De las viñetas a las clases, primer año de estudios de Cómic

En el segundo año, hay 50 horas de trabajo obligatorias en empresas o proyectos

¡Bang! ¡Clap! ¡Zas! Estos y muchos otros sonidos han estado saliendo de las aulas de la Escuela de Arte de Zaragoza a lo largo de este año escolar. Con la peculiaridad de que estas onomatopeyas saltan del propio papel. La capital aragonesa cuenta con un Ciclo Formativo de Grado Superior de Cómic desde hace un año, y ha llegado la hora de echar un vistazo a lo que sucede entre viñetas con Carlos Velázquez y Ernesto Navarro, profesores de Proyectos de Cómic y Medios Informáticos, respectivamente.

Con bastante interés y una pequeña biblioteca ya a sus espaldas, catorce alumnos forman parte del primer año de este Grado Superior de Cómic –cuya duración es de dos años-. Y con el plazo de admisión abierto ya a partir de este mes de mayo, es más que probable que otros jóvenes entren y busquen seguir los pasos de autores como Paco Roca, Alan Moore y Hergé.

Según el profesor Carlos Velázquez, “echábamos en falta una enseñanza de cómic específica, una que la ilustración no podía abarcar. El grado de Cómic es una demanda sobre todo de los alumnos que, ya tiempo atrás, tenían una inclinación por el mismo”. Y señala que “llevo muchos años dando la asignatura de Proyectos de Ilustración y cuando incluíamos un trabajo de cómic me daba cuenta de que hacía falta mucha formación: controlar un lenguaje que es narrativo, contar historias con imágenes en secuencia, y eso es lo que nos motivo para enseñar este tipo de narrativa gráfica. Un ilustrador tiene ciertas competencias, pero no necesariamente la habilidad de contar historias”.

Este grado superior ofrece una formación multidisciplinar

Su compañero de profesión, el profesor Ernesto Navarro hace hincapié en que “en los proyectos de Ilustración teníamos un 10% que eran cómics y a mucha gente se le quedaba corto abordarlo todo en dos o tres meses, necesitaban más tiempo para realizar obras de más calidad y adquirir una formación más profunda”.

Otra de las razones de que este grado haya visto la luz es que la demanda de este servicio está creciendo debido al aumento del número de lectores. Según la página Stadista, en 2018 se publicaron aproximadamente 4.000 cómics cuyas historias fueron creadas por autores de la industria española, siguiendo una línea generalmente positiva desde los aproximadamente 2.700 que se publicaron en el año 2012.

Además del aumento del número de lectores, Carlos Velázquez señala que se eligió incluir este grado en la Escuela porque “aquí en Aragón hay gente que está trabajando bastante bien, tanto a nivel nacional como internacional. El Salón del Cómic ha ayudado mucho y su crecimiento ha contribuido para que haya más interés”.

Aunque en Zaragoza existe mucha actividad comiquera, especialmente cuando varios autores se reúnen para editar y publicar, el camino del autor no es sencillo. “Vivir del arte es complicado, se complementa con ilustración publicitaria, de prensa, animación, etc. Por ejemplo, Paco Roca estuvo involucrado en la adaptación de Arrugas, su propio cómic, como guionista. También hay autores que tienen mucho que ver con el cine y hacen storyboards”, apunta Ernesto.

Imagen de un cómic de Cristina Ramos, antigua estudiante de Ilustración de la Escuela de Arte

Precisamente debido a esta realidad, el Grado Superior de Cómic ofrece, según Velázquez, “una formación multidisciplinar. El perfil de una persona que sepa dibujar, que tenga capacidades para ser ilustrador, que tenga los conocimientos del lenguaje del cómic, tiene una formación bastante completa y todavía más si la gente hace un segundo grado, que es muy común”.

En el segundo año hay 50 horas de trabajo obligatorias en empresas. La Escuela tiene previsto ponerse en contacto con editoriales aragonesas o proponer trabajos desde el mismo centro. Aquí, en Aragón, están disponibles Malavida, GP Ediciones y la Asociación aragonesa de autores de cómics, sin contar otras tantas digitales, donde los alumnos podrán aprender a gestionar su trabajo y aprender a vender su producto.

La industria del cómic

En opinión del profesor Velázquez, “la industria del cómic ha tenido muchos altibajos a lo largo de su historia”. Menciona que en los años 80 y 90 “hubo bastantes publicaciones, ediciones que se dedicaban exclusivamente al cómic, como 1984 y el Víbora, además de bastante demanda”. Luego hubo una recesión, se perdieron lectores y cerraron muchas de ellas, “pero en los últimos años ha habido cierto repunte”.

“Ahora hay obras más experimentales, un tipo de cómic más cultural y adulto en contraposición con el más convencional, que son los dirigidos a los más jóvenes. Y han aparecido obras de novela gráfica que tienen un gran valor literario”, apunta Velázquez.

