«Los días que vendrán»: Sacando el carnet de padres

En un determinado momento Lluis, uno de los protagonistas de “Los días que vendrán”, el último trabajo de Carlos Marqués-Marcet, le entrega a su pareja un libro que le ha regalado su hermana sobre cómo llevar el embarazo. No hay ningún libro ni manual que explique cómo afrontar esos meses previos al momento de ser padres. No hay escuela donde sacarse el título o el carnet de padres. Es algo que sólo se aprende con la experiencia, viviéndolo en primera persona. Vir (Maria Soto Rodríguez) y Lluis (David Verdaguer) forman una joven pareja que lleva poco tiempo viviendo juntos cuando se enteran de que ella está embarazada. Después de las primeras dudas deciden acometer la aventura de ser padres primerizos. Los días que vendrán serán difíciles pero bonitos. Son sus futuros recuerdos. Con esta película el realizador catalán explora un nuevo aspecto de las relaciones de pareja, distinto a los ya abordados en sus trabajos precedentes, “10.000 km” (2014) y “Tierra firme” (2017). Y lo hace con la naturalidad y honestidad que puede ofrecer rodar parte del embarazo real de una auténtica pareja de intérpretes que dan vida a los protagonistas de la historia de ficción. Durante la posproducción de “Tierra firme” Carlos Marqués-Marcet y David Verdaguer, hablaron de la posibilidad de rodar una historia sobre los problemas de una joven pareja que está esperando su primer hijo aprovechando el embarazo de María Soto, actriz y pareja real del intérprete habitual de Marqués-Marcet. Esta aventura cinematográfica, asimilable a pequeña escala al experimento llevado a cabo por Richard Linklater en “Boyhood” (2014), juega con los evidentes paralelismos entre las historias real y ficticia de los actores y sus personajes, pero va un paso más allá haciendo lo mismo con el reflejo de la imagen de la protagonista en una película de vídeo doméstica grabada por su padre durante el embarazo de su verdadera madre.

Esta utilización del lenguaje metacinematográfico, en su variante más amateur, permite a Carlos Marques-Marcet reflexionar sobre los cambios que se producen en las relaciones de pareja cuando el futuro viene marcado por la aparición en sus vidas de  un bebé. Ante la inminente llegada de un hijo, el vínculo con los progenitores se transforma al ver reflejadas en las vivencias pasadas de éstos las de los futuros padres como le ocurre a Vir mientras contempla el video de su gestación y parto.

Como es habitual en los trabajos anteriores del guionista y realizador toda la acción  de “Los días que vendrán” gira el torno a la pareja protagonista. No hay subtramas que puedan distraer al espectador de la visión del director. Esta opción narrativa constituye un arma de doble filo: conocemos perfectamente de primera mano las intimidades de Vir y Lluis y asistimos a una paulatina modificación de su manera de interactuar, a como se revelan sus miedos e inseguridades por todo aquello que vendrá y que desconocen. En el lado opuesto de la balanza poner todo el foco en la vida cotidiana se la pareja protagonista puede llegar a ser excesivo. Al hacerlo se ponen de manifiesto las debilidades de un guión que a veces no da para más. Esto sucede por ejemplo cuando, como si de una película de Woody Allen se tratase, se enzarzan en interminables diálogos, y ello a pesar de que Vir le echa en cara en un momento dado a Lluis su falta de comunicación.

Otra consecuencia lógica del exclusivo protagonismo de estos futuros padres y la asimilación de este hecho, es que el trabajo interpretativo resulta de vital importancia. En este sentido el realizador catalán demuestra su gran pericia como director de actores. David Verdaguer está magnífico. Su Lluis es un joven dubitativo, con ideales a los que cree que debe renunciar para dar esa imagen de roca fuerte a la que la familia que va a formar pueda asirse, en una concepción que el patriarcado tradicional tiende a asociar con la figura paterna. Por el contrario la Vir que compone María Soto se revela como una mujer moderna, con ideas propias sobre lo que es la maternidad. Pero donde el trabajo de la actriz cobra su verdadera importancia es en la transformación  que su personaje va a experimentar durante los meses de gestación a los que asistimos durante la hora y media de proyección. El embarazo produce cambios fisiológicos que también afectan al carácter de Vir. Los primeros son evidentes al tratarse de un embarazo real de la intérprete, pero los que tienen lugar en el interior de la persona son más difíciles de mostrar porque algunas escenas fueron rodadas tras el parto de la pequeña hija de David y María. Es mérito pues de esta última que el espectador siga viendo en su personaje a una mujer embarazada, y por supuesto de la habilidad del montaje posterior al rodaje.

Carlos Marqués-Marcet, parece dar por concluida su personal trilogía sobre las relaciones afectivas invitándonos a entrar en esa casa de los espejos en la que se confunden realidad y ficción. Este es el único artificio del que se servirá el director para mostrarnos la montaña rusa de emociones en la que se convierte la vida de una pareja a partir del momento en el que saben que van a ser padres, aunque los cambios vitales que sufrirán cuando tengan que cuidar de esa tercera persona tan sólo son apuntados. Pero como decía Moustache en “Irma la dulce” “eso es otra historia”. www.habladecine.com

LO MEJOR: El juego de realidad y ficción que propone Carlos Marqués-Marcet y la labor interpretativa de María Soto y David Verdaguer.

LO PEOR: Algunos diálogos pueden llegar a extenderse más de lo deseable.

VALORACION:

Fotografía: 8

Banda Sonora: 5I

nterpretación: 8

Guión: 7

Dirección: 8

Satisfacción personal: 8

NOTA FINAL: 7,33

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