La mitología grecorromana se da cita en el CaixaForum de Zaragoza

La colección puede visitarse hasta el 25 de agosto

Los mitos son la forma de contar las hazañas de los dioses. Unas divinidades que no solo rigen el destino de los hombres, sino que bajan a la tierra e interactúan con ellos, dando origen a complejos mitos que entrelazan historias de los héroes o semidioses. “Arte y mito. Los dioses del Prado” surge de la alianza entre el Museo Nacional del Prado y la Caixa ofreciendo en la ciudad de Zaragoza una amplia mirada sobre la mitología clásica y su representación a lo largo de la historia del arte. Lo hace a través de pinturas, esculturas y objetos fechados entre los siglos I a.C. y finales del XVIII.

Se trata de una propuesta diacrónica que parte de 50 obras de las colecciones del museo con nombres esenciales de la historia del arte como Rubens, Ribera o Zurbarán, entre otros. Una nueva forma de conocer la mitología clásica que a lo largo de la historia ha sido una constante fuente de inspiración para numerosos artistas. Unas fabulosas narraciones que quedaron recogidas en cerámicas, bloques de mármol, medallas, tablas y lienzos como los que componen la exposición.

La coordinadora de Conservación del Museo Nacional del Prado, Karina Marotta, ha alabado el hecho de que tres exposiciones que califica de tesis, refiriéndose a “Los objetos hablan”, “Goya y a Corte” y esta última, la relativa a la mitología, hayan estado en el CaixaForum de Zaragoza. Un tema, este último, que ha dicho estar muy presente hoy en día, “es un intento del ser humano de expresarse”, ha añadido Marotta.

“Con esta exposición en estos casi años ya han venido tres muestras del Prado a Zaragoza convirtiéndola en la institución que más ha traído, todas ellas de las más visitadas”, ha alabado el director de CaixaForum Zaragoza, Ricardo Alfós.

El jefe de Contenidos Didácticos del Museo Nacional del Prado y comisario de la exposición, Fernando Pérez Suescun, ha detallado que se trata de una exposición que surge “con el objetivo de ser didáctica ya que parte de unas visitas dinamizadas que se hacían en el Prado y nos pareció oportuno plantearlo aquí”. “Una exposición así permite investigar en nuestro propio archivo, algunas de las piezas forman parte de la colección permanente, otras pertenecen a otras instituciones y otras no se habían visto hasta ahora”, ha añadido el comisario.

Se trata de una propuesta diacrónica que parte de 50 obras de las colecciones del Museo del Prado

La directora de Exposiciones de Arte de la Fundación Bancaria la Caixa, Isabel Salgado, ha reconocido que Zaragoza “siempre ha estado muy presente en los acuerdos entre el Museo Nacional del Prado y la Caixa y ahora se ofrece un tema que va de lleno al currículo de las escuelas y que siempre ha estado muy presente”, refiriéndose a la mitología. Un elemento que ha calificado de “fundamental” en la cultura europea. “Está muy presente en el S.XX y en la contemporaneidad”, ha concluido.

Este conjunto artístico se articula en ocho secciones de carácter temático y ofrece, simultáneamente, distintas representaciones de dioses y variadas interpretaciones de un mismo episodio mitológico, haciendo posible apreciar al mismo tiempo la riqueza iconográfica, geográfica y cronológica.

Ámbitos de la exposición

El recorrido arranca con “Una historia que contar”. Gracias a los mitos, griegos y romanos pudieron ofrecer una interpretación sobre el origen del mundo y sobre distintos fenómenos de la naturaleza y del universo. Surgieron así infinidad de divinidades que personificaban montañas, fuentes, ríos… Dioses y semidioses, eso sí, siempre con apariencia humana salvo en el caso de los monstruos, dejaron junto a los héroes, una huella perenne en el curso del mundo como protagonistas de sucesos ejemplares con un componente simbólico esencial.

En un primer momento, los mitos fueron narraciones no escritas que iban transmitiéndose de forma oral y modificándose paulatinamente con nuevos añadidos. Homero y Hesíodo, en el siglo VIII a.C., fueron los primeros en poner por escrito esas historias. Pero no se podrían conocer y entender los mitos clásicos sin las aportaciones de otros autores posteriores.El acercamiento a los mitos clásicos presenta un importante obstáculo: la terminología.

