«Largo viaje hacia la noche»: El hipnotismo y la imaginación en la china rural

El cine asiático no es sencillo ni fácil de recomendar, pero a nivel personal suelo disfrutar de estas películas que son un oasis en el desierto dentro de un panorama actual con tantas películas convencionales. Uno de esos proyectos que llega desde China, con parte de apoyo económico francés, es el segundo largometraje de Bi Gan, que se presentó en el festival de Cannes de 2018 ya que formó parte de la sección Un Certain regard y fue una de lo más criticado, para bien y para mal por parte de la prensa presente en la Croisette. El estreno en nuestro país tuvo lugar en el pasado festival de cine de San Sebastián en la sección Zabaltegi-Tabakalera, en donde no la pude ver, ya que fue una de las que creó más expectativas, junto a ” Roma ( 2018 ) “, del pasado Zinemaldia, agotándose las entradas de sus proyecciones en el cine Príncipe ( se proyectó en esta recinto por su formato 3D ).

La película es extraña, hipnótica y la podemos englobar dentro de esas películas que no tienen un final cerrado, sino que va dando pistas y cada espectador se puede crear su propio puzzle, sin necesidad de que sea la explicación correcta ( en este aspecto recuerda a las excelentes ” Lo que esconde Silver Lake ( 2018 ) ” o ” Puro vicio ( 2014 ) ” ).

Nos encontramos con un drama de personajes, con algo de suspense y de romance, cuya historia se desarrolla en Kaili, la localidad natal del director chino, y que está en un enclave de ensueño rodeada de montañas y ríos, y que se desarrolla en diferentes etapas temporales en la vida del protagonista, Hongwu Luo, que regresa a su ciudad, después de un periodo largo fuera del lugar en donde pasó su infancia y adolescencia, en donde tuvo su primer amor, y que ahora intenta localizarla. Al mismo tiempo hay un conocido llamado Gato salvaje, que tuvo un trágico desenlace, y la investigación sobre lo que le pasó es a priori el punto de partida, aunque es una tapadera para esconder su verdadero propósito, el de saber que ha pasado con Qiwen Wan, la mujer de su vida. Su recorrido le lleva hasta los trasfondos del mundo de más sórdidos, contactando con gente muy extraña, y que le van dando pistas, en algunos casos falsas, sobre donde está esa mujer. Hay varios flashbacks muy bien insertados, también elementos oníricos que funcionan, sin excederse en el abuso de la introducción de los sueños o pensamientos del protagonista, con sus recuerdos de un pasado que nunca volverá.

En ese recorrido del personaje central nos va dando pinceladas de crítica social, sin necesidad de mostrarlo de manera explícita, ya que no es una película con muchos diálogos, ni cuenta las cosas de manera directa, sino que cada espectador se tiene que buscar las soluciones por dos o tres detalles, que podrían pasar desapercibidos. Pero en el fondo esa búsqueda es un McGuffin, ya que el interés del director es adentrarnos en esa vida en una zona rural de su país, para dar a conocer el estado de destrucción de las viviendas y del modo en el que se ganan la vida sus habitantes.

La película está muy bien dirigida, ya que sabe plasmar de manera acertada ese universo local y lo hace sin abusar de la cámara cercana a los personajes, sino que va variando para de vez en cuando ofrecernos unos interesantes recursos narrativos.

El reparto está bien sin ser el punto más fuerte del proyecto, con Jue Huang en el papel del joven protagonista, y entre los secundarios destacan Tang Wei y Sylvia Chang como los personajes femeninos más relevantes y Meng Li que interpreta a ese antiguo amigo al que vemos en las escenas del pasado. Antes cité a varias películas estadounidenses que me recuerdan a este proyecto, y dejé para este momento a algunas películas de Wong Kar-Wai ( sobre todo a las de exteriores, ya que el director asiático suele rodar en interiores ) por el empleo de colores vivos en algunas escenas, y por la manera de rodar a los personajes en su movimientos o en sus escenas más románticas. Pero también me gustaría citar a ” A land imagined ( 2018 ) “, otra propuesta asiática reciente, y que todavía no se ha estrenado en los cines españoles, siendo a nivel personal la que más me gustó de lo que pude ver en el pasado festival de cine de Valladolid.

La dirección de fotografía de Hung-I Yao, Jinsong Dong y David Chizallet es de lo mejor que he podido ver en los últimos años, en las escenas diurnas y sobre todo en las nocturnas, con un formato de pantalla de 1:85:1 durante casi todo el proyecto, y que incrementa mi admiración durante la segunda mitad en ese plano secuencia de más de una hora filmada en 3D. A nivel personal recomiendo verla en pantalla grande y en ese formato, porque merece la pena esa parte final. El montaje también es otro aspecto destacable, aunque tiene el hándicap de que se podía haber reducido el metraje, ya que en los minutos finales se tiende a la repetición de algunas situaciones innecesarias ( lo que no sucede en otra película china estrenada hace unos meses, ” An elephant sitting still ( 2018 ) “, en donde son necesarias sus casi 4 horas de metraje ).

La música compuesta por Giong Lim y Point Hsu, sin ser espectacular, sirve como acompañamiento al viaje del protagonista, y ayuda a mantener el interés en la historia.

Una película que no es fácil de recomendar y que gustará a ese cine enigmático, con una narración poco convencional, y que requiere una mayor atención de los espectadores para poder seguirla y crearse su propia historia.

www.habladecine.com

LO MEJOR: La fotografía. La dirección y la música.

LO PEOR: Su excesivo metraje, sobre todo en la parte final.

VALORACIÓN:

Banda Sonora: 8,5

Fotografía: 9,5

Interpretación: 7

Dirección: 9,5

Guion: 7,5

Satisfacción: 8,5

Nota Final: 8,41

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