Paquita Morata: “Es fundamental crear una red de apoyo para evitar que los mayores mueran solos”

A finales de marzo, la Asociación Aragonesa para la Dependencia (Arade), celebró su Asamblea Anual. Sus más de 70 socios debatieron sobre los retos del sector, que no son pocos y, entre ellos, dos lacras: el maltrato a las personas mayores y la soledad en la 3ª edad.

A finales de marzo, la Asociación Aragonesa para la Dependencia (Arade), celebró su Asamblea Anual. Sus más de 70 socios debatieron sobre los retos del sector, que no son pocos y, entre ellos, dos lacras: el maltrato a las personas mayores y la soledad en la 3ª edad.

Aunque afortunadamente los episodios de malos tratos son casos aislados, se producen, y la soledad es cada vez un problema más extendido. Quizá ha cambiado la manera en que la sociedad ve a los mayores, quizá el ritmo frenético de la vida impide que los jóvenes y adultos se den cuenta de que abandonan, pero que ellos también envejecerán y se verán donde ahora evitan mirar.

La gerente de Arade, Paquita Morata, lamenta que sea de esta manera y cuenta en Aragón Press la situación actual de la Dependencia en Aragón que sufre, como en el resto de España, la falta de recursos.

Es un sector dinámico, que crea 2.000 puestos de trabajo directos y 4.000 indirectos entre residencias, centros de día, ayuda a domicilio y teleasistencia. El 95% de los trabajadores son mujeres. Arade ofrece asistencia a 5.263 personas a día de hoy y hasta 30.000 aragoneses disfrutan de la Ley de Dependencia. En año y medio, ha llegado a asegurar el Gobierno de Aragón, podría acabarse con las listas de espera para recibir la ayuda.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son las conclusiones del balance anual celebrado en marzo?
RESPUESTA.- Positivas. Sobre todo porque nuestro lema es que “la unión nos hace más fuertes” y eso lo vemos cada vez que nos reunimos en la asamblea. Para nosotros es más importante la calidad que la cantidad. Queremos dar un buen servicio a nuestros asociados y ayudarles en la gestión, pero con el fin principal de que las personas mayores estén atendidas con una calidad y profesionalidad óptimas. Vamos creciendo, pero lo importante es ir dando formación a lo largo del año para mejorar en todo lo posible esa gestión.

P.- ¿Es la dependencia hoy un sector fuerte en Aragón?
R.- Sí, lo es. Lo que ocurre es que se necesita más implicación por parte de la Administración. Hay que tener en cuenta que uno de los principales retos a los que nos enfrentamos es el envejecimiento de la población. Aragón está, cada vez, más envejecido y eso supone que cada vez va a haber más gente dependiente. Debería haber un pacto a nivel estatal de todos los partidos para que se cumpla la Ley – una ley que lleva ya doce años – y se dé el soporte económico suficiente. La mayoría de países europeos aportan un 2% de su PIB a dependencia y en España apenas se llega al 0,5%… No hay derecho para que en la actualidad haya todavía tanta gente que fallece sin recibir ningún tipo de ayuda.

P.- De hecho, según datos del Observatorio para la Dependencia, Aragón dejó de percibir 15,5 millones de la Ley de Dependencia solo en 2018. Desde 2012, superaría los 100.000 millones. ¿En cuánto se cifra el “esfuerzo” que ha tenido que hacer la Comunidad Autónoma de Aragón para mantener este servicio?
R.- La Comunidad Autónoma acaba aportando más del 70% y el Gobierno Central oscila entre el 16 y el 18%. Y eso que la Ley indica que cada parte asume el 50%. Con lo cual, por mucho que los gobiernos autonómicos quieran ayudar, es complicado. Como digo, se debería hacer un Pacto de Estado en este aspecto. Desde nuestra patronal nacional, el Círculo Empresarial de Atención a las Personas (Ceaps), hemos detectado que la falta de inversión es una realidad común a todas las Comunidades.

P.- Los PGE de este año, que no salieron adelante, iban a incrementar el gasto en Dependencia en un 60%.
R.- Claro, por eso decía que este ya no es un tema ni de izquierdas ni de derechas ni de centro. Existe una ley, es un derecho del ciudadano y no se está cumpliendo. Hay gente que está falleciendo sin que se le dé ese derecho y es muy triste llegar a determinada edad, tener tus limitaciones, y no tener la calidad de vida que deberías de tener por culpa de que la Administración no cumple.

MALTRATO EN RESIDENCIAS

P.- Recientemente, hemos visto en televisión imágenes de la residencia madrileña Los Nogales donde tres trabajadores maltrataban e insultaban a unos mayores a su cargo. La Dirección del centro estaba al tanto del comportamiento problemático de estos trabajadores pero no intervino. ¿Cómo puede ser que no se realicen inspecciones periódicas para vigilar estas actuaciones?
R.- Los centros de mayores en general están muy inspeccionados, al menos en Aragón. Cuando salta algo a la opinión pública, no os podéis imaginar cómo se siente la gente que trabaja en el sector. Ven las imágenes y se sienten fatal porque dicen “jo, la gente va a pensar que se está trabajando así, que es lo habitual”, cuando debiera ser la excepción, pero muy excepción. Evidentemente en todos los sectores hay buenas y malas personas y lo que hay que poner son los mecanismos para que temas de este tipo se atajen.

