«El Rey León»: El juego de los 7 errores

Uno de los entretenimientos de mi infancia, triste como la de todos los niños de esa generación marcada por la ausencia de móviles, tablets o videojuegos, consistía en encontrar las diferencias que había en dos viñetas casi idénticas del dibujante francés Laplace, que el Heraldo de Aragón, el periódico de más difusión en Zaragoza, tenía a bien en incluir en la sección de pasatiempos. El clásico juego de “Los 7 errores”. Algo parecido a la diversión que me esperaba cuando mi padre terminaba de leer el periódico, es lo que puede experimentar el espectador de la versión de “El Rey León” que se proyecta actualmente en nuestras pantallas y que tenga más o menos reciente el recuerdo del film de animación de 1994, porque las dos películas parecen tan iguales como dos gotas de agua, excepto por el detalle de que la estrenada hace 25 años se realizó con técnicas de animación más o menos tradicionales y la actual es producto de un trabajo de maquillaje al que llaman “live action”, comúnmente denominado “imagen real”. Los planos, las secuencias, las escenas de una y otra son tan parecidas que la palabra inglesa con la que solemos referirnos a este tipo de operaciones marketingnianas, “remake”, cobra todo su significado en castellano. Jon Favreau, el director de la puesta al día de ese éxito comercial de Disney, ha “rehecho” la película de Roger Allers y Rob Minkoff pieza a pieza, pero utilizando otro material de trabajo y con un objetivo en la cabeza: dotar de mayor realismo a una historia magnífica. Mufasa, el león líder de la manada, tiene un descendiente, Simba. Éste es un cachorro con ganas de jugar y de divertirse al que su padre intenta inculcar conceptos como el deber y la responsabilidad. Engañado por su tío Scar, aspirante al trono de Mufasa, el joven león participa involuntariamente en un accidente que tendrá trágicas consecuencias, entre ellas su propio exilio. Allí conocerá a Timón y Pumba que le enseñarán como afrontar la vida olvidándose de las preocupaciones.


Favreau tiene en su haber, además de las dos primeras entregas de Iron Man, otro trabajo de similares características a esta nueva versión de las aventuras de Simba, “El libro de la selva” (2016). Esta, sin ser una nueva adaptación de la obra de Rudyard Kipling sino más bien un remake del clásico de Disney de 1967, tenía mucho del sentido del humor que el “Happy” del Universo Marvel cinematográfico ha desplegado en su variada e irregular filmografía. En “El Rey León”, sin embargo, parece haber abandonado toda iniciativa de definir un estilo personal en pos de una instrucción clara y concreta, que la fotografía y movimientos de todas las criaturas y animales que se muestran en la película sean lo más realista posible. Y ahí es donde está la trampa que la expresión “imagen real” esconde, porque, persiguiendo esa autenticidad en la producción de la película, se ha recurrido, en el fondo a un nuevo tipo de animación: los protagonistas de esta historia son animales, no son seres humanos que puedan memorizar un papel o a los que puedas dirigir. Para que puedan hablar y hacer lo que quiere el director, lógicamente, hay que recurrir a los CGI, a imágenes creadas por ordenador a partir de modelos del natural. El resultado es espectacular. Parece que estás viendo un documental de la 2, pero con una trama de ficción apasionante. Naturalmente les falta la expresividad que puede un animador darle a un dibujo: la angustia del joven Simba no es trasladable al rostro de un cachorro de león, ni se puede transmitir la sonrisa pícara de Timón y Pumba a un suricato y un jabalí verrugoso o la maldad de los ojos de Scar a un león.


La película de Favreau gana en realismo, sí, pero pierde en comicidad. Los momentos divertidos, aún siendo escenas resueltas narrativamente igual en las dos versiones, no lo son tanto en aquélla como lo eran en la de dibujos animados.


Por supuesto podemos seguir disfrutando de alguno de los elementos que hicieron de la película de 1994 un clásico contenporáneo, como las premiadas banda sonora, a cargo de Hans Zimmer, y canciones, éstas escritas por Elton John y Tim Rice. El apartado musical gana enteros además por la producción de Pharrell Williams, cuya mano se deja sentir especialmente en los temas clásicos, adaptándolos a los ritmos actuales.
Y tampoco cambia en su esencia la ya citada grandeza de la aventura que nos cuenta “El Rey León”. Esta historia formidable con ecos de tragedia shakespeariana (sobre todo de Hamlet) nos plantea el eterno debate entre lo que queremos hacer y lo que debemos, entre la devoción y la obligación, pero con el añadido de asistir al proceso de madurez de un joven. A partir de comportamientos y acciones, que en el caso de “El Rey León” de 1994 pocas veces se habían visto en un largometraje de animación destinado al público infantil, como un asesinato con alevosía y premeditación, la película reflexiona sobre el enfrentamiento entre la responsabilidad que debes asumir al entrar en la edad adulta y la despreocupación con la que algunas personas abordan los problemas de la vida. Esta dualidad está reflejada desde un punto de vista formal en la película asignando personajes y temas musicales a una y otra opción de vida y dividiendo la trama en dos partes bien diferenciadas. Nada tienen que ver la solemnidad de un tema como “El ciclo de la vida” con la alegría y el ritmo desbordantes de “Hakuna Matata”. O la exuberancia de las jungla donde viven Timón y Pumba con los áridos y adustos dominios del gran monarca felino.


“El Rey León” gustará especialmente a los amantes de los animales por la autenticidad y realismo de su fotografía, y en general a todos los espectadores que no han visto la versión animada de 1994 o a aquéllos que, aún habiéndola visto, quieran pasar un buen rato disfrutando de un relato de aventuras bien producido y con un poso de reflexión… ¡o jugando a “Los 7 errores”!

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LO MEJOR: La recreación por ordenador de los animales y sus movimientos; y, por supuesto, la historia.
LO PEOR: La falta de registros cómicos de algunos personajes. Se echa en falta más sentido del humor.


VALORACIÓN:
Fotografía: 8
Banda Sonora: 8
Animación : 8
Dirección: 5
Guión: 6
Satisfacción: 6
NOTA FINAL: 6,83

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