Veo a mis padres ya mayores y torpes y me entristece saber que no nos queda mucho tiempo juntos, quiero creer que hay algo más, pero estoy perdiendo la fe…

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Es una etapa en la que más allá de la religión de cada uno, y siendo conscientes de la situación de nuestros mayores, la espiritualidad y la reflexión cobran más importancia al empatizar aún más con ellos emocionalmente. Es inevitable preocuparnos por ellos, pero no debemos caer en crear continuas alarmas viendo sus debilidades, sino más bien en ensalzar sus fortalezas.

Tu actitud tiene que ser optimista y orientada a facilitarles y proporcionarles una vida lo más saludable posible, comprobar hasta qué punto son capaces de cuidar de sí mismos, animarlos a que realicen sus visitas médicas regularmente, controlando los problemas de seguridad en casa y, por supuesto, plantear la ayuda a domicilio si fuera necesario. Pero, sobre todo, pasar tiempo con ellos de calidad, haciéndoles sentir que nos importan, viviendo y disfrutando del presente sin perder el tiempo suponiendo futuros inciertos.

Mi consejo: En la infancia les admiramos, en la adolescencia intentamos apartarlos y cuando nos hacemos adultos volvemos a descubrirlos. Por ello ahora, simplemente disfruta de amarlos.

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