Parques infantiles y circuitos deportivos “made in Aragón” por medio mundo

La compañía aragonesa ha llevado sus diseños y productos por los cinco continentes, como este parque infantil en Australia

¿Qué similitud tienen una pista de skate, un tobogán, una red de juego para niños, un banco, una fuente, un circuito deportivo o un estimulador de agilidad para personas mayores? Todos ellos son elementos de mobiliario urbano, visibles en cualquier población. Pero hay una variable anexa al común denominador: Industrias Agapito. Una compañía aragonesa cuyos orígenes se remontan al siglo XIX, y que -tras labrarse una sólida trayectoria- reviste en la actualidad de ocio, bienestar y humanidad a ciudades de medio mundo. Industrias Agapito se encuentra hoy bajo el mando de la quinta generación familiar. Y en más de cien años, la historia da para mucho…

La directora comercial, Sonia Agapito, rememora con afecto los inicios de una empresa que “de siempre” ha profesado un espíritu visionario, a la par que acompasado con las necesidades de su tiempo. En un primer momento, allá por 1870, un antepasado anterior al tatarabuelo de Sonia abrió un taller de carretería donde fabricaba y mantenía carros para el trabajo agrícola. Con posterioridad, se hizo lo propio para camiones. Tiempo después, la empresa empezó a desarrollar una actividad “muy especial” para Sonia, que consistió en la restauración integral de tranvías antiguos.

Esta tarea terminó combinándose con trabajos de carpintería “a medida” para ciertos organismos públicos, llevando a cabo, por ejemplo, labores de vallado, restauración de retablos de iglesias o elementos en plazas de toros. Años siguientes, la actividad de la empresa viró completamente el rumbo, hasta adentrarse de lleno en un sector que por entonces nacía en España.

Industrias Agapito fue la precursora del banco “Modelo Zaragoza” conocido bajo esta nomenclatura en toda España

De carros agrícolas y tranvías a los primeros bancos de la calle

Antes de la década de los 70 no existían en España ni las papeleras, ni los columpios, ni los bancos por las calles. El mobiliario urbano apenas despegaba, pero Industrias Agapito apostó a futuro por especializarse en ello. Fue tal la aportación de la compañía aragonesa al progreso del sector a nivel nacional, que, de hecho, el banco diseñado por el padre de Sonia fue conocido durante décadas en España como el banco “modelo Zaragoza”, siendo, además, el más colocado por toda la Comunidad. Desde ese momento, Industrias Agapito fue posicionándose dentro de un sector que hoy en día crece alrededor del mundo. Un ámbito, explica Sonia -el de los equipamientos urbanos-, que “se ha desarrollado enormemente en las últimas décadas”, acogiendo, por tanto, mayor necesidad reguladora.

En ese sentido, Sonia destaca “como detalle importante” el surgimiento de la E1176: una normativa europea implantada tanto en Europa como en España, que empezó a dictaminar unas medidas de seguridad “muy estrictas” para juegos infantiles. Desde su implantación, el producto de Industrias Agapito jamás sale a mercado sin antes homologar y certificar cada juego o equipamiento deportivo en cuanto a formatos constructivos, a materiales de instalación o revestimiento de suelos. Todo, matiza Sonia, para garantizar “la seguridad del público”.

Con el tiempo, Industrias Agapito ha ido abriéndose, precisamente, a cada vez más público. Ya en 2007 iniciaron un “duro proceso de internacionalización” por el que empezaron a salir al extranjero. Coincidió con los años de la crisis, pero fue esa circunstancia la que ayudó a la compañía aragonesa a diversificar productos y clientes. Tanto que, ahora mismo, “contamos con una cartera de clientes en más de 30 países de los cinco continentes”, revela Sonia.

Estas tumbonas en el Mar Muerto también llevan sello aragonés

Productos que humanizan

Los productos de Industrias Agapito se engloban en tres macro categorías: Parques Infantiles, Circuitos Deportivos y Mobiliario Urbano. Dentro de los parques infantiles, se despliegan varias gamas de materiales (acero o madera) y líneas específicas destinadas a grupos diversos. Entre ellos se encuentran los parques adaptados a niños con capacidades diferentes y las líneas de estimulación temprana. Estas últimas son juegos adaptados a niños de 0 a 6 años, con los que se trabaja tanto la estimulación sensorial como la psicomotricidad y, en general, el aprendizaje multilateral. “También tenemos juegos con paneles educativos en ingles”, ejemplifica Sonia, orientados al desarrollo cognitivo. En este último caso el objetivo es que los pequeños puedan aprender idiomas “desde el propio parque infantil”.

