Carlos Hué / Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación

Estrés vacacional

Carlos Hué

¿No me digas que estás estresado? No, de ninguna manera, ¿no ves que estoy de vacaciones? Aunque muchos en privado reconocen que están estresados porque no llegan a hacer todas las cosas que habían planificado antes de las vacaciones, muy pocos son capaces de reconocerlo en público. Las estadísticas nos dicen que en los países occidentales, como media, hemos incrementado bastante el tiempo de vacaciones a lo largo del año comparado con hace cincuenta años. Entonces se trabajaba los sábados, la mayor parte de las jornadas eran de mañana y tarde, y como mucho se disfrutaba de 20 días o de un mes que tenía que ser disfrutado todo seguido. Y, sin embargo, existe el síndrome del estrés vacacional, y esto ¿por qué?

La razón más importante se encuentra en el hecho de que hoy tenemos más y más posibilidades para disfrutar. Hoy tenemos más cosas, ordenador, televisión, aparatos de música y, no digamos, los smartphones; hoy podemos disfrutar de más experiencias, como actividades en la nieve, en la montaña, en la playa, o haciendo turismo de ciudad; y hoy podemos relacionarnos con más personas a través del trabajo, de los amigos, de los viajes, o de whatsApp. En cambio antes, al disfrutar de un tiempo seguido de vacaciones y teniendo menos dinero y menos experiencias a nuestro alcance, muchas personas al final de agosto llegaban con la sensación de que les había sobrado el tiempo.

Pero, en este caso, ¿cuál es la explicación del estrés vacacional? La Psicología nos habla de la frustración. La frustración es definida como la distancia que existe entre lo que queremos y lo que podemos, o lo que es lo mismo, entre nuestros deseos y nuestras posibilidades. Con tantas oportunidades como tenemos hoy y con un tiempo libre que, aunque es más amplio que hace cincuenta años, es reducido para disfrutar de todas las cosas, experiencias y personas a nuestro alcance, nos encontramos con una gran distancia entre lo que querríamos hacer y lo que el tiempo disponible nos permite; por tanto, nos encontramos con una alta frustración. Y esta frustración se traduce en estrés.

Entonces, ¿cuál es la solución a este problema? La Psicología nos recuerda el “principio de realidad”; es decir, adaptar nuestros deseos a nuestras posibilidades. De esta manera, en estas vacaciones próximas nuestras posibilidades pasan porque los días son pocos, una semana, diez días, o todo lo más, quince días; y además, que los días no tienen veinticuatro horas, ya que tenemos que dormir, comer, comprar, atender a nuestros niños y mayores, quedar los amigos… La solución es fácil pero no agradable, reducir y mucho las actividades planificadas para estas vacaciones adaptándolas a las posibilidades reales, reales de tiempo. Solo así podremos decir: “¡Hasta me sobra tiempo!”.

Espero que estas reflexiones os ayuden a disfrutar de unas merecidas vacaciones. ¡Feliz verano!

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