J.C. Fuertes Rocañín: “Metemos en la cárcel a los agresores sexuales sin tener en cuenta las causas”

José Carlos Fuertes Rocañín es vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses (Saplycf)

La Sociedad de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses (Saplycf) organiza este fin de semana su III Simposio y IV Foro de Debate junto con Salud Mental Sector Teruel y el Grupo de Estudios Penales de la Universidad de Zaragoza.

Unos simposios que tienen carácter rotatorio por el territorio aragonés y que, en esta ocasión, recaen en la capital turolense, ciudad de los amantes. Precisamente, el amor, sus patologías y los delitos a los que puede derivar son los temas que abordarán psiquiatras y juristas en distintas meses y conferencias.

El médico psiquiatra y vicepresidente de Saplycf, José Carlos Fuertes Rocañín, será uno de los encargados de participar en una de las mesas. Para Rocañín, el amor se convierte en un problema mental “cuando se pierde la libertad”. Una situación que si no se controla o detecta a tiempo lleva “a las salvajadas que a veces vemos” en las que, usando el amor como excusa, se acaba incurriendo en un delito como puede ser una agresión sexual.

Precisamente, el psiquiatra aragonés cree que las actuales leyes sobre violencia de género “no van a la raíz del problema”. En este sentido, apunta que no tiene sentido aumentar las penas de cárcel de este tipo de delitos si antes no se tiene en cuenta las causas que lo originan.

Por ello, el doctor pide, aparte de diferenciar los distintos tipos de agresores sexuales, una mayor presencia de médicos de prisiones y psiquiatras penitenciarios que ayuden de verdad a estas personas. De lo contrario, asegura, “lo único que hacemos es apartar el problema en prisión y, al cabo de unos años, salen y seguimos igual”.

Pregunta.- Este viernes arranca la tercera edición de los simposios de Saplycf, que, además, son rotatorios. Este año toca Teruel, ciudad de los amantes, e imagino que algo ha influido para elegir la temática de esta edición…
Respuesta.- Exacto, como Teruel es la ciudad del amor, este año se ha elegido como tema “Pasión, patología y delito”. En este simposio vamos a ver en qué problemas psíquicos o psiquiátricos pueden acabar la pasión, el enamoramiento o el amor, hasta el punto incluso de llegar a cometer delitos.

Durante un día y medio llevaremos a cabo una discusión y abordaje variado, relacionando el derecho y la medicina, que muchas veces ese es el problema, que no nos ponemos de acuerdo, porque puede que nuestros criterios sean menos rígidos que en el derecho.

Hay más de 120 inscritos, una cifra récord. Y el simposio de este año lo preside el doctor Carlos Iglesias Echegoyen, junto con el doctor Javier Oncins Mur, ambos del Salud Mental Sector Teruel. Ellos dos han llevado todo el peso, bajo los auspicios de Saplycf y del Grupo de Estudios Penales de la Universidad de Zaragoza, que siempre colabora con nosotros, con la ayuda del profesor Miguel Ángel Boldova, catedrático de Derecho Penal.

Un programa muy denso y compacto con doctores, juristas… Creemos que va ser un simposio muy productivo.

Este viernes arranca la tercera edición de los simposios de Saplycf

P.- ¿Cuándo se convierte el amor en un problema para la salud mental?
R.- Cuando se pierde la libertad. Cuando el sujeto pierde la libertad frente a su conducta, su enamoramiento, a su objeto de deseo. En el momento en el que ya no lo controlo, soy un esclavo, tenemos un problema.

P.- ¿Cómo identificarlo o detectarlo a tiempo?
R.- Lo van a detectar antes los demás que el propio sujeto. Casi siempre, en este tipo de problemas, suele ser el entorno el que dice: “Ojo, te estás pasando”, “Ten cuidado”… Los familiares, el cónyuge, los amigos, conocidos son los que te ven cambiar, los que te ven raro. Muchas veces la percepción de que uno mismo está mal no se tiene, lo único que ve es esa deformación que viene de su pasión amorosa y que cree que esa persona es suya, que no la puede mirar nadie, que tiene derecho sobre ella. Todo eso es a lo que llamamos celos, pasión amorosa y es capaz de producir las salvajadas que a veces vemos, usando el amor como excusa, y que acaban en un delito.

P.- En una de las mesas del simposio usted hablará sobre la posibilidad de la rehabilitación médica de los delincuentes sexuales. ¿Lo cree así?
R.- No. Lo primero de todo es ser conscientes de que no se pueden meter a todos los delincuentes sexuales en el mismo saco. No es lo mismo un pederasta, un agresor sexual “light” o un exhibicionista… Pero el agresor sexual que entendemos importante, como el violador o el pederasta, es una persona de difícil recuperación porque tiene unas patologías que son alteraciones en el control de los impulsos. Eso le lleva a ejecutar barbaridades, bestialidades y actos delictivos, pero que son difícilmente controlables, muy difícil, de ahí viene el problema.

Le digo que no, pero también le digo que sí. Hay estudios y datos en los que se ven que, si se hacen un tratamiento voluntario, la persona quiere, está muy animada, etc., se consiguen unas recurrencias importantes y muy pocos de los delincuentes sexuales de ese trabajo reinciden. Pero ¿qué ocurre? Que en líneas generales cuando se contrastan con otros datos no es así, porque hay que medir muy bien de qué tipo de delincuente estamos hablando, ya que cada uno tiene un pronóstico diferente.