Los dioses del Olimpo

El monte Olimpo era el lugar donde tenían su morada los principales dioses griegos, los denominados dioses olímpicos. A la cabeza de todos ellos estaba Zeus, que, tras derrocar a su padre, Cronos, se había repartido el dominio del mundo con sus hermanos varones: a él le correspondieron los cielos, a Poseidón los mares y a Hades el inframundo. Teóricamente, los tres dioses tenían el mismo poder, pero Zeus fue considerado como la divinidad suprema del Olimpo y, por lo tanto, del panteón griego, y también del romano, en el que fue asimilado a Júpiter.

Nombres esenciales de la historia del arte como Rubens, Ribera o Zurbarán forman parte de la muestra

Zeus contrajo varios matrimonios y tuvo innumerables aventuras con distintas diosas, ninfas, mujeres mortales e, incluso, algún joven efebo. De esas relaciones nacieron algunos de los principales dioses del Olimpo, otras divinidades menores y, también, destacados héroes, como Perseo y -eracles, entre otros.

Con la oceánide Metis concibió a Atenea, diosa de la guerra, pero también de la sabiduría, de la música y de la artesanía. De la relación de Zeus con Leto nacieron Artemisa y Apolo, diosa de la caza y dios de la luz, la belleza, la poesía y la música, respectivamente. Con su hermana Deméter engendró a Perséfone, que fue raptada y transportada al inframundo por su tío Hades. De su matrimonio con Hera, también hermana suya, nacieron llitía, protectora de las parturientas; Hebe, personificación de la juventud, y Ares, dios de la guerra. Con la pléyade Maya tuvo a Hermes, el mensajero de los dioses, y con la mortal Sémele a Dioniso, dios del vino y la fiesta.

Espíritus libres

Los dioses clásicos aparecen en los mitos acompañados de todo tipo de seres y personajes, de los que se sirven para satisfacer sus necesidades o apetitos carnales, y a los que también hacen partícipes de sus fiestas y celebraciones.

Entre estos personajes, cabe destacar a las ninfas, deidades menores de la naturaleza que habitaban en los bosques, las cuevas y las aguas, elementos con los que llegaban a identificarse, al encarnar su energía vital.

Las musas, engendradas por Urano y Gea, o bien por Zeus y la titánide Mnemósine, vivían en el Olimpo, donde cantaban y danzaban en las grandes fiestas de los dioses. Aparecían asociadas a Apolo, dios de las artes, y ellas mismas, de forma individual o colectiva, eran consideradas como inspiradoras de artistas.

Las tres cárites eran hijas de Zeus y de la oceánide Eurínome. Integrantes del séquito de Apolo, a veces también acompañaban a Afrodita, Atenea, Eros o Dioniso. Simbolizaban la afabilidad, la simpatía y la delicadeza, y se asociaban con el amor, la belleza, la sexualidad y la fertilidad, como fuerzas generadoras de vida.

“Arte y mito. Los dioses del Prado” ofrece una amplia mirada sobre la mitología clásica

Amor, deseo y pasión

El amor es la energía que mueve el mundo. Es un sentimiento, un estado de ánimo, una ilusión y una pasión. Pero también es un dios: Eros o Cupido. Aunque no está muy claro cuál es su origen, siempre se ha representado como un niño alado que se divierte jugando con los corazones de dioses y mortales, a quienes inflama con su antorcha o hiere con sus flechas. Las de oro provocan amor; las de plomo, en cambio, odio. Igual que los hombres y las mujeres, los dioses también sufrían enamoramientos repentinos, auténticos flechazos. Es lo que sintió Dioniso al encontrar en Naxos a Ariadna, que había sido abandonada por Teseo, o Hermes al ver a Herse cuando sobrevolaba la ciudad de Atenas.

El caso de Narciso es singular, ya que se enamoró de su propia imagen reflejada en el agua. Contemplando ese reflejo, se fue consumiendo de amor hasta la muerte, metamorfoseándose posteriormente en la flor que lleva su nombre.

