José María Ariño Colás / Doctor en Filología Hispánica

Entre pactos anda el juego

José María Ariño

Los resultados de las últimas elecciones autonómicas y municipales han dejado un mapa político equilibrado y muy polarizado. No es una situación nueva, ni mucho menos. Pero lo que más llama la atención es que el partido más votado en casi todas las comunidades autónomas y ayuntamientos no va a poder gobernar en solitario e, incluso, tendrá que ceder la vara de mando a una coalición de otro signo político ya que, al parecer, hace años que se han terminado las mayorías absolutas, al menos en Aragón. Por eso, en estas semanas, se van a multiplicar las reuniones de las mesas de negociación, los contactos telefónicos y los posibles acuerdos para la gobernabilidad de ayuntamientos y comunidades autónomas para los próximos cuatro años.

Está demostrado que cada vez es más difícil pactar. Ningún partido quiere ceder en lo que considera asuntos esenciales en su programa y en su ideología. Además, se han puesto de moda los llamados cordones sanitarios y las líneas rojas, que complican todavía más un panorama que va más allá del tradicional bipartidismo. Como si fuera una partida de ajedrez, cada partido tiene sus piezas bien situadas en el tablero y estudia con calma y reflexión cuál va a ser la jugada maestra para convencer al adversario político y traerlo a su propio terreno. Como en una partida de póquer, los jugadores ocultan celosamente las cartas, esperando alguna señal del adversario para apostar o esperar la apuesta del rival para igualarla o incluso superarla. Se abre así un abanico de posibilidades donde la estrategia juega un papel esencial. Por eso, los negociadores han de ir con pies de plomo antes de dar el sí definitivo, de estampar una firma o de exteriorizar el acuerdo con un caluroso apretón de manos.

En el caso de Aragón, tanto en la Comunidad Autónoma como en el de los ayuntamientos de Zaragoza y Huesca, las negociaciones ya están en marcha. Unas negociaciones que dependen en gran medida de lo que ocurra en Madrid, que se ha convertido en una casilla clave de este sudoku político. Esta es la realidad: excepto el Partido Aragonés (PAR), los demás partidos tienen que estar pendientes de lo que suceda en la capital en esas mesas negociadoras que quieren todo, de entrada, para ir cediendo algo como contrapartida. Eso sí, es mejor perder algún peón o algún caballo por el camino antes de sacrificar un alfil o una torre. Todo se resume en un juego de intereses y en un movimiento de fichas para contentar a los votantes y, sobre todo, para dañar lo menos posible el buen nombre de cada partido.

Este mes de junio va a ser, por tanto, clave para la gobernabilidad de España y de Aragón durante los cuatro próximos años. De momento, las cartas están boca abajo sobre la mesa u ocultas en las manos de los negociadores. Está claro que, de entrada, nadie va a dar su brazo a torcer. Pero, a medida que pasen los días, el puzle electoral se irá aclarando y las expectativas de cada uno de los partidos o se verán colmadas o aparecerá la decepción y el desencanto. Habrá que estar atentos a cada jugada, a cada lance, a cada envido u órdago, como si se tratara de un apasionante juego de mus.

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