La primera noche de Copas de España del Real Zaragoza cumple 55 años

Alineación del Real Zaragoza en su primer título de Copa.

“Eh Darcy, ¿sabes qué día es hoy?” Un viejo zaragocista se cruzaba a Canario a primera hora de la mañana del 5 de julio. Darcy Silveira Dos Santos, “Canario”, esbozaba una sonrisa de alegría y de cierta incredulidad. “¿Crees que podría olvidarme?”, respondía. Hace 55 años, el Real Zaragoza obtenía su primera Copa de España, Copa del Generalísimo por aquel entonces. Unos días antes, los Magníficos ya habían hecho gala de su sobrenombre levantando un título europeo, el primero, la Copa de Ferias. Era la noche del 24 de junio de 1964.

La final de la Copa la disputaron con el Atlético de Madrid. Once héroes salieron a defender el escudo del león en el Santiago Bernabéu. Enrique Yarza en la portería; Joaquín Cortizo, Francisco Santamaría y Severino Reija en la defensa y Santiago Isasi con Pepín en el centro del campo. Arriba, como no podía ser de otra manera, los Cinco Magníficos se encargaban de volver loca a la defensa rival. Ningún zaragocista desconoce quiénes son Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra.

El partido no fue sencillo, a pesar de que los aragoneses llegasen con dos goles de ventaja al minuto 35. El Atlético de Madrid no había cuajado una gran temporada, obteniendo un séptimo puesto. Casi en mitad de tabla por aquel entonces. Por eso, levantar un título copero, y más cuando el Real Madrid se había proclamado campeón de liga, era fundamental para la afición rojiblanca.

Canario recuerda “un partido muy disputado y emocionante”. “¡Cómo íbamos a estar tranquilos con dos goles de ventaja en una final de Copa!”, exclama. Los colchoneros tenían estrellas como Collar, Cardona, Griffa o Jones en su equipo. Finalmente, y aunque los rojiblancos anotaron un gol en el minuto 71 que metió el miedo en el cuerpo a todos los zaragocistas, pudieron levantar la Copa. El Atlético de Madrid era un gran equipo, pero no mejor que el Real Zaragoza.

El equipo aragonés partía como favorito. Los Cinco Magníficos no tenían nada que envidiar a nadie. Hay que recordar que el Real Zaragoza todavía no había sido campeón de copa de España. “No es nada sencillo eliminar al Barcelona y ganarle al Atlético de Madrid la final. Nos costó Dios y ayuda… y hacer un partidazo”, recuerda con orgullo. Dos años después, en 1966, volvieron a obtener el título. Esta vez contra el Athletic de Bilbao.

El éxito de esas temporadas no se basó exclusivamente en una generación de futbolistas con un talento sobredimensionado. Este equipo tenía una clara filosofía de juego que no se basaba en esquemas o sistemas de juego. Sencillamente, llevaban interiorizado que había que ganar todos los partidos. “Hoy en día, el fútbol es más aburrido. Todos los equipos saltan a la cancha para no perder. No sé si es por los nuevos sistemas de juego o por el dinero que hay detrás, pero los equipos no buscan la victoria, sino evitar la derrota”, reflexiona Darcy.

Una llegada de campeonato

“El momento en el que llegamos a Zaragoza fue maravilloso. Aún se me pone la piel de gallina”, rememora el extremo brasileño. Después del partido en el Santiago Bernabéu, montaron en el tren Talgo, con parada en Calatayud. Allí, un autobús les esperaba para poner rumbo, definitivamente, a la capital aragonesa.

“En cuanto nos acercamos a la ciudad, nos subimos a la baca del autobús. Así entramos a Zaragoza. Todavía tengo las fotos”, explica. “Desde la Avenida América las calles estaban llenas. ¡Qué gentío nos esperaba! Ver a tanta gente en la Plaza del Pilar nos volvía locos. No cabía ni un alfiler. Todos gritando y aplaudiendo… Es inexplicable, una maravilla”, asegura Canario.

El Real Zaragoza, fundado en 1932, tenía 32 años cuando se fue por primera vez de copas de España. Ya lo hizo con un título europeo, la Copa de Ferias, el 24 de junio de ese mismo año. Fue a costa del Valencia. En términos futbolísticos, se puede decir que todavía era muy joven cuando se estrenó en el mundo de la noche. Sin embargo, a lo largo de la historia se produjeron tantos momentos de desenfreno como para perder el sentido. Desde ese día, el equipo blanquillo tendría que tirar de ibuprofeno en sus amaneceres: le esperaban siete noches locas más.

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