Sin embargo, no es el único catálogo con el que la empresa tangibiliza un servicio manifiestamente humano. Resalta el boom de los equipamientos deportivos outdoor para mayores. En ese sentido, Industrias Agapito ha creado una línea de circuitos públicos conformados por elementos diseñados para trabajar la agilidad física, mental e incluso para ayuda ren los procesos de Alzheimer o la demencia. Estos productos están basados en ejercicios ligeros, pero efectivos. Cada uno de los elementos –piezas- han sido desarrollados, aclara Sonia, “en colaboración con una médico rehabilitadora y un fisioterapeuta”. Un negocio, en definitiva, “muy bonito” porque ofrece la oportunidad de atender “las necesidades de distintas personas y edades”, matiza.

Además de los circuitos para mayores, Industrias Agapito se ha sumado a la moda de la calistenia o el street work out. Esto es, los circuitos deportivos en calle con barras cruzadas que se emplean para realizar ejercicios físicos con el propio peso. Esta modalidad de circuito, además de estar dirigido a adolescentes, no solo busca diversificar las actividades de ocio para este grupo de edad, sino también fomentar la instalación municipal de espacios vinculados a un “estilo de vida saludable”.

Sus parques han sido exportados hasta el Golfo Pérsico

El reto de la globalización y de cómo hacerla más justa

La trayectoria empresarial de Industrias Agapito le ha conferido un importante posicionamiento a nivel mundial. Medio mundo luce ya algún elemento con ADN aragonés. Sus parques infantiles llegan hasta las grandes urbes de los emiratos del Golfo Pérsico, Dubài y Abu Dhabi. También se llegaron a instalar una veintena de parques para el Ayuntamiento de Muscat, en el sultanato de Omán, y, en la actualidad, están desarrollando “un proyecto muy especial” que ya está en fabricación, para una de las playas más turísticas del estado de Sao Paulo, en Brasil. Serán 10 juegos infantiles y circuitos deportivos pertenecientes a la gama originaria de Industrias Agapito, pero que va a ser fabricada en acero inoxidable ISI 316. Explica Sonia que es “el único material que garantiza no oxidarse en entornos de playa”. En la otra punta del globo, en Moscú, Rusia, también han llegado a suministrar el montaje del emblemático castillo “Fortaleza”, de nueve metros de altura. Es un negocio que traspasa fronteras.

Aun así, y pese a la vasta actividad internacional de Industrias Agapito –que pretende seguir extendiéndose en el futuro- Sonia se aventura a analizar el próximo y arriesgado horizonte. Un porvenir bautizado “globalización” contemplada como reto y oportunidad al mismo tiempo. Para Sonia, la compañía centenaria se enfrenta a un dinamismo de mercado en el que cada vez operan más actores y competidores que “no siempre” ofrecen juego limpio. Confiesa que hoy en día existe una “guerra de precios” con algunos fabricantes que entran en España con calidades de material inferiores. Algo que colisionando con las normativas o exigencias básicas de un sector tan “sensible” como el de los parques públicos e infantiles.

Cuenta que se está observando con más frecuencia una “fuerte penetración” de producto asiático con estas características; un modus operandi que puede llegar a causar “graves problemas” en el sector. El cliente final, dice, “no siempre cuenta con el conocimiento suficiente como para exigir ciertos requisitos”, por lo que numerosas ocasiones –como dice el lema- “lo barato puede salir caro”. Por todo ello, Sonia aboga por fomentar la concienciación social, estatal y empresarial para que se asuma la importancia de apoyar a las empresas locales. “A veces buscamos fuera lo que ya tenemos en casa”, imposibilitando el retorno de los beneficios económico y sociales. Esta falta de apoyo contrasta con los escenarios que se viven en otros países, donde “sí hay un apoyo brutal al fabricante local”. Recuerda Sonia que la propulsión “desde casa” sigue siendo el único modo que tienen muchas empresas de “crecer” y acometer proyectos “más emblemáticos”.

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