Aragón investiga dispositivos microfluídicos que detecten enfermedades en el ganado autónomamente

El granjero podría detectar si tiene un problema en el ganado mediante un test rápido aunque se encuentre en un sitio remoto y no haya un veterinario cerca

Poder detectar posibles enfermedades en las granjas sin la presencia de un veterinario y sin la necesidad de mandar la muestra a analizar a un laboratorio. Esta es una de las múltiples posibilidades que ofrecen los dispositivos microfluídicos en los que actualmente investiga el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA) tras recibir casi 3 millones de la convocatoria FET (Future and Emerging Technologies) dentro del marco de I+D+I europeo Horizonte 2020.

El ejemplo de dispositivo microfluídico más elemental y conocido es el test de embarazo. El funcionamiento de los mismos se basa en que, como el propio nombre indica, el dispositivo es capaz de absorber y gestionar pequeñas cantidades de fluido a través de microtubos o tiras absorbentes realizando un análisis de un determinado parámetro que dé una información valiosa para tomar una decisión, en este caso, relacionada con la salud.

El problema es que los actualmente existentes, para funcionar, precisan de un complejo sistema de bombas al que estar conectados para presionar los fluidos, un sistema de análisis también complejo que solo puede ser realizado en laboratorios por expertos bien preparados. El paso que el ICMA quiere dar es “hacer del dispositivo un elemento autónomo, de manera que el tamaño del chip microfluídico sea muy pequeño y que toda la parafernalia que hay alrededor esté integrada en el propio chip”, explica el vicedirector del Instituto y coordinador del proyecto Prime, Carlos Sánchez.

Se superaría de esta manera el “impacto limitado” que tienen ahora los dispositivos ya que se otorgaría capacidad de empoderamiento y posibilidad de acceso a otros agentes. Como en el caso de los diabéticos, remarca Sánchez, “nadie se imagina que los diabéticos tuvieran que ir al hospital a pincharse todos los días; por eso la tendencia mundial es que el paciente pueda hacer determinados controles con garantías desde casa”.

Las aplicaciones abarcan un amplio espectro. Desde el caso del granjero, “que va a detectar antes si tiene un problema en el ganado mediante un test rápido aunque se encuentre en un sitio remoto sin veterinario a mano”, hasta analizar la presencia de una bacteria en un pantano o agua de riego, “automatizándolo y transmitiendo los datos por Internet de manera que se pudiese crear toda una red centralizada de información completa y a tiempo real del estado de las aguas en una cuenca, por ejemplo”, enumera Sánchez.

“Lamentablemente, no estamos acostumbrados a estas cantidades”

El importe total que ha recibido este proyecto, de nombre “Prime”, es de 2,8 millones de euros. Ha sido seleccionado de entre 300 propuestas europeas y se encuentra en el privilegiado grupo de 35 proyectos que salen adelante. De esos 2,8 millones, Aragón se lleva 1,6. Esto sucede porque el dinero se reparte entre los seis miembros que componen el consorcio y que desarrollarán su parte correspondiente de Prime: Universidad de Zaragoza, la empresa aragonesa surgida del ámbito universitario (spin off) “Beonchip”, la Universidad Tecnológica de Eindhoven (Países Bajos), el Instituto Max Planck de Alemania, la fundación austriaca BioNanoNet y, por supuesto, el ICMA.

Sánchez se muestra ilusionado con el proyecto pero lamenta que recibir esta financiación no sea lo habitual. Resalta la importancia que tiene el proyecto que tienen entre manos y que haya sido elegido en Europa, ya que la convocatoria FET busca “proyectos disruptivos, no incrementales; es decir, no estamos trabajando sobre algo ya hecho sino que empezamos con una aproximación totalmente distinta partiendo de materiales inteligentes, materiales que responden a estímulos externos”.

El objetivo es crear prototipos de dispositivos microfluídicos cuya fiabilidad pueda validarse, y no pasar a la comercialización directa del producto. Aunque todos los caminos conducen a la futura producción industrial de una nueva generación de dispositivos microfluídicos, aún queda un largo trecho. Pero obviamente, los proyectos tecnológicos de este tipo preparan ese camino, si resultan exitosos; “seguro que nos encontramos con desafíos, pero tenemos financiación adecuada, ideas bien evaluadas a nivel europeo y nos sentimos fuertes para implementar el proyecto”, concluye Sánchez.

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