La CHE analiza ocho puntos del Ebro en Aragón para detectar la presencia de almeja asiática

Los muestreos pueden llegar a detectar incluso miles de ejemplares en un solo metro cuadrado

La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) está ejecutando una serie de muestreos para detectar cuál es la presencia real de la almeja asiática a lo largo de todo el cauce del río. Se trata del primer control de población de esta especie invasora, detectada por primera vez en 2004 en el embalse de Mequinenza y que se ha extendido ya por todo el cauce del Ebro.

En estos muestreos, los técnicos acotan una zona de apenas un metro cuadrado, recogiendo parte del lecho fluvial y filtrándolo para descartar piedras, maleza y tierra. Lo que queda son las especies autóctonas de almejas, como la Margaritifera Auricularia, que son devueltas al agua, y las almejas asiáticas, más abundantes en la mayoría de las mediciones realizadas.

Estos ejemplares, vivos y muertos, son trasladados al laboratorio, donde se cuentan y se hace un cálculo para determinar cual es la presencia del molusco en los diferentes tramos del río Ebro.

Un peligro para el medio ambiente

La causa de la llegada de la almeja asiática a aguas aragonesas no ha conseguido determinarse a lo largo de todos estos años. Su uso extendido como cebo de pesca, y el pequeño tamaño de sus larvas, indetectables al ojo humano y que pueden viajar adheridas en las embarcaciones, son algunas de las teorías más extendidas sobre el origen de su aparición.

Ahora, su rápida proliferación hace que suponga ya un riesgo para las especies de moluscos autóctonas. “La almeja asiática tiene una grandísima capacidad de reproducción y de adaptación al medio y puede alcanzar densidades muy elevadas, de hasta miles de ejemplares en un solo metro cuadrado”, ha explicado la técnico de la CHE Elena Pérez, quien advierte de que este invasor “compite por el espacio y el alimento” con las especies locales.

Su incidencia sobre el medio ya se deja notar, más allá de esta competencia con las almejas autóctonas. La almeja asiática es capaz de filtrar hasta 50 litros de agua al día, lo que provoca que, por ejemplo, el agua del río sea más cristalina.

Sin embargo, los técnicos advierten que un agua más clara no es sinónimo de un agua más beneficiosa, ya que, entre otras cosas, provoca la proliferación de algas. De esta forma, además de colapsar algunas infraestructuras de la CHE, esta vegetación favorece el aumento de los mosquitos.

Pérez ha advertido también que la erradicación de este molusco es “muy complicada”, por lo que ha reconocido que la población ribereña deberá “acostumbrarse” a la presencia de almeja asiática en sus aguas. Eso sí, la técnico ha reiterado la importancia de “la precaución” para prevenir que la especie se siga extendiendo, evitando su uso como cebo de pesca o limpiando a conciencia el casco de las embarcaciones.

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