«Rojo»: Tristes presagios de lo que ha de acontecer

Todos los países tienen un momento ( o varios o quizás muchos) de su Historia que pueden resultar vergonzantes. En nuestro caso, el más claro es la Guerra Civil y consecuente dictadura franquista, cuyas consecuencias aun permanecen latentes en nuestra Sociedad Democrática. El Cine Español se ha ocupado del tema, para algunos demasiadas veces, para otros pocas. En el caso de Argentina, su talón de Aquiles es la Dictadura de Videla de 1976. Una represión que llevó al asesinato, tortura, encarcelación y desaparición de 30.000 personas. Y que no sucedió de golpe sino fruto de una preparación de casi dos años perfectamente planificada y ejecutada.

La historia oficial, Garaje Olimpo, Kamchatka o Infancia Clandestina son algunos de los títulos abordados por el Cine Argentino sobre el tema. El director y guionista Benjamín Naishat estrena en nuestras pantallas Rojo, un curioso trabajo de género difícilmente catalogable pero dotado de un trasfondo y una ambientación que lo impregna de una invisible perolatente tensión.

La historia ronda alrededor del respetado abogado Claudio, que se ve envuelto en un desagradable suceso cuando es atacado por un extraño que no parece estar en sus cabales. Tiempo después, un inquisitivo detective rondará al abogado haciendo peligrar su vida cómoda y estable.

Rojo cuenta con uno de los arranques más potentes, mejor planificados y más inquietantes que he visto en mucho tiempo. El significado de esa escena que se desarrolla en un restaurante abarrotado de comensales, tendrá mucho sentido una vez acabada la película y con el resto de las historias que la pueblan, aparentemente deslavazadas, formarán un todo y darán significado al film. Porque Rojo podría encuadrarse dentro del género del thriller policíaco, pero también es un drama y tiene además mucho de cine político.

Porque la película empieza por un camino, pero rápidamente toma otra dirección para casi en el ultimo tercio retomar la idea original. Esto puede hacer que el espectador se sienta perdido porque no sabe muy bien cual de todos estos argumentos es el principal. Y eso hará que muchos se sientan decepcionados si piensan que están viendo simplemente una historia de intriga.

Rojo es en realidad un preludio de lo que poco tiempo después iba a suceder en Argentina.Las distintas historias son avances de otras muchas que aterrorizarían al pueblo argentino. La palabra “desaparecido” se hace relevante: el estudiante ausente cuya madre busca desesperadamente, el extraño que regresa a la patria y que parece haberse volatilizado, la gran casa de la que no se sabe quien es dueño y que es saqueada… por encima de esto, la sensación de que la sociedad se fragmenta, que hay una casta cercana al poder y que es capaz de hacer y deshacer, de apropiarse de lo que desea, de hacer desaparecer a quien es molesto. Y por debajo, el resto, ignorantes de lo que se avecina. Y en medio, el poder que crece como una enfermedad, que censura, que amenaza, que manda en la oscuridad…

La sensación de miedo creciente en la sociedad impregna esta película cuyo creador Benjamín Naishat la dota de planos que se prolongan, de silencios, de simbolismo. La obra de teatro que la hija del abogado ensaya a lo largo del film es una recreación de lo que supondrá la inminente dictadura.

Y al frente de un reparto desconocido para el publico español, dos nombres destacan por derecho propio. Uno el de Dario Grandinetti (Mejor Actor en el Festival de Cine de Donosti 2018), inmenso, al tiempo ejecutor y espectador atónito, juega con dos papeles contrapuestos logrando que el espectador empatice con él. Sobre él recae el peso de la historia. El otro es el rol que interpreta Alfredo Castro, el detective, ex policía, un tipo de personaje que se multiplicaría con la llegada de la Dictadura aunque para mi gusto excesivamente sobreactuado.

Rojo es una película desasosegante, en la que es más importante la atmósfera que recrea y el simbolismo que representa, que las distintas historias y argumentos que la componen. Historias algunas que se abren pero parecen no cerrarse porque lo verdaderamente importante es el significado de las mismas y lo que representan los personajes que las protagonizan. La idea de una democracia envenenada cuyos miembros han perdido la decencia y cuya enfermedad va a ser extraída de cuajo del paciente por esos que seguro se creían sanadores ( y salvadores) de la sociedad. Un film irregular para el espectador impaciente acostumbrado a que todo se lo den masticado. Un film inquietante que hará bullir la cabeza de los espectadores que busquen contenido, estímulos y nuevas formas narrativas.

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LO MEJOR: Dario Grandinetti y ese arranque circular en el restaurante. La idea de que la locura empieza a contagiar a quienes presagian lo que se viene encima.

LO PEOR: La sensación de argumento deslavazado que puede despistar a la mayoría de espectadores.

VALORACIÓN:

Fotografía: 7,5

Banda Sonora: 7

Interpretaciones : 8

Dirección: 7

Guión: 7

Satisfacción: 7

NOTA FINAL: 7,25

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