Aragón vigilará las temperaturas diarias de las tres capitales para prevenir riesgos por calor

En Zaragoza, los termómetros superarán los 40 grados

El Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la salud de este 2019 ya está en marcha. Se inició el 1 de junio y se cerrará el 15 de septiembre. El objetivo, como en años anteriores, es prevenir daños en la salud provocados por el exceso de calor. Por ello, en Aragón se prestará especial atención a la medición de las temperaturas y la información a la ciudadanía.

En concreto, las consecuencias de la exposición al calor para las personas pueden ser múltiples: desde calambres hasta deshidratación, insolación y golpe de calor, además de incrementar notablemente la mortalidad. Los sectores poblacionales más afectados son los niños, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además, toda una serie de factores pueden hacer incrementar el riesgo, como la marginación y el aislamiento, la dependencia, la discapacidad o las condiciones de habitabilidad de las personas con menos recursos.

El Plan Nacional incluye en Aragón la monitorización diaria de las temperaturas para las tres capitales de provincia, la vigilancia de las urgencias de todos los centros hospitalarios y las urgencias atendidas por el 061, la monitorización de la mortalidad diaria y semanal, la transmisión de información a los profesionales sanitarios y recomendaciones a la población sobre los efectos del calor excesivo.

Factores de riesgo

Los factores que pueden condicionar la exposición al calor son de tipologías diversas: personales, laborales y locales.

En los últimos se concentran la demografía y la propia existencia de grupos susceptibles y también la climatología y el grado de adaptación de los individuos al clima local.

Además, también por condición laboral, deportiva o de ocio, se puede permanecer durante horas al Sol, perjudicando la salud. Igualmente afecta estar en un lugar con una climatización inadecuada o por falta de la misma; la contaminación ambiental y la urbanización; la exposición durante varios días a elevadas temperaturas que se mantienen por la noche, o vivir en situaciones socioeconómicas desfavorables.

Por último, existen factores de riesgo personales. Así, los más vulnerables son los mayores de 65, lactantes y menores de 4 años; los que padecen de alguna dolencia cardiovascular, respiratoria o mental; los que son enfermos crónicos (como diabetes u obesidad mórbida); los que están aplicándose algunos tratamientos como diuréticos, neurolépticos, anticolinérgicos o tranquilizantes, o aquellos que padecen enfermedades agudas.

También se pueden ver afectados los que sufren alteraciones de la memoria, dificultades de comprensión u orientación, o autonomía reducida en la vida cotidiana, y si se consume alcohol y drogas.

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