Todo esto nos lleva a otro gravísimo problema que es la situación de las prisiones. Los funcionarios no pueden más. No hay médicos de prisiones, no hay psiquiátricos penitenciarios… En España sólo hay dos hospitales psiquiátricos penitenciarios, en Fontcalent (Alicante) y Sevilla, y están saturados. Por tanto, cuando hablamos de rehabilitación de los delincuentes sexuales, ¿es posible? Teóricamente sí. ¿Tenemos medios? No los ponemos. ¿Hay interés por parte de la sociedad? No. Lo único que hacemos es apartar el problema (al delincuente) y recluirlo en prisión. Se deja allí y al cabo de tiempo sale y estamos igual.

P.- Teniendo todo esto en cuenta, ¿considera que las leyes de violencia de género actuales son las más adecuadas?
R.– No. Y a veces son inadecuadas. ¿Por qué? Porque no van a la raíz del problema. Lo que no se puede hacer es pretender aumentar solo las penas de un hecho delictivo, como una agresión sexual, sin tener en cuenta los factores causales de la misma. No se puede hacer tabla rasa, porque hay muchos tipos de delitos sexuales y para eso están en la norma los equipos de valoración forense. Pero, ¿qué ocurre cuando hablas con los forenses? Te dicen que no tienen posibilidades de hacerlo. Apenas se lleva a efecto una valoración forense urgente porque los jueces no la solicitan o a veces no está implementado el servicio, por ejemplo, con turnos de guardia… Por tanto, nos encontramos con que cosas que se podían hacer mucho más operativas, no se hacen. Nos hemos limitado a protestar en la calle; a decir que esto es una barbaridad; a gritar que contra la violación, castración, y ya está. Y con eso nos quedamos contentos. Los metemos en la cárcel 12 años, pero salen peor de lo que han entrado, porque aprenden conductas delictivas que no tenían y nos encontramos con un problema aumentado. Con lo cual, es un caos, un desastre.

P.- Una de las luchas desde Saplycf ha sido la regulación del tratamiento ambulatorio involuntario del enfermo mental. Para aquellos que no sepan qué es, ¿puede explicarnos en qué consiste?
R.- Se trata de que una persona que tiene una enfermedad mental grave, que requiere un tratamiento importante, se le pueda poner. Como no tienen conciencia de que están enfermos, hay que imponer el tratamiento. ¿Qué pasa? Que no tenemos ninguna norma al respecto, salvo cuando se comete un delito, que entonces un juez si puede ordenar que en lugar de a la prisión vaya a un hospital psiquiátrico y se queda allí varios años tratado.

Pero, ¿qué pasa cuando un enfermo sale del hospital porque ya ha acabado sus 15 días de ingreso, está mejor, pero a las dos o tres semanas deja la medicación? Pues que recae, y esa persona que estaba bien empieza a estar mal y requiere un nuevo ingreso o puede darse el caso de que se haga daño a sí mismo, a otros o incurrir en un acto delictivo.

Rocañín cree que las actuales leyes sobre violencia de género no van a la raíz del problema

P.- En algunos países está regulado, ¿cómo está la situación en España?
R.- Ahí es donde estamos luchando. Se trata de reglar, normativizar, poner en un papel las condiciones que hay que tener para que un juez pueda ordenar que una persona, sin cometer delitos, pueda ser obligada a tratarse. Es verdad que se puede conseguir retorciendo alguna norma ya existente pero, en el fondo, es un absurdo. Lo que hay que hacer es ponerlo claro, que exista un médico forense que valore, el fiscal que le proteja, y el juez el que decida. Se está haciendo chapuceramente, aplicando alguna forma de urgencia, a través de la Ley de Autonomía del Enfermo…

Pero, igual que podemos ingresas a alguien en contra de su voluntad mediante el artículo 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, se podría poner un epígrafe o añadir un artículo nuevo que regule que cuando una persona esté en tratamiento y con la supervisión de los médicos, informes, el control del forense, etc., con todas las garantías, pueda ser obligado a tratarse, de tal manera que existan unos servicios de urgencia que estén respaldados para ello, y que los jueces también lo estén para tomar esa decisión. Pero todavía no lo hemos conseguido.

P.- ¿Qué protocolo se tiene que seguir cuando alguien sospecha que en el entorno familiar o laboral se tiene a un enfermo mental?
R.- Cuando se sospecha, lo primero que hay que hacer es informarse. ¿Quién nos debe informar? El médico de familia es el que nos va a dar la primera pista. Hay que tener en cuenta que el 30% de los tratamientos psiquiátricos los hacen los médicos de atención primaria, que solo derivan a Psiquiatría el 5%, con lo cual, los datos son muy contundentes. El médico de familia es el elemento nuclear. Si sospecho que tengo un familiar, amigo, conocido, pareja que es un posible enfermo mental, sobre todo si veo conductas extrañas, que se salen de la “típica” depresión, ansiedad, y veo conductas en las que la persona duda de lo que está viviendo, etc., tengo que buscar asesoramiento y el más fiable es el médico de familia, no el Doctor Google ni el comentario de un amigo. Voy al médico y me dirá qué camino debo seguir, que será derivarlo a salud mental, y allí el psiquiatra, el psicólogo y el trabajador social le van a ayudar y decidirán si incapacitar al paciente, darle un tratamiento más intensivo, si requiere vigilancia, internamiento, unidades de día… Hay muchas posibilidades terapéuticas, no estamos en la Psiquiatría de principios del siglo XX, aunque algunos tienen esa forma de verlo.

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