Entre las causas para el aumento del número de los lectores está la “irrupción, con mucha fuerza, del manga -o cómic japonés-, que creció muchísimo a principios del año 2000”, explica el profesor Ernesto Navarro,  quien añade que “hay fenómenos, como la incorporación de públicos más adultos y la incorporación de más mujeres en la producción de cómic con temas femeninos y reivindicativos”.

La capital aragonesa cuenta con un Ciclo Formativo de Grado Superior de Cómic desde hace un año

Todo esto sin olvidar que también hay un público que nació y creció con los cómics de Bruguera, Asterix o Tintin, entre otros. Velázquez afirma que “este tipo de público ha vuelto porque hay otra oferta de cómic, este tipo de lectores lo dejaron en una época y ahora han vuelto. Hay un tipo de cómic que no está tan encasillado, sino que gana premios”, como el Premio Nacional del Cómic que lleva celebrándose desde el año 2007.

También cabe mencionar la influencia de la industria cinematográfica en el cómic. “Grandes productoras de cine han apostado por realizar proyectos que tienen que ver con el arte secuencial, sobre todo `para los Estados Unidos, y el público adolescente de aquí, a través de las historietas de superhéroes de toda la vida, dando origen a sagas como Los Vengadores”,  señala Velázquez. Sin embargo, añade que también hay cine que bebe de otro tipo de cómic, como “Rosalie Blum, El gato del rabino, Arrugas, Persépolis, se están buscando guiones que poder trasladar al cine y no solo en películas de superhéroes, sino en películas más alternativas con otro tipo de público”.

Pero existe un problema de fondo, y es que a pesar del desarrollo de nuevos géneros, públicos y formatos, “hay muy pocas editoriales y todavía un público bastante permeable”, comenta Velázquez.  Además,  Navarro continúa diciendo que “en España en general se publica mucho, quizá hacen falta más lectores y mayores tiradas. El cómic pasa por un momento floreciente, pero todavía son pocos los que pueden vivir exclusivamente de ello”.

Alumnos y relevo generacional

Todo el mundo ha tenido un primer amor en el mundo de la ficción, como en el cine o las novelas, y los cómics no son una excepción. Velázquez cuenta que se inició en las historietas, como muchos, con “Tintín y Astérix y luego tirando más para la adolescencia, la revista El Cairo, que se publicaba más en los años 90 y traía mucho cómic francés y europeo”. Navarro cuenta que solía pasar de viñeta a viñeta junto a “Roberto Alcázar y Pedrín. Y más adelante las revistas de Bruguera y Pulgarcito, Mortadelo nunca me hizo mucho tilín, era más de Zipi Zape y de Sacarino. Y cuando ya era adolescente, el cómic de ciencia ficción”, subraya.

La respuesta de sus alumnos en el Grado Superior de Cómic, como es de esperar, ha diferido un poco de los ejemplos de sus docentes. Varios de ellos han querido compartir qué despertó su interés en el arte secuencial.

La estudiante Léa Teméz cuenta que “no fue un cómic en concreto, sino las revistas de cómic belgas de mi primo que leíamos los dos”, y más adelante le influenció bastante el manga, sobre todo la serie Monster, de Naoki Urasawa, un thriller de crimen y misterio para adultos. Y otros, como Héctor Cisneros empezó, no con las viñetas en papel, sino con su descendiente, la animación, “la primera serie que vi basada en un manga fue Naruto, la cual despertó mi interés por este tipo de cómic y, posteriormente, me hizo buscar otros referentes como Inio Asano y Hideki Anno, autores de Solanin y Evangelion, respectivamente, señala este alumno.

Del mismo modo, Verónica Díez, compañera de grado, se inició “principalmente motivada por series de animación como Black Butler de Yana Toboso. Me metí en este ciclo porque salí de animación y como acababan de iniciar el grado de Cómic, decidí meterme aquí, porque se aprende a dibujar y narrar historias”.

A pesar de sus diversas aproximaciones a la materia del cómic, todos comparten un interés y buscan especializar sus conocimientos. Según Héctor, “dependiendo de cómo me vea al acabar este ciclo me gustaría entrar en el mundo laboral del cómic. Pero si veo que no he madurado lo suficiente como artista, comenzaría ilustración y a la vez iría sacando proyectos”. Su compañera Léa coincide en lo mismo y añade que “tal vez en un futuro próximo me marche a Francia y acuda a otras escuelas de arte para abrirme nuevos caminos, aunque mi objetivo sea el cómic, e ir viendo sus salidas profesionales”.

Para muchos de estos jóvenes, y los que vendrán, esta solo es la primera viñeta de una larga secuencia de proyectos. Y tal y como ha dicho Verónica, a pesar de que los comienzos no son sencillos, “este primer año ha sido una buena toma de contacto” en este recién estrenado ciclo.

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