Eugenio Calleja / Experto Sociolaboral y Técnico en Prevención de Riesgos Laborales

La ciudad presente

Eugenio Calleja Martínez

Aquel conglomerado de edificios modernos y de ubicadas calles con árboles, plantas artificiales y cámaras que registran los rostros de los ciudadanos que transitan, nos trasladaba más hacia la ciudad del futuro; sin embargo, la realidad era muy tozuda y el trajinar de sus gentes delataba – con meridiana claridad – que la ciudad ya vivía en la mezcolanza de razas y habían sido superados – no solo las reflexiones – los aspectos xenófobos y discriminatorios en el devenir diario.

En la ciudad presente circulaban toda clase de artilugios: coches, bicicletas, motos, patinetes…, para contribuir a la movilidad sostenible. Eran los exponentes de la capacidad del hombre para adaptarse a los nuevos tiempos y conseguir una movilidad no contaminante, aunque el coche todavía no era autónomo al cien por cien, ¿costará tiempo?

No solo, por sus carreteras y aceras, circulaban los humanos motorizados; también la ciudad vivía un incremento considerable de la circulación aérea. El cielo de la ciudad brindaba un espectáculo único a primera hora de la mañana – de cada día – con una gran fluidez del nuevo sistema del transporte aéreo: los drones que desarrollaban múltiples tareas, entre otras el transporte de comida (aunque se observaba una mayor adaptación en las viviendas de la nueva generación de las impresoras 3D, que elaboran los nuevos alimentos).

También se comenzaban a ver, con mayor frecuencia, los nuevos taxis – drones; aunque las mejoras de las infrastructuras de la ciudad contemplaba el tranvía, túneles aéreos y subterráneos, para agilizar la intercomunicación de los pocos centros de producción (la vivienda había avanzando como lugar de trabajo) con la ciudad y los lugares de ocio.

Vivíamos una ciudad presente que había mejorado considerablemente la eficacia de la recogida de los desperdicios de todo tipo y los avances, en el reciclaje de plástico, vislumbraba una gran mejora para acercarse a erradicar el impacto negativo en la cadena alimenticia.

En la ciudad presente, los gobernantes no conseguían avanzar en la consecución de un poco de felicidad para el hombre; aunque los medios técnicos y científicos servían para, cubrir y satisfacer las necesidades básicas y, evitar revueltas y manifestaciones de protesta. La ciudadanía no confiaba en la democracia ni en sus representantes. Era tal la magnitud del deterioro institucional que el presente diseñaba un futuro pesimista….

El discurso no había cambiado en los últimos cuarenta años. Era el mismo que se predicaba en el año 2000 y estamos en el año 2040….

La ciudad del futuro está aquí…. Para respirar en la ciudad – desde hace tiempo – han creados espacios (naves) cerrados, con grandes ventiladores que producen oxigeno y aire, bajo el pretexto que es bueno para los pulmones. Para entrar a respirar hay que pagar.

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