José Luis Labat / Periodista

Habemus presidente

José Luis Labat

Finalmente resultó que sí, que la discreción aparentaba una cosa, pero la realidad era otra. En medio de un desencuentro nacional en el que ya llevamos inmersos algún que otro año, resulta que Aragón sorprende a quien se quiera dar por aludido y va, y en un plis plas, se llega a un pacto de gobierno, al que no se ha podido llegar en el suelo patrio de la dimensión nacional. Esa otra dimensión de la política para mayores.

Dado que al personal de la res pública en clave nacional le cuesta tanto llegar a acuerdos, alguno de los de por aquí, de los del pentapactito o pacto a cinco, se ha puesto pelín ufano y ha enviado un mensaje a sus homólogos representantes en la cámara baja del país: ¡fíjense ustedes en el ejemplo aragonés y aprendan! Casi nada al aparato, y era el cabo Montllor de Sementales, me viene a la memoria al escuchar el fraternal y autonómico consejo.

Y pienso, y me pregunto también, si realmente nuestra tierra es tierra de pactos, como se ha reivindicado a lo largo del debate de investidura, o simplemente son las circunstancias de la historia las que propician el acuerdo. O lo que es lo mismo, si el confluir de intereses hace más fácil anteponer las coincidencias a los desacuerdos, sin importar el tamaño o naturaleza de estos últimos.

Algo así me parece vislumbrar en el caso que nos ocupa. La claudicación, por el interés, en la negociación de los cuatro partidos inmersos en el pacto con la fuerza ganadora de las pasadas elecciones en Aragón, en directa proporción a su vulnerabilidad, ya que todos eran conscientes de que una repetición electoral les podría hacer perder representación y escaños, ha puesto en bandeja la consecución de la cifra exigida para una mayoría en la investidura del candidato propuesto.

Pero la cifra necesita un maquillaje. Y así nos venden el paraíso, cuya referencia geográfica real, y no ya la bíblica, habría que situar al parecer por estos lares; citan a Aristóteles y su elogio de la moderación, (con lo feliz que se sentiría el filósofo al verlo perfectamente reflejado y conseguido en esta tierra), o recomiendan a los señores de Naciones Unidas que se den una vuelta por aquí, cuando quieran establecer agendas para el compromiso planetario de sostenibilidad y de calidad de vida.

El personal se ha venido arriba, aunque alguno, me cuentan, todavía se está pellizcando por si se trata de un sueño, porque casi no se lo cree. Es lo que tiene esto de la cultura del pacto, tan natural aquí. A ver si en estos días de agosto dejamos que repose la intensidad de lo vivido, que cobre forma la estructura del nuevo gobierno, y que volvamos en septiembre con ánimo renovado, si puede ser.

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