También tengo que ponerme un poco a favor del empresario, porque hay veces que es muy complicado tener todo controlado. Además, por cuestiones de privacidad, no puedes tener cámaras en las habitaciones. Y ya no es solo una cuestión de inspección; desde nuestro convenio colectivo estamos trabajando para que el maltrato al mayor sea algo impensable. Pero claro, la maldad, por desgracia, existe. Es lógico que todos nos horroricemos, porque dices “¿pero cómo puede ser que haya gente con tanta maldad que traten así a personas que, realmente, tú tienes que ser sus manos, sus ojos, su boca?”. Es que nadie que tenga un poco de ética y de moral lo puede entender.

P.- La gente cuestionó la profesionalidad de estos trabajadores. Sin embargo, para Arade formar a sus empleados es prioritario y se dedicaron más de 3.500 horas a ello en 2018. ¿Qué cualidades debe albergar un buen cuidador?
R.- Este es un sector complicado; a veces, no es solamente cuestión de formación, sino de vocación. Y es como si tú pones a cuidar niños a una persona que no le gustan los niños. Es imposible. Pues ocurre un poco lo mismo. La formación también ayuda a que esa vocación pueda ir surgiendo y evitar así riesgos psicosociales por parte del trabajador. Nosotros siempre decimos que hay que cuidar al cuidador, defendemos la atención centrada en la persona, la importancia del liderazgo de la gente que gestiona los centros, que al final son equipos multidisciplinares y todos son igual de importantes. De hecho, yo diría que el gerocultor es el más importante porque es el que está en el día a día con la persona mayor y sabe qué es lo que va pasando. Entonces, en ese aspecto, entendemos que la formación es vital; no hay nada peor que pensar que uno lo sabe todo.

A veces, cuando uno es joven, lo ves como algo lejano, pero la vida pasa muy rápido y te das cuenta de la importancia que tiene llegar a esa edad estando bien cuidado y trabajar por el envejecimiento activo. Que la gente no se quede sentada en un sillón viendo televisión, porque hay muchas actividades que se pueden hacer para mantener el cuerpo y la mente activa y con eso ayudamos también al sector sanitario ya que, cuanto mejor estemos, menos gasto también a nivel social.

ESTIGMA SOCIAL Y SOLEDAD DE LOS MAYORES

P.- Todos nos vamos a hacer mayores, es ley de vida, pero ¿existe un estigma social con los ancianos?
R.- Yo no sé si es un estigma social, pero sí que es verdad que la sociedad no es como antiguamente. Antes se entendía a la persona mayor como una persona con conocimiento que nos podía enseñar muchas cosas por su experiencia de vida. No sé por qué cuando entra una persona mayor hay veces que se le trata como si fuera un niño y en lugar de ser “D. José”, pasa a ser “aay abuelito” o “Pepito”… Es muy importante entender que la persona mayor, a pesar de su deterioro físico o cognitivo, es una persona que tiene su historia y tiene sus vivencias.

El respeto a la persona mayor se debe mejorar desde la escuela, porque si no la gente los ve como si ya no sirvieran para nada en esta sociedad. Y es todo lo contrario, nos pueden aportar muchísimas cosas. Máxime cuando Europa es cada vez más vieja; en nuestros centros hay cada vez más centenarios y gente que llega a los cien años físicamente bien. Eso es lo importante, dar calidad de vida y que se les respete.

P.- ¿Han detectado ustedes más casos de mayores en soledad últimamente?
R.- Sí. Es la gran lacra de esta sociedad. Por eso mismo hablamos de los recursos; ahora las entidades están luchando por unas pensiones dignas pero no es solo eso. Es importante tener toda una red de apoyo y que, allí donde no llegue la pensión, la Administración ponga los medios suficientes para que esa persona, mientras pueda estar en su casa, lo haga, con su ayuda a domicilio o con su teleasistencia; cuando esté más deteriorado, pueda ir a un centro de día que lo apoye en su envejecimiento activo; y, al final, pueda acudir a una residencia.

La red de apoyo es fundamental para que no nos encontremos con esa cantidad de gente que vive sola y que muere sola, como ocurrió hace unos días con una señora que llevaba fallecida cinco años en su piso de Madrid. Es muy duro. Puede ocurrir que los amigos de la persona mayor vayan falleciendo, o que su familia se desentienda, o directamente no la tenga, y por eso debemos estar detrás todos creando esa red.

P.- Casi 17.000 aragoneses trabajan a tiempo parcial para poder cuidar a sus familias, en su mayoría, mujeres. Es una tendencia al alza producida por la ausencia de conciliación laboral y, muchas veces, porque no tienen recursos económicos. ¿Qué solución hay para ellos?
R.- La misma de siempre. Es una pena pero es así, es una cuestión siempre económica. Si se cumple con la Ley de Dependencia, esto no debería de pasar. Porque si tú quieres seguir desarrollándote profesionalmente, tienes que tener, por parte de la Administración, una prestación que te garantice que tu padre o madre está bien cuidado en las horas que tú estás trabajando. Tiene que haber suficientes servicios como para que la gente pueda seguir trabajando.

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