Antonio Coscollar / Maestro de escuela

El chicle y la lengua

Antonio Coscollar

Aceptamos que el periodismo, oral y escrito, contribuye a elevar la cultura general de lectores, oyentes y televidentes, pero ¿eleva también el conocimiento y uso del idioma? Decía Alfonso X el Sabio que “los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen”. He aquí un ruidoso ejemplo que gracias a los medios irrita más, cada día, a menos oídos: “Las miles de personas…”. El lector que piense que la expresión “las miles de personas” contiene un grave error está en lo cierto. Si cree que no está bien, pero no recuerda por qué, es que ha olvidado la norma, pero conserva el oído. Si, por último, le parece bien, sin más, es porque ve la lengua como un chicle que, en su boca, cede más de lo que debe.

Los nombres de cosas tienen un rasgo común con el de las mascotas: estos tienen sexo, aquellos tienen género. No es lo mismo el sexo de una mascota que el género de una mesa. Levantemos la cola de la mascota y la duda queda resuelta. ¿Pero qué miramos de una mesa? Puesto que una mesa no tiene sexo, es justo que intervenga el juez para asignarle género. No sabemos cómo ni cuándo se asignó el género a una mesa, simplemente aceptamos que el genio del idioma lo estableció y, con el tiempo, lo fijó en el diccionario: femenino.

Volvamos ahora a nuestra duda inicial: “las miles de mujeres”. Quien yerra con el artículo “las”, lo hace pensando que la carga significativa recae sobre “mujeres”, nombre femenino precedido por el artículo, también femenino, LAS. Y ahí empiezan los problemas.

Hagamos un experimento. Cambiemos “miles” por “montones”. Si aceptamos que “personas” soporta la carga significativa, entonces debería decirse “LAS montones de personas” y, por el mismo rasero, “LOS cantidades de hombres”. Eso suena fatal, ¿verdad? Y suena mal porque olvidamos la estructura. “Miles de mujeres” es, en su estructura, semejante a “casas de colores”. Si colores es nombre masculino, ¿acaso deberíamos decir “LOS casas de colores”? “De colores” tiene función adjetiva semejante a “coloreadas”: “LAS casas coloreadas”. Que no disponga el español de un adjetivo equivalente a “de mujeres” o “de personas”, eso no impide que su función siga siendo adjetiva, de modo que el núcleo de “miles de mujeres” es “miles” y no mujeres u hombres, y si masculino es “miles”, también lo será el artículo: “LOS miles de…”

Cientos, miles, millares o millones son nombres de género masculino, y el artículo o adjetivo que los precede (los, las, unos, varios, algunos, etc.) debe ser masculino. No así decenas, docenas, centenas o centésimas, que son nombres de género femenino.

En resumen: debemos decir “los miles de mujeres”, “algunos millones de personas”, “varias decenas de miles de cosas pendientes”, “un poco de sensatez” y algo de gramática.

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