Hasta 225.000 aragoneses sufren dolor crónico

Cada vez es necesario un enfoque mucho más multidisciplinar en los tratamientos

El 17% de la población aragonesa – unas 225.000 personas – padecen de dolor crónico. Esta condición se caracteriza por ser ilimitada en el tiempo y por estar asociada a otras patologías, como el cáncer o la artritis. La importancia de esta enfermedad, catalogada como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sigue en aumento. En Aragón, al igual que en el resto de España, es uno de los principales motivos por los que los pacientes acuden a su médico.

Los aragoneses se quejan fundamentalmente de artrosis, cefaleas, dolor lumbar y fibromialgia y los expertos apuntan a que las dolencias van a ir a más debido al envejecimiento de la población y al mayor número de intervenciones quirúrgicas como respuesta a la exigencia creciente de bienestar y calidad de vida. Por esto, la Unidades del Dolor son fundamentales para tratar al paciente que sufre dolor crónico, se derive de donde se derive. Pero, al mismo tiempo, denuncian desde la Sociedad Española del Dolor (SED), no existen suficiente profesionales para atender la demanda. “Según la última exploración realizada, hay más de 830 hospitales españoles y solo 180 Unidades del Dolor”, esgrime el presidente de la SED, Juan Antonio Micó.

Además, cada vez es necesario un enfoque mucho más multidisciplinar en los tratamientos. El dolor ha dejado de ser solo un problema fisiológico y ha pasado a ser también psicológico. Por ello se necesitan conocimientos de áreas como la psicología, la terapia ocupacional o el trabajo social para aportar una atención integral y completa al paciente.

El manejo de esta patología, el diálogo con los pacientes, la insuficiente dotación de medios para los profesionales en el sistema sanitario, la investigación y las últimas terapias que ya están disponibles van a marcar el XVI Congreso de la Sociedad Española del Dolor (SED) que, bajo el lema “Avanzando junto al paciente en el tratamiento del dolor”, está teniendo lugar del 29 de mayo al 1 de junio en el Palacio de Congresos de Zaragoza. El encuentro científico será un foro para el intercambio de conocimiento científico y clínico, así como de gestión, y en él se darán cita más de un millar de expertos en esta materia.

XVI Congreso de la Sociedad Española del Dolor

Como novedad este año, previo al congreso anual, el miércoles 29 se realizó una reunión con asociaciones y pacientes en el Colegio Mayor Virgen del Carmen, al que también asistió el Justicia de Aragón. En ella se trataron temas como las novedades terapéuticas, medidas higiénico-dietéticas o cómo leer un prospecto. “Fue realmente emocionante y motivador conocer de primera palabra los deseos y desengaños de los pacientes con el dolor”, señala Micó.

Parte de las sesiones del programa preliminar se han extendido al Hospital MAZ de Zaragoza, que ha desarrollado un curso en pacientes reales, impartido por expertos procedentes de varios hospitales del país. Desde el salón de actos de Hospital MAZ, se han podido seguir en directo todas las técnicas realizadas en quirófano (Unidad de cirugía sin ingreso -UCSI) por los expertos.

Uno de los objetivos fundamentales del Congreso es aportar “información veraz y formación de calidad” ya que “hoy en día, obtener información de Internet es relativamente fácil, que sea veraz es más complicado”, sentencia Micó. Además, celebra que cada vez los congresos consigan atraer a muchos más jóvenes, “en los cursos pre-congreso de ayer, el 80% de los que estaban en el aula eran jóvenes formados en diferentes disciplinas”.

Esta es también una oportunidad para sentar a la mesa a profesionales de distintas áreas: “Que tengas a un ingeniero hablando y a la vez a un psicólogo y un médico y que los tres tengan las mismas inquietudes y lo puedan abordar desde puntos de vista complementarios es tremendamente enriquecedor y lo que da un valor añadido a los congresos”, puntualiza el presidente del Área Básica del Comité Científico del Congreso, el profesor Carlos Goicoechea.

Avances en el tratamiento

El presidente de la SED considera que, aunque hay camino por recorrer, se han logrado importantes avances en el reconocimiento de la enfermedad, en la coordinación entre especialidades médicas y en el arsenal terapéutico y farmacológico disponible para los pacientes y los profesionales que les atienden. “Estos avances deben ser mejorados y ampliados para poder ofrecer un tratamiento de excelencia a los usuarios”, añade.

A juicio de este experto falta mayor concienciación sobre la importancia de este problema por parte del sistema sanitario. El dolor crónico, asegura, “tiene un grave impacto multidimensional en la vida de los pacientes”. El dolor es reconocido en la comunidad científica como un grave problema de salud pública. Su alta prevalencia requiere la urgente disposición de unidades especializadas en dolor y multidisciplinares, apunta el especialista.

El profesor Goicoechea añade que, con los medios actuales, la curación no es siempre posible, ya que depende de muchos factores que pueden ser propios de la patología o del paciente. “No obstante, siempre hay algo que se le puede ofrecer a la persona para el alivio de su situación, o para aprender a convivir con ella de la forma más satisfactoria”, afirma.

La resignación de los pacientes frente al dolor crónico no debe permitirse, indica el experto. “Cada vez más hay recursos para mejorar la convivencia con el dolor, desde la educación del paciente, pasando por la corresponsabilidad en el tratamiento, hasta el uso de herramientas psicológicas. Sin descartar, por supuesto, la llegada de nuevos fármacos y nuevas técnicas”.

La doctora Mª Luz Cánovas Martínez, presidenta del Área Clínica del Comité Científico del Congreso, considera que “entre los logros alcanzados en el abordaje del dolor crónico de España en los últimos años está la consideración del dolor como elemento prioritario y transversal en el marco de las estrategias y políticas de salud del SNS (Sistema Nacional de Salud) y de las diferentes comunidades autónomas”.

Cánovas indica que hay un aumento de la actividad docente, una integración del dolor dentro de los hospitales y una mejor difusión y comunicación del problema del dolor en la sociedad, así como la cada vez mayor incorporación de la investigación básica y de las nuevas tecnologías al tratamiento del dolor.

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