Faltas y castigos

La violencia es inherente al ser humano, y los dioses grecorromanos, que adquirieron apariencia humana e interactuaron con los hombres, no escaparon a ese principio general. Por eso los mitos clásicos están plagados de pugnas y disputas entre distintas divinidades. Estas luchas fratricidas dieron lugar a dos grandes enfrentamientos en los que participaron numerosas divinidades: la Titanomaquia y la Gigantomaquia. Luchas que fueron vistas como un símbolo del conflicto existente entre el caos y el orden.

Los castigos que los dioses del Olimpo imponían podían tener un carácter indefinido, eterno. Es el caso de las famosas furias, que sufrían tormentos que se repetían una y otra vez: Ticio, cuyo hígado devoraba cada día un ave rapaz; Tántalo, castigado a sufrir sed y hambre eternas; Sísifo, condenado a mover permanentemente una enorme roca, e Ixión, obligado a dar vueltas sin fin en una rueda.

Mantener relaciones en el interior de los templos constituía una grave muestra de impiedad que los dioses sancionaban de forma contundente. Así le ocurrió al sacerdote troyano Laocoont, también a Hipómenes y Atalanta. Este recurso a la metamorfosis, a la transformación, fue muy empleado por los dioses como castigo.

El recorrido de la muestra se articula en ocho secciones de carácter temático

Metamorfosis divinas y humanas

Metamorfosis es sinónimo de transformación, de engaño y de falsas apariencias. Los principales dioses grecorromanos tenían una extraordinaria capacidad para alterar su aspecto físico y adquirir una nueva identidad. De ese modo alcanzaban sus objetivos, relacionados en la mayor parte de las ocasiones con el placer carnal.

Aunque su hermano Poseidón no le fue en zaga, se transformó en caballo y en carnero para unirse a Deméter y a Teófane, respectivamente, fue Zeus quien más a menudo usó esa argucia para satisfacer sus instintos más básicos, y a él se dedica esta sección casi de forma exclusiva.

A menudo, la metamorfosis resultaba una solución para evitar el acoso de un dios, y a ella recurrieron varias ninfas, como Dafne, transformada en laurel para escapar de Apolo, o Siringa, convertida en unas cañas para evitar la persecución del dios Pan.

Héroes

Junto a los dioses y semidioses, los héroes jugaron un papel fundamental en los mitos clásicos. Podían ser hijos de un dios y una mortal, o de una diosa y un mortal; pero también hubo héroes que eran hijos de dos simples mortales. De ellos nos quedan sus hazañas, con las que alcanzaron fama y gloria.

Aquiles, “el de los pies ligeros”, es el protagonista indiscutible de la Ilíada. También Perseo, hijo de Zeus y Dánae. Hércules es el héroe clásico por excelencia, que encarna cualidades y virtudes que se consideran míticas y modélicas. Hijo de Zeus y Alcmena, sufrió las consecuencias de la ira de Hera, quien le provocó un acceso de locura durante el cual dio muerte a sus hijos. Como castigo, tuvo que realizar los legendarios doce trabajos de Hércules, con los que obtuvo fama y reconocimiento universal, logrando alcanzar la inmortalidad y ascender al Olimpo de los dioses.

La guerra de Troya

La guerra de Troya es el gran enfrentamiento entre griegos y troyanos, pero en ella también intervinieron de forma activa y decisiva muchos dioses que, por distintas razones, decidieron apoyar a uno u otro bando.

Todo empezó con una manzana de oro para “la más bella”. Para resolver tal disputa, Júpiter eligió como juez a Paris, un joven pastor troyano que debía entregar la manzana a quien considerase que era la diosa más bella. La mujer más bella del mundo resultó ser Helena, esposa del rey Menelao de Esparta. Paris la raptó, o ambos huyeron juntos rumbo a Troya, por lo que los griegos se conjuraron para rescatarla.

El enfrentamiento entre aqueos y troyanos se prolongó durante muchos años, sin que la victoria se decantase por uno u otro bando, y mientras tanto ambas facciones iban perdiendo a algunos de sus principales guerreros. Finalmente, los griegos decidieron fingir su retirada y abandonar en las playas de Troya un gran caballo de madera, en cuyo interior se escondían varios de sus mejores soldados, encabezados por Odiseo. Creyendo que era una ofrenda a los dioses, los troyanos introdujeron el caballo en la ciudad; de ese modo, los griegos lograron apoderarse de Troya, que fue saqueada y quedó destruida por un gran incendio.

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