más descriptivo con ciertos temas como el pasado del personaje de Cliff Booth, haber incido más en la secta Manson ( parece ser que varias secuencias se quedaron en la sala de montaje). Por contra, prefiere alargar el metraje con lo que le gusta, diálogos largos que parecen no contribuir al avance de la historia.

Una obra maestra resulta de nuevo la selección musical, una gozada para los oídos, títulos como California Dreaming o Mrs Robinson, sin olvidar el Bring a little loving de los Bravos, por poner un par de ejemplos. Mama Cass, Roman Polanski, Bruce Lee o Steve Mcqueen se pasean por la pantalla con el fondo de una banda sonora excepcional.

Siempre que oído que alguien dice que tiene que ver por segunda vez una película porque no sabe si le convence, pienso que realmente no le ha gustado y punto. Eso suele pasar con la obra de cineastas de prestigio. Pues ahora soy yo el que dice que debería ver por segunda vez ‘Érase una vez en Hollywood’ porque mi corazón esta dividido. Como obra para cinéfilos y tarantinianos de pro me parece excelente. Pero argumentalmente se me queda coja aparte de que el director, no solo se homenajea a si mismo, a su obra y cultura ( lo cual me parece genial ) si no que también, ay, se copia a sí mismo.

www.habladecine.com

LO MEJOR: Es un festín al sentido arácnido de los cinefilos. El trío protagonista esta sublime. La referencia al universo Clouseau. El final.

LO PEOR: Falta desarrollo argumental de muchos partes del guión. También el final.

VALORACIÓN:

Fotografía: 8

Banda Sonora: 10

Interpretaciones : 9

Dirección: 7,5

Guión: 6,5

Satisfacción: 7

NOTA FINAL